Enrique Hernández Miyares (1859–1914)
sobresalió como sonetista y algunos de sus sonetos atesoran vibrante y
enérgica intención patriótica como: ¡Patria! , “In pace”, “A un
machete”, “El machete” y “Dos banderas". El más notable de sus sonetos
fue “La más hermosa ”, que casi puede decirse improvisado al recoger en
verso una imagen con que roturó Manuel Sanguily el final de un discurso
frente al Senado.
Este poeta se caracterizó por un pesimismo sin estridencias, a veces sin atenuaciones ni esperanzas.
No
caben dudas de que en aquel momento de transición el poeta de más alto
relieve fue Bonifacio Byrne (861 – 1936), cuyo primer libro, Excéntricas
en 1893, fue acogido por Casal con caluroso encomio por haber
interrumpido el tono monótono de la poesía cubana, lanzando en ella una
nueva nota. Byrne también escribió sonetos patrióticos que dedicara a
su amigo Domingo Mujica por ser fusilado injustamente y dedicó una serie
de sonetos a las figuras de la guerra como Gómez, Céspedes, Agramonte,
los Maceo, Calixto, con los que formó un tomo del volumen Efigies. Sus
cantos revolucionarios le valieron el seudónimo de “poeta de la guerra”
que para él propusiera Nicolás Heredia.
Sus actividades
revolucionarias lo conllevaron al exilio. Al regresar del exterior
compuso la más famosa de sus poesías “Mi bandera”, que tuvo honda
repercusión en la conciencia pública, ya que representaba la ansiedad de
todo un pueblo que había luchado heroicamente por su libertad y aún no
era dueño de su Patria ni veía flotar su bandera soberanamente.
En
1900 Byrne compiló en Lira y espada su obra poética de la emigración.
Luego publicó un pequeño volumen titulado Poemas.Alrededor de treinta
obras de Bonifacio Byrne quedaron inéditas entre las que sobresale la
colección de poemas patrióticos Al pie de la bandera.
En la
primera etapa de la República Neocolonial hubo un caos estilístico en la
poesía. En 1904 dos poetas de la nueva generación unidos a Enrique
Miyares tuvieron la idea de reunir en un volumen a todos –los viejos y
jóvenes- hacían poesía en Cuba. Esta colección recibió el nombre de
Arpas cubanas y estuvo integrada por seis composiciones poéticas de cada
uno de los poetas que estaban en ella. Fue publicada
en 1904.
En Arpas cubanas figuraban veintinueve poetas en total y se omitieron
injustificadamente Luisa Pérez de Zambrana, Francisco Sellén y otros
poetas de valía que no se incluyeron por no vivir en la capital. Esta
colección poética puede dividirse en dos partes: la primera compuesta
por poetas pertenecientes a las dos últimas generaciones del siglo XIX y
la segunda por los que formaban parte de la primera generación
republicana.
En el primer grupo se destacan poetas como Ricardo
del Monte, Aurelia Castillo, Lola Rodríguez de Tió, Esteban Borrero,
Nieves Xenes, Enrique Hernández Miyares, Bonifacio Byrne, entre otros.
En el segundo grupo se reunían los representantes de la nueva poesía:
Francisco Díaz Silveira, Fernando de Zayas, José María Collantes,
Ramiro Hernández Portela, Dulce María Borrero, José Manuel Carbonell y
René López.
En Cuba la Guerra de Independencia marcó una
interrupción en el desenvolvimiento de las nuevas tendencias literarias.
La influencia del modernismo parecía haberse detenido con la muerte de
Casal y de Martí; sin embargo entre los nuevos poetas era patente el
ascendiente modernismo aunque su influjo sólo se manifestara en
cuestiones de forma y no precisamente en la revelación de una nueva
sensibilidad.
En la primera década del siglo XX surgen nuevas
manifestaciones renovadoras del movimiento modernista en La Isla, que
coincidieron con el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. Ante
este trágico panorama los poetas más jóvenes buscaron un refugio en el
interior, se reconcentraron en la poesía intimista, como quien anhela,
frente a los horrores del mundo, recluirse dentro de sí mismo. En ello
se destacaron tres poetas fundamentales que trajeron nueva ideología,
nueva sensibilidad y nueva temática: Agustín Acosta, Regino Boti y José
Manuel Poveda.
