Plaza de la revolución
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martes, 17 de abril de 2018
domingo, 15 de abril de 2018
15 de abril de 1961, bombardeo a aeropuertos cubanos
Por Armando Fernández Martí
Santiago de Cuba, 15 abr.— Hace 57 años, el 15 de abril de 1961, aviones bombarderos tipo B-26, pintados con insignias cubanas atacaron sorpresivamente las bases aéreas de San Antonio de los Baños y Ciudad Libertad, en La Habana, y el aeropuerto civil Antonio Maceo, de Santiago de Cuba, en una criminal acción que fuera calificada por el Comandante en Jefe Fidel Castro, como el preludio de la invasión mercenaria que dos días después desembarcaría por la Ciénaga de Zapata al sur de Matanzas.
En Santiago de Cuba los dos aviones atacantes llegaron por el este, camuflados entre los rayos solares, volando a baja altura y pintados con insignias cubanas, lo que motivó una confusión momentánea entre los artilleros que defendían el aeropuerto.
Tras comenzar el ataque con cohetes Rocket, bombas de 100 y 500 libras y ametrallamientos, fueron repelidos rápidamente por las baterías antiaéreas instaladas en esa posición, lo que hizo que las naves se retiraran en fuga, una de ellas con el motor derecho echando humo a causa de los disparos de la defensa cubana.
Como resultado de esta cobarde agresión, tres personas resultaron heridas, entre ellas dos artilleros, mientras que en la pista del Antonio Maceo quedó totalmente destruido un avión DC-3 de la Compañía Cubana de Aviación, siendo alcanzados otros aparatos, entre ellos, dos de la fuerza aérea revolucionaria, resultando dañadas además algunas instalaciones de le terminal aérea y parte de la pista de aterrizaje.
Tras el ataque, el Ministro de las FAR, Comandante Raúl Castro, quien había sido designado por Fidel para dirigir la defensa del territorio oriental en caso de una agresión, se dirigió a la población de esta provincia a través de la Emisora CMKC, donde improvisó un vibrante llamamiento a todos los orientales, señalando: “Ha llegado el momento de empuñar las armas para aniquilar a los viles que intentan hollar la patria sagrada”
En su llamamiento, Raúl destacó que la producción debía mantenerse, llamó a los trabajadores a movilizarse inmediatamente, a la FMC a ocupar su puesto y a los Jóvenes Rebeldes, a pesar de su corta edad, también a empuñar el rifle para salvar la patria: “El enemigo ha atacado. Vamos a aniquilar el enemigo y a la reacción interna”.
Finalmente en su alocución por la CMKC ante el ataque al aeropuerto santiaguero y a los restantes del país, el Ministro de las FAR Comandante Raúl Castro llamó solemnemente: “a cumplir la palabra empeñada con nuestros veinte mil muertos, con nuestros hijos, con América y con el mundo. A aniquilar al invasor. ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos! “
Santiago de Cuba, 15 abr.— Hace 57 años, el 15 de abril de 1961, aviones bombarderos tipo B-26, pintados con insignias cubanas atacaron sorpresivamente las bases aéreas de San Antonio de los Baños y Ciudad Libertad, en La Habana, y el aeropuerto civil Antonio Maceo, de Santiago de Cuba, en una criminal acción que fuera calificada por el Comandante en Jefe Fidel Castro, como el preludio de la invasión mercenaria que dos días después desembarcaría por la Ciénaga de Zapata al sur de Matanzas.
En Santiago de Cuba los dos aviones atacantes llegaron por el este, camuflados entre los rayos solares, volando a baja altura y pintados con insignias cubanas, lo que motivó una confusión momentánea entre los artilleros que defendían el aeropuerto.
Tras comenzar el ataque con cohetes Rocket, bombas de 100 y 500 libras y ametrallamientos, fueron repelidos rápidamente por las baterías antiaéreas instaladas en esa posición, lo que hizo que las naves se retiraran en fuga, una de ellas con el motor derecho echando humo a causa de los disparos de la defensa cubana.
Como resultado de esta cobarde agresión, tres personas resultaron heridas, entre ellas dos artilleros, mientras que en la pista del Antonio Maceo quedó totalmente destruido un avión DC-3 de la Compañía Cubana de Aviación, siendo alcanzados otros aparatos, entre ellos, dos de la fuerza aérea revolucionaria, resultando dañadas además algunas instalaciones de le terminal aérea y parte de la pista de aterrizaje.
