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jueves, 17 de diciembre de 2015

Incentiva comunidad santiaguera a niños con requerimientos de educación especial


Incentiva comunidad santiaguera a niños con requerimientos de educación especialPor Israel Hernández Planas

Santiago de Cuba, 17 dic.— Llegar hasta esta escuela ubicada en lo que se conoce como Ducureaux, es dar un vuelco seguro al corazón. Es conocer de historias personales que hacen de los pequeños que aquí habitan, seres con demandas especiales en su vida. A algunos se les ve con una tristeza oculta por ausencias importantes y otros no reparan en las vicisitudes existenciales y viven como cualquier infante cada momento de esparcimiento.
Incentiva comunidad santiaguera a niños con requerimientos de educación especial“Me gusta bailar, cantar compartir en una fiesta con otros niños”, expresa Taila María Portuondo Silva, alumna del sexto grado.

Lo más seguro es que cuando conozca algunos de estos pequeños vea reflejada la historia personal de la profesora Carmela y su pupilo Chala, en el filme cubano Conducta. Es la historia de la fe en el mejoramiento humano y en la que el amor o la falta de este, en un niño, hace la diferencia de su futuro

Incentiva comunidad santiaguera a niños con requerimientos de educación especialPor eso no faltan las personas que intentan llevar a cada uno de estos alumnos la normalidad cotidiana de cualquier infante. Algunos, como los maestros y demás trabajadores de este centro, lo hacen por obligación pero a sabiendas de que es una tarea a la que hay que ponerle corazón y experiencia.

“El trabajo aquí es sumamente difícil pero gratificante cuando uno ve el desarrollo y la alegría de estos niños.

Recordemos que somos parte de su familia porque ellos viven en la escuela y somos nosotros los encargados de su educación en todos los sentidos. Hacemos el trabajo de la escuela, pero también el que corresponde a la familia en el hogar”, dice la Máster en Ciencias Yanelis Leyva Pérez, directora de este centro educacional.

Pero hay otras personas cuyo compromiso con estos pequeños parte de una vocación humanista y solidaria. Es el caso de miembros del Consejo Popular Vista Alegre que sistemáticamente planifican un encuentro como este con los educandos de la Alfredo Gómez. Destacan así los trabajadores de la Panadería Baraguá, de Rajayoga que han establecido un vínculo muy especial con estos niños. Desarrollan así una actividad cultural donde asisten niños de otras escuelas para regalar danzas y canciones a los pequeños de esta escuela especial. No falta tampoco el agasajo con golosinas, refrescos ni las iniciativas creadoras de los maestros que contribuyen con lecturas y juegos.

“Es una obligación que parte de lo sentimental. Son niños que necesitan afecto y que vean que el cariño y el respeto a los demás es la base de una vida buena. Muchos tienen hogares dispersos, rotos y otros simplemente son de carácter duro pero tras esa apariencia de indomables hay seres humanos necesitados de mucho amor, paciencia y comprensión”, alega Abel Oliva Milán, Presidente del Consejo Popular Vista Alegre.

De esta relación afectiva afloran no pocos momentos de felicidad para pequeños y trabajadores como puede ser un cumpleaños colectivo sino que también buscan fomentar en los niños el interés por un oficio tan antiguo como es el de panadero.

“No me da vergüenza decir que me eduqué en una escuela especial. Gracias a mis maestros y su empeño me hice panadero y hoy soy secretario sindical de la alimentaria. Por ello hay que darles muchas esperanzas a los niños, educarlos bien, hacerles ver que ellos pueden contribuir mucho a la sociedad”, expresa Silvano Figueroa, trabajador de la panadería Baraguá.

Por colectivos como este y la intención de un grupo de personas que existe la certeza de que ellos agradecen la atención especializada y el cariño que demandan. A fin de cuentas ya lo tienen bien interiorizado estos buenos santiagueros.

“Obramos bajo una máxima: salvando a los niños se salva el mundo”, sentencia Oliva Milán.

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