El primero de ellos, agustín Acosta surgió del
grupo literario de Matanzas y marcó un reflorecimiento del modernismo
que bien puede llamarse neomodernismo. En la primera etapa de su
producción no se aparta en lo esencial del modernismo, pero hacia 1923
se insinúa una expresión posmodernista. Acosta se acerca a la poesía
social en 1926. Por su parte Regino Boti fue uno de los mayores
representantes de la poesía en el Oriente cubano. Representó un ansia
renovadora dentro del modernismo, ya en liquidación, y que en definitiva
se afilió a las corrientes que condicionaron el posmodernismo.
Se
aprecia además en su obra, el gusto por la rima asonante y los versos
blancos. En cuanto al santiaguero José Manuel Poveda surgió de la
renovación posmodernista o neomodernista. En su poesía se nota la
influencia de los modernistas hispanoamericanos Casal, Valencia, Silva y
de Darío y de otros ecos que vienen del simbolismo francés como algo de
la sensibilidad de Henri Régnier. Sin embargo la mayor influencia la
recibió del espíritu satánico torturado de Baudalaire, estremecido al
conjuro de visiones extrañas y a veces tumultuarias, lo que puede
apreciarse en poemas como “El baile extraño” y ”Poema de los violines”.
En
el segundo período que ocupa nuestro análisis (1923-1935), la poesía
estuvo enmarcada en la ruptura vanguardista, lo que se dio en tres
vertientes fundamentales: Poesía pura, poesía social y poesía negrista.
Música
El
arte cubano es una representación simbólica de las costumbres y
tradiciones criollas, cada creación lleva implícito un toque o acabado
de genuina cubanía. A principios del siglo XX, nuestro país disfrutaba
de compositores, músicos, artistas de oído, maestros de música,
pianistas, cantantes, trovadores. A principios de siglo muchos cubanos
que amaban la música estaban influenciados todavía por la explosión
europea de música clásica. Debussy, Wagner, Berlioz, eran algunos de los
más interpretados en el país.
Los cubanos Guillermo Tomás
(1868-1933) y Eduardo Sánchez de Fuentes fueron los que más se
destacaron en esta etapa. En el caso de Tomás, su labor se centró en la
creación y la divulgación de algunas partituras europeas importantes
desconocidas en el país. Músico de profundo sentimiento patriótico, creó
el Canto de Guerra en 1896 en honor a los libertadores. Sánchez de
Fuentes con sus virtudes y sus errores, es muy representativo de esta
época; incluso por su oposición a los elementos estilísticos de la
música negra, llegó a proclamar algo así como racismo estético. No
obstante, con solo 16 años compuso su primera habanera: Tú, y la
canción: No soy nada para ti. Escribió óperas como Yumurí y La Dolorosa,
esta última, expresión del verismo mejor logrado en Cuba.
Alejo
Carpentier en su libro La música en Cuba, expresa que la politiquería de
los primeros años de la República, que nada hacia por mejorar la
cultura y la condición social del negro, los favorecía cuando podía
serles útiles. Por esta época se bailaba en los salones cubanos el
danzón. Considerado nuestro baile nacional, surge a finales del siglo
XX. Miguel Failde, matancero fue su creador. A él le debemos Las alturas
de Simson, el primero de todos los danzones.
La trova
tradicional también tuvo su surgimiento en este periodo. Muchas
corrientes musicales se interrelacionaron: el son, la guaracha, el
danzón. El tema de la mujer ocupa un importante espacio en la creación
de los compositores. La vinculación de la figura femenina con el
sentimiento patrio fue una de las cosas más comunes. Asimismo, al
abordar este movimiento trovadoresco, un período que incluye los últimos
años del coloniaje español y la primera etapa de la seudo república,
reflejaba la exaltación patriótica de la lucha emancipadora y
posteriormente la crítica, denuncia la frustrante República. Los
principales exponentes de la trova en este periodo fueron María Teresa
Vera, Manuel Corona y Sindo Garay.
A continuación les dejo con
una lista de algunas de las personalidades más importantes de la época,
cuyos nombres constituyen huellas imborrables de la cultura musical
cubana.