Tras el ataque, el Ministro de las FAR, Comandante Raúl Castro, quien había sido designado por Fidel para dirigir la defensa del territorio oriental en caso de una agresión, se dirigió a la población de esta provincia a través de la Emisora CMKC, donde improvisó un vibrante llamamiento a todos los orientales, señalando: “Ha llegado el momento de empuñar las armas para aniquilar a los viles que intentan hollar la patria sagrada”
En su llamamiento, Raúl destacó que la producción debía mantenerse, llamó a los trabajadores a movilizarse inmediatamente, a la FMC a ocupar su puesto y a los Jóvenes Rebeldes, a pesar de su corta edad, también a empuñar el rifle para salvar la patria: “El enemigo ha atacado. Vamos a aniquilar el enemigo y a la reacción interna”.
Finalmente en su alocución por la CMKC ante el ataque al aeropuerto santiaguero y a los restantes del país, el Ministro de las FAR Comandante Raúl Castro llamó solemnemente: “a cumplir la palabra empeñada con nuestros veinte mil muertos, con nuestros hijos, con América y con el mundo. A aniquilar al invasor. ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos! “
lunes, 30 de enero de 2017
Bombardeo aéreo en Loma de Caracas
Por Armando Fernández Martí
Santiago de Cuba, 30 ene.— Para el núcleo inicial del Ejército Rebelde, integrado por unos treinta combatientes, entre ellos 20 expedicionarios del Yate Granma, no hubo una situación más difícil que la enfrentada el 30 de enero de 1957 cuando la vil traición de su guía principal, Eutimio Guerra, condujo a la aviación enemiga hasta el campamento insurrecto en Loma de Caracas, sometiéndolo a un intenso bombardeo y ametrallamiento que destruyó totalmente ese lugar.
Santiago de Cuba, 30 ene.— Para el núcleo inicial del Ejército Rebelde, integrado por unos treinta combatientes, entre ellos 20 expedicionarios del Yate Granma, no hubo una situación más difícil que la enfrentada el 30 de enero de 1957 cuando la vil traición de su guía principal, Eutimio Guerra, condujo a la aviación enemiga hasta el campamento insurrecto en Loma de Caracas, sometiéndolo a un intenso bombardeo y ametrallamiento que destruyó totalmente ese lugar.
Sin embargo, al regresar a la zona de
Caracas después de sus dos primeros combates victoriosos, Río La Plata y
Llanos del Infierno, los guerrilleros se percataron de algunas
anormalidades entre la población debido a la visita que realizara por la
zona el asesino Capitán Casillas Lumpuy, intimidando a los campesinos
para que la abandonaran amenazándolos de muerte si ayudaban a los
rebeldes.
Al darse cuenta de esa situación, el Comandante en Jefe Fidel Castro, ordenó a los guerrilleros no pernoctar esa noche en el Campamento de Loma de Caracas y dispersarse por los montes cercanos. Gracias a ello, el ataque de la aviación no causó bajas humanas entre los rebeldes, aunque si destruyó las instalaciones del campamento, fundamentalmente la cocina y la vitualla de campaña del grupo.
Entre los rebeldes existía la comunicación previa que de producirse una situación como esa, debían reconcentrarse después en la llamada Cueva del Humo y así lo hicieron, pero no fue hasta el primero de febrero que la mayoría de los combatientes lograron reunirse en ese lugar.
En este último punto los guerrilleros pudieron recibir algunas ropas y equipos traídos desde Manzanillo, por un grupo de nueve combatientes enviados para reforzar el grupo inicial de 30.
Lo sucedido en Loma de Caracas sirvió de experiencia al Ejército Rebelde, que a partir de ese momento no volvió a levantar cocina al aire libre y proteger mejor los avituallamientos disgregándolos por puntos cercanos.
El autor de la traición que estuvo a punto de exterminar la guerrilla rebelde el 30 de enero de 1957, hace 60 años, se vendió al ejército de Batista a cambio de dinero y grados en sus filas, pero poco tiempo después fue descubierto y juzgado por un Tribunal Revolucionario, que lo condenó a muerte por fusilamiento, ejecutándose la sentencia a mediados de febrero de ese año. La Revolución nunca desamparó a su familia.
Al darse cuenta de esa situación, el Comandante en Jefe Fidel Castro, ordenó a los guerrilleros no pernoctar esa noche en el Campamento de Loma de Caracas y dispersarse por los montes cercanos. Gracias a ello, el ataque de la aviación no causó bajas humanas entre los rebeldes, aunque si destruyó las instalaciones del campamento, fundamentalmente la cocina y la vitualla de campaña del grupo.
