Plaza de la revolución

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lunes, 17 de junio de 2019

Hijo insigne y entrañable del pueblo cubano

Este 17 de junio se cumplen 114 años del fallecimiento de uno de los héroes más queridos de las luchas cubanas por la independencia, Máximo Gómez, un cubano por derecho, como lo llamó Fidel

Por Fidel Castro Ruz

Hubo el hecho que quedó grabado de manera indeleble en el alma de nuestro pueblo: la participación de los dominicanos en la lucha por nuestra independencia, el papel de aquel genial hijo de este país que fue y es Máximo Gómez, quien llegó a convertirse en una de las figuras más extraordinarias de nuestra historia. No sabemos, o mejor aún, no me atrevería o no intentaría discutir si era cubano o era dominicano.

(…) Hijo humilde de este pueblo, supo convertirse en hijo insigne y entrañable del pueblo cubano por derecho ganado en su lucha por la independencia de Cuba, a la que aportó su brazo y su machete, su genio militar y su coraje, un notable talento político y un profundo pensamiento revolucionario. Su diario de campaña, sus arengas y sus conmovedores relatos desafortunadamente escasos, dada su azarosa vida de combatiente infatigable por la libertad, sugieren que de aquel humilde campesino pudo surgir también un genio de las letras.

Son conocidas las circunstancias en que culminó (…) aquella lucha heroica de más de treinta años, cuando la intervención de un vecino poderoso frustró el ideal de independencia al que consagró Gómez su vida.

Entonces el guerrero invencible sintió el cariño y el reconocimiento de todo un pueblo que agradecía infinitamente su noble, abnegado e inolvidable aporte a nuestra libertad; pero en aquellas circuns­tancias en que nuestro país no era todavía verdaderamente ­independiente al pasar a ser una neocolonia de Estados Unidos que le impuso a nuestra ley constitucional hasta el derecho a intervenir militarmente en sus asuntos internos, no pudo concederle los honores de una Revolución triunfante y una nación libre a lo que era tan merecedor. Hoy Cuba quiere de alguna manera, aunque solo sea simbólicamente, reparar esa injusticia.

(…) Los revolucionarios siempre lucharon para el futuro. Máximo Gómez y Martí lucharon para el futuro. (…) Máximo Gómez, que luchó en las dos guerras de independencia durante muchos años, estuvo muy vinculado a la historia revolucionaria de Camagüey. Cuando esta provincia, en la Guerra de los Diez Años, sufrió la terrible ­pérdida de Ignacio Agramonte, Gómez fue enviado para ocupar el mando de las fuerzas patrióticas en la provincia de Camagüey, y estas tierras fueron escenario de numerosas acciones de armas de Máximo Gómez. Como un justo tributo a su espíritu revolucionario y a lo que luchó por nuestra patria a pesar de no haber nacido en esta tierra, se decidió que la escuela vocacional de esta provincia llevara su nombre.

(…) Máximo Gómez puede decirse que fue maestro de magníficos combatientes cubanos. (…) Máximo Gómez fue maestro de Maceo, y Maceo fue el más brillante alumno de Máximo Gómez. (…) Ambos eran hombres de profundas convicciones, Maceo ­tenía la suya, Gómez la suya y además una gran experiencia, era el más experimentado de todos los jefes militares cubanos.

(…) A Maceo, a Gómez, a Céspedes, a Agramonte, a Martí, a Yara, a Baraguá y a Baire, consagramos el homenaje de nuestro esfuerzo revolucionario, del esfuerzo revolucionario de nuestra generación. A ellos dedicamos el Moncada, el Granma, la Sierra, el 13 de Marzo, Girón y las heroicas misiones internacionalistas de Angola y de Etiopía. A ellos consagramos nuestros esfuerzos y nuestras luchas. (Fidel Castro Ruz)

Fuentes:


Discurso pronunciado en el aeropuerto internacional de Las Américas, República Domimicana, el 20 de agosto de 1998.

Discurso pronunciado al recibir la Orden del Mérito de Duarte, Sánchez y Mella en el grado Gran Cruz Placa de Oro e imponer al Presidente de la República Dominicana, Dr. Leonel Fernández, la Orden José Martí. Santo Domingo, 22 de agosto de 1998.

Conferencia Magistral en el acto convocado por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, el 24 de agosto de 1998.

Discurso pronunciado en la inauguración de la escuela vocacional General Máximo Gómez y apertura del curso escolar 1976-1977, en Camagüey, el 1ro. de septiembre de 1976.

