Plaza de la revolución

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viernes, 11 de diciembre de 2015

La felicidad el derecho humano de Dania


Dania Vázquez HernándezPor Rogelio Ramos Domínguez

Santiago de Cuba, 11 dic.— ¿Cómo es el mundo de un ciego?, si no ve a los perros atravesados en el medio de la sala, las moscas devorando un pastel allá donde el sol cruza la ventana y repica en mis ojos, en los ojos de esta mujer pequeña.

Me parece raro y mágico todo, ella lava en una Aurika y su esposo le ayuda, es ciega total, él ve tanto como para tostar maní, envasarlo en pequeños cucuruchos y salir en las noches por La Maya a vender, de eso viven en parte. La casita es modesta, no veo equipos flamantes, no hay siquiera mucha luz, solo los dos perros salchichas parecen mirarnos con fijeza.

Dania Vázquez Hernández me invita a pasar, me dice que no hay café y trae del cuarto la máquina de escribir en sistema Braille. Es un arma. Dania se jubiló por problemas con la cervical y me dice que le daban mareos y unido a la ceguera era muy complicado, ella entra a casa y su esposo sigue con el ronroneo de una lavadora aurika con las dos partes intactas, me pregunto si servirá la secadora. Desde el vecino entra música, han fumigado hace poco, el olor pesado casi me espanta, el ruido de los fumigadores vuelve a veces traído por el aire.

"Tengo una jubilación estoy casada", dice "mi esposo es cuentapropista, es de baja visión. Le pregunto por su máquina "es de sistema braille, me la dieron en la escuela especial en la Habana"

Trabajo

"Antes de jubilarme mi función era enseñar el método de lectura y escritura para ciegos y la promoción de libros, pero me faltaban las máquinas, los punzones, las hojas especiales, era difícil la enseñanza, allí solo había una máquina y era la que yo llevaba, no entran a Cuba por el bloqueo"

"Soy escritora para la Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales, (ANCI). Me desarrollo en el ámbito de la cultura y continúo trabajando para los ciegos, soy miembro del ejecutivo municipal y el consejo provincial de la ANCI.

¿La educación?

Como ciega, el estado se ocupó absolutamente de mis estudios, lo difícil es obtener los medios, los casetes, por ejemplo. Casi nunca había y teníamos que borrar y volver, si la máquina se rompía era un tremendo problema, he tenido que escribir en cartones por falta de papel.

La radio, el trabajo

La radio es una de mis esferas, atiendo relaciones públicas en el territorio desde la ANCI y atiendo el hogar, tengo dos hijos maravillosos que he atendido siempre y mi casa.

¿Feliz?

No tengo frustración alguna, gracias a la revolución, a mi familia, a mi perseverancia he logrado mucho en la vida y me siento feliz, con mis limitaciones pero me siento feliz.

No me gusta la tanta manipulación con el derecho humano, pero esta mujer que desanda bajo las matas de plátano de su patio, ciega y jubilada por enfermedad, aunque joven, licenciada en estudios socioculturales y madre se dice feliz en Cuba, en Songo-La Maya y sigue a veces en su radio, en las reuniones con amigos, ese es un derecho absolutamente humano y ella parece saberlo aprovechar a plenitud.

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