Entre los rebeldes existía la comunicación previa que de producirse una situación como esa, debían reconcentrarse después en la llamada Cueva del Humo y así lo hicieron, pero no fue hasta el primero de febrero que la mayoría de los combatientes lograron reunirse en ese lugar.
En este último punto los guerrilleros pudieron recibir algunas ropas y equipos traídos desde Manzanillo, por un grupo de nueve combatientes enviados para reforzar el grupo inicial de 30.
Lo sucedido en Loma de Caracas sirvió de experiencia al Ejército Rebelde, que a partir de ese momento no volvió a levantar cocina al aire libre y proteger mejor los avituallamientos disgregándolos por puntos cercanos.
El autor de la traición que estuvo a punto de exterminar la guerrilla rebelde el 30 de enero de 1957, hace 60 años, se vendió al ejército de Batista a cambio de dinero y grados en sus filas, pero poco tiempo después fue descubierto y juzgado por un Tribunal Revolucionario, que lo condenó a muerte por fusilamiento, ejecutándose la sentencia a mediados de febrero de ese año. La Revolución nunca desamparó a su familia.
jueves, 6 de agosto de 2015
Bombardeo a Hiroshima, primer ataque mundial de la historia
Cuando el 6 de agosto de 1945 el entonces presidente de Estados Unidos, Harry Truman ordenó lanzar su primer bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, no sólo se estaba cometiendo el mayor genocidio conocido por la humanidad en toda su existencia, sino que se abría en el mundo la era de las armas de exterminio masivo, miles de las cuales se almacenan hoy en diferentes regiones del planeta, listas para provocar en cuestión de minutos la desaparición de nuestro hermoso globo terráqueo.
A las 8 y 16 minutos de la mañana de ese fatídico 6 de agosto fue dejado caer sobre Hiroshima ese artefacto nuclear irónicamente llamado “El muchachito” que levantó una temperatura de un millón de grados centígrados, matando de forma instantánea a más de 80 MIL personas. En los días posteriores el saldo de víctimas fatales se elevó a 117 MIL.
Por la acción combinada de las ondas de choque y la radiación luminosa en la ciudad de Hiroshima, los edificios se desintegraron y sus ocupantes desaparecieron de la faz de la tierra, no quedando nada en tres kilómetros a la redonda del centro de la explosión de la bomba, de tres metros de largo y cuatro toneladas de peso.
¿Qué motivó a Estados Unidos a cometer tan horrendo crimen? No hubo justificación alguna. Japón tenía ya la guerra perdida y los bombardeos normales de la aviación le habían matado a ese país a más de 200 MIL personas.
Las declaraciones de los jerarcas del Pentágono y del propio presidente norteamericano Harry Truman fueron vagas e inconsistentes. Más bien se jactaron de haber utilizado la bomba atómica en Hiroshima y tres días más tarde en Nagasaki para intimidar al mundo y chantajearlo con el arma nuclear como se vería más tarde.
Han pasado desde entonces 70 años y jamás Estados Unidos se ha disculpado ante Japón y el resto de la humanidad, por el genocidio cometido en Hiroshima y Nagasaki. Al contrario, en no pocas ocasiones han amenazado con utilizar el arma nuclear donde y cuando el imperio lo considera oportuno, creyendo que otros crímenes similares queden impunes sin tener en cuenta que los tiempos han cambiado.
Como cada 6 de agosto, Hiroshima se levantó escuchando el tañido de las campanas que doblan por sus muertos, pero también el canto de paz, al que aspira toda la humanidad. Pidamos hoy que así sea.
sábado, 9 de agosto de 2014
69 aniversario del Bombardeo Nagasaki
El entonces Presidente de Estados Unidos
Harry Truman, quien ordenó tales genocidios, trató de justificar esos
crímenes ante el mundo señalando que tanto Hiroshima como Nagasaki eran
objetivos militares y que el propósito de los bombardeos fue "evitar
víctimas entre la población civil"
Tal vez ese asesino de marca mayor que fue Truman, creyó que los habitantes de este planeta eran tontos como para no saber que esa justificación era de un cinismo insólito y que Hiroshima y Nagasaki
eran dos apacibles ciudades japonesas donde no existían objetivos militares y que las 300 mil muertes que en total alcanzaron esos bombardeos atómicos eran todos civiles, ancianos, mujeres y niños, ya que una gran parte de los hombres del Japón estaban movilizados en la guerra.
