Plaza de la revolución

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sábado, 27 de enero de 2018

Millones de luces iluminarán el altar de la patria

No hay luz que ilumine más que aquella que se enciende ante el altar de los mártires de la patria

Por Margarita Piedra Cesar

Santiago de Cuba, 27 ene.—Y esta noche del 27 de enero serán millones las luces de las antorchas que todo un pueblo llevará en sus manos para expandir su abrazadora iluminación, por todos los caminos que conducen al recuerdo de nuestro Héroe Nacional José Martí, en el aniversario 165 de su natalicio.

La de esta noche será como la prolongación de aquella otra marcha de las antorchas de hace 65 años, cuando los jóvenes de la Generación del Centenario bajaron de la escalinata de la Universidad de La Habana para recorrer las calles de la capital, no por el solo hecho de la conmemoración martiana, sino porque sentían y vivían en doloroso trance que oscurecía los destinos de la patria y era necesario encender de nuevo la luz que la alumbrara.

Unos meses después, en la madrugada del 26 de julio de 1953, poco antes de la cita gloriosa con el Moncada, el Manifiesto a la Nación de aquella juventud que horas más tarde se inmolaría al pie de la tumba del Apóstol y proclamaría: “el 28 de enero nació un hombre luz”.

Desde entonces, no hubo más oscuridad porque la luz de ese hombre, no solo irradió destellos de esperanza por todas nuestras calles y espacios, sino que asaltó los muros que impedían a Cuba levantarse por siempre en busca de la libertad que él nos enseñó a conquistar hasta con los dientes si era preciso.

José Martí es hoy y será por siempre ese hombre luz de aquella marcha de las antorchas del día antes del centenario de su natalicio; es y será por siempre ese hombre luz que alumbró los muros del cuartel Moncada en la madrugada del 26 de julio de 1953; y es y será por siempre el hombre que nos traerá cada día la primera luz del sol cuando baja del Turquino, para iluminar la gloriosa isla en su eterna Revolución martiana con todos y para el bien de todos.

jueves, 6 de octubre de 2016

A ellos: El altar más honroso de la patria

Por Armando Fernández Martí

Santiago de Cuba, 6 oct.— Hoy 6 de octubre es un día luctuoso para Cuba pues se recuerda a las 3 478 víctimas del terrorismo de estado fraguado por Estados Unidos simbolizados todos ellos por los que murieron en una fecha como esta pero de 1976, cuando mercenarios al servicio de la CIA hicieron estallar en pleno vuelo, en las cercanías de Barbados, una aeronave de Cubana de Aviación con 73 personas a bordo, todas las cuales perecieron.

La nave había despegado del aeropuerto de Barbados quince minutos después del mediodía. En su interior nadie presagiaba la tragedia y aquellos 73 seres tenían un pensamiento común: Cuba. Varios centenares de millas los separaban de la isla y debajo, como una fiera en asecho, la inmensidad del mar de un azul infinito, parecía esperar el instante del siniestro para culminar la obra de los criminales.

Una explosión sacó a todos de sus pensamientos. El aparato, herido en pleno vuelo se estremeció y en tan solo unos segundos se convirtió’ en un infierno dantesco. La muerte sonríe, porque se sabe vencedora en una batalla imposible por la vida.

En esas circunstancias, el avión gira bruscamente y la esperanza de un posible regreso a tierra alienta de nuevo los corazones. Pero fue ese el último sueño de todos porque otra explosión los aproximó más a la eternidad. La nave cae al mar devenido en gigantesca tumba que abre su garganta para tragarse en su inmensidad profunda y oscura el ataúd común de 73 personas en que se convirtió el DC-8 de Cubana de Aviación, vuelo CU-455 con destino final La Habana.

Todo eso ocurrió hace 40 años y nadie lo ha olvidado, nisiquiera los que nacieron después. El dolor y el llanto compartido entonces es el mismo de hoy. A la muerte los seres llegan a resignarse, pero a la muerte inútil e injusta jamás.

Los que murieron aquel 6 de octubre de 1976 y todos los cubanos y cubanas fallecidos a causa del terrorismo de estado son, como expresara José Martí: “El altar más honroso de la patria”. Ante ellos inclinamos nuestras frentes para rendirle homenaje, con la certeza de que más temprano que tarde la injusticia de tales crímenes temblará. Gloria eterna.