Jorge Anckerman: La Habana 1877-1941. Pianista,
compositor, director de orquesta. Con solo 15 años dirigió la compañía
de bufos de Narciso López, visitando varios estados mexicanos y
extendieron la gira hasta California. Residió varios años en México,
dedicándose a la enseñanza musical. Compuso partituras de zarzuelas,
revistas, juguetes cómicos, además, es autor de boleros, criollas
considerándosele el creador de la guajira. El teatro Alambra fue su
escenario principal, estrenó allí La isla de las cotorras y otras
partituras. Sus obras más populares: El arroyo que murmura, El quitrín,
Flor de Yumurí y Un bolero en la noche.
Amadeo Roldán:
(1900-1939). Compositor, profesor, violinista y director de orquesta.
Estuvo en las principales orquestas de la música clásica de Cuba. Temas
como La Rebambaramba, Milagro de Anaquillé .En 1931 funda la Escuela
Normal de Música de La Habana. En 1932 es designado director de la
Orquesta Filarmónica de La Habana, la que dirigió hasta su muerte.
También estuvo al frente del conservatorio municipal de la capital.
Además de tener contacto el grupo Minorista y con Fernando Ortiz en la
divulgación de nuestros valores folklóricos.
Eliseo Grenet: La
Habana1893-1950. Alejandro García Caturla es el iniciador del moderno
arte sinfónico cubano. Compositor, pianista y director de orquesta. A
los 9 años estrenó su revista musical La geografía física. Fue pianista
acompañante de películas silentes en el cine La Caricatura. Con 16 años
dirigió la orquesta Politeama de La Habana. Fue el musicalizador de
películas como Conga-bar, Estampas Coloniales, Escándalos de estrellas,
etc. También le puso melodía al poema de Nicolás Guillén: Motivos de
sones. Escribió los danzones Si me pides el pesca´o, Papa Montero. Las
canciones: Las perlas de tu boca, Tabaco verde. Los pregones: Rica pulpa
y el tamalero; el tango congo: Mamá Inés y el son: negro bembón.
Ernesto
Sixto de la Asunción Lecuona y Casado: Guanabacoa 1895-1963. Uno de
nuestros más reconocidos compositores. Desde niño fue considerado
prodigio, ya a los 5 años tocaba de oído con alta calidad piezas
escuchadas a su hermana. Se destacó de forma notable en la creación de
zarzuelas, boleros, canciones, música instrumental, obras teatrales,
etc. Sus obras más importantes son: Aquella tarde, Canto Siboney, Como
arrullo de palmas, Damisela encantadora, Funeral, María la O, Noche
azul, malagueña, Siempre en mi corazón, Tus ojos azules.
Manuel
Corona: Caibarién 1880-1950. Compositor y guitarrista. Uno de los
mayores exponentes de la trova tradicional. Fue tabaquero y luego
músico. En 1908 compone Mercedes, tema con el cual alcanzó popularidad.
Dentro del patrimonio nacional musical encontramos temas tan bellos y
bien escritos como Longina, Adriana y Aurora. Bajo su firma están
también las guarachas Acelera Ñico, acelera y La Choricera. Fue el autor
que más contestaciones musicales ha hecho, dentro de ellas encontramos a
La Habanera a La Bayamesa de Sindo Garay, Gela amada a Gela Hermosa de
Ruiz.
Maria Teresa Vera: La Habana 1895-1965. Cantante,
guitarrista y compositora. Voz imprescindible en la cancionística
cubana. Formó un dúo con Rafael Zequeira y viajó en varias ocasiones a
Nueva York. Creó el sexteto Occidente con el que grabó varios sones.
En 1937 se unió a Lorenzo Hierrezuelo, formando un dúo que duro 25
años. Compuso canciones tan hermosas como: Por que me siento triste, No
me sabes querer, Yo quiero que tu sepas y la conocidísima Veinte años.
Sindo
Garay: Santiago de Cuba 1867-1968. Compositor, cantante y guitarrista.
Es el más alto exponente entre los creadores de canciones trovadorescas
en Cuba. A los 10 años compuso Quiéreme trigueña.
Trabajo como
payaso y maromero en circos. Sirvió de enlace entre lo insurrectos en la
guerra contra España. Aprendió a leer copiando carteles de los
establecimientos santiagueros. Puso nombre de indios a sus hijos. Grabó
infinidad de discos. Sus temas más conocidos: Perla Marina, Mujer
Bayamesa, Tardes Grises; Guarina y la Bayamesa.