El propio General Douglas MacArthur, gobernador de Japón durante la ocupación de Estados Unidos, dijo después que "no había ninguna necesidad militar de emplear la bomba atómica en 1945". Asimismo, el
alto mando militar norteamericano reconoció que "en las zonas siniestradas no existían objetivos militares algunos"
Sin embargo, años después fue desclasificada la Orden Número 13 emitida el 2 de agosto de MIL 945, es decir, cuatro días antes del primer ataque, la cual señalaba: “Fecha del ataque: 6 de agosto. Objetivo del ataque: la parte histórica y la zona industrial de la ciudad de Hiroshima. Segundo objetivo de reserva: los arsenales y la parte céntrica de la ciudad de Kokula. Tercer objetivo de reserva: la parte céntrica de la ciudad de Nagasaki”
Los objetivos uno y tres, bombardeos a Hiroshima y Nagasaki se cumplieron tal y como lo establecía esa Orden Número 13, pero el segundo objetivo, ataque a Kokula, no se llevó a cabo por el mal tiempo reinante sobre la ciudad, algo por lo cual los habitantes de la misma todavía agradecen a sus dioses haberlos librado de la desgracia provocada por un ataque nuclear en 1945.
A pesar del tiempo transcurrido hasta hoy, ningún gobierno de Estados Unidos se ha disculpado con los japoneses por los genocidas bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki y por las más de 300 MIL víctimas mortales causadas, amén de los que han fallecido desde entonces por las secuelas que dejaron los ataques.
Desde agosto de 1945 hasta hoy, la naturaleza criminal del imperio yanqui no ha cambiado en nada, pues todavía sigue mintiéndole al mundo para inventar guerras como en Afganistán, Iraq, Libia, argumentando proteger la población civil, al igual que quieren hacerlo ahora con Siria, Irán y otros oscuros rincones del planeta que no les convenga el régimen social establecido.
Tal vez ese asesino de marca mayor que fue Truman, creyó que los habitantes de este planeta eran tontos como para no saber que esa justificación era de un cinismo insólito y que Hiroshima y Nagasaki
eran dos apacibles ciudades japonesas donde no existían objetivos militares y que las 300 mil muertes que en total alcanzaron esos bombardeos atómicos eran todos civiles, ancianos, mujeres y niños, ya que una gran parte de los hombres del Japón estaban movilizados en la guerra.
El propio General Douglas MacArthur, gobernador de Japón durante la ocupación de Estados Unidos, dijo después que "no había ninguna necesidad militar de emplear la bomba atómica en 1945". Asimismo, el
alto mando militar norteamericano reconoció que "en las zonas siniestradas no existían objetivos militares algunos"
Sin embargo, años después fue desclasificada la Orden Número 13 emitida el 2 de agosto de MIL 945, es decir, cuatro días antes del primer ataque, la cual señalaba: “Fecha del ataque: 6 de agosto. Objetivo del ataque: la parte histórica y la zona industrial de la ciudad de Hiroshima. Segundo objetivo de reserva: los arsenales y la parte céntrica de la ciudad de Kokula. Tercer objetivo de reserva: la parte céntrica de la ciudad de Nagasaki”
Los objetivos uno y tres, bombardeos a Hiroshima y Nagasaki se cumplieron tal y como lo establecía esa Orden Número 13, pero el segundo objetivo, ataque a Kokula, no se llevó a cabo por el mal tiempo reinante sobre la ciudad, algo por lo cual los habitantes de la misma todavía agradecen a sus dioses haberlos librado de la desgracia provocada por un ataque nuclear en 1945.
A pesar del tiempo transcurrido hasta hoy, ningún gobierno de Estados Unidos se ha disculpado con los japoneses por los genocidas bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki y por las más de 300 MIL víctimas mortales causadas, amén de los que han fallecido desde entonces por las secuelas que dejaron los ataques.
Desde agosto de 1945 hasta hoy, la naturaleza criminal del imperio yanqui no ha cambiado en nada, pues todavía sigue mintiéndole al mundo para inventar guerras como en Afganistán, Iraq, Libia, argumentando proteger la población civil, al igual que quieren hacerlo ahora con Siria, Irán y otros oscuros rincones del planeta que no les convenga el régimen social establecido.
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