Discurso pronunciado en el acto de conmemoración del centenario de la Protesta de Baraguá, Santiago de Cuba, 15 de marzo de 1978.

sábado, 5 de mayo de 2018

Reunión de Maceo, Máximo Gómez y José Martí en La Mejorana

Por Armando Fernández Martí

Santiago de Cuba, 5 may.— La llegada a Cuba en los primeros días de abril de 1895 de Antonio Maceo, Máximo Gómez y José Martí, constituyó, sin dudas, el impulso necesario que requería la guerra revolucionaria que había estallado en la isla el 24 de febrero de ese año y que hasta ese momento se mantenía en un estado inerte, aunque en algunas regiones de Oriente se desarrollaron acciones contra los colonialistas españoles.

Fue el 5 de mayo de 1895 que los tres jefes se encontraron en la finca La Mejorana, en el departamento oriental, donde intercambiaron opiniones diversas acerca de la estructura que debía adoptar la revolución no cayendo en los errores del 68 que condujo a la capitulación del proceso independentista en 1878 con el Pacto del Zanjón.

En la entrevista Maceo abogó por sobredimensionar el aspecto militar del proceso nacional-liberador, en tanto que Martí apoyado por Gómez, defendía la tesis de establecer un justo equilibrio entre lo militar y lo civil en el cual el ejército no fuese interferido por acciones del gobierno que se elegiría.

Asimismo, el General Antonio le señaló a Martí con franqueza que su puesto no era aquel sino en Estados Unidos, donde podrá apoyar mejor la causa revolucionaria. En tal sentido, Martí se negó a seguir semejante consejo.

No obstante los desacuerdos entre los tres jefes se reconocieron a José Martí como jefe supremo de la Revolución, a Máximo Gómez como General en Jefe del Ejército Libertador, a Antonio Maceo como Jefe de la provincia de Oriente y a José Maceo como Jefe de las fuerzas en Santiago de Cuba.

También se convino en La Mejorana, a propuesta de Maceo, que por su ejecutoria patriótica y por haber sido el sostén del pabellón libertador en la isla hasta ese momento, se eligiese a Bartolomé Masó como Presidente de la República en Armas.

La reunión de La Mejorana de los tres grandes jefes revolucionarios Antonio Maceo, Máximo Gómez y José martí, hace hoy 123 años, pudo haber tenido discrepancias lógicas de cualquier proceso emancipador y más cuando se tenían las experiencias de la guerra de 1868. Sin embargo, mostró lo más importante: la unidad necesaria para aspirar a la victoria y la independencia de la patria.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Máximo Gómez: Ejemplo de internacionalista y genio militar

Por Lourdes Palau Vázquez

Santiago de Cuba, 18 nov.— Nacido en Baní, en la república Dominicana, un 18 de noviembre, Máximo Gómez Báez, alcanza la gloria sin proponérselo en Cuba, con su incorporación a la guerra de los diez años, donde demostró cualidades excepcionales como hombre, patriota y estratega militar.
Se destacó en la lucha por la independencia a la que se entregó en octubre de 1868 bajo las ordenes de Carlos Manuel de Céspedes y llegó a ocupar el cargo de General en Jefe, el más alto de las fuerzas libertadoras.

Tiene Gómez Báez entre sus méritos indiscutible haber dirigido la primera carga al machete en la zona de Pino de Baire en noviembre de 1868, actual territorio del municipio de Contramaestre en la provincia de Santiago de Cuba. Este procedimiento lo trae como una experiencia de su tierra natal y a partir de ese momento se convirtió en un arma eficaz para pelear contra los enemigos.

Sin embargo en esta fecha de aniversario quiero traer a estas páginas no al guerrero sino al hombre sencillo, de mirada aguda, que nunca claudicó, el que a pesar de una precaria situación económica junto a su familia acepto la propuesta de Martí de organizar dentro y fuera del país el ejército libertador a lo que respondió sin dilación alguna "desde ahora puede usted contar con mis servicios".

Al caer Antonio Maceo en combate y a su lado el joven Panchito Gómez Toro, hijo del generalísimo, este con gran pesar por la pérdida escribe a la esposa del titán, "Usted que puede, sin sonrojarse ni sonrojar a nadie, entregarse a los inefables desbordes del dolor, llore, llore, María, por ambos, por Usted y por mí..."

Se hizo célebre por la disciplina implacable que imprimió a sus tropas, no permitió nunca el atropello o robo de sus soldados a los campesinos, ni cobardías, tuvo sus propios códigos de justicia y fue respetado por ello.

En los tiempos difíciles en que primó el caudillismo y la falta de unidad Gómez hizo valer sus criterios con sólidos argumentos, en varias ocasiones fue discriminado por ser extranjero y respondió con grandilocuencia:

"..Extranjero como soy, no he venido a servir a este pueblo, ayudándole a defender su causa de justicia, como un soldado mercenario; y por eso desde que el poder opresor abandonó esta tierra y dejó libre al cubano, volví la espada a la vaina, creyendo desde entonces terminada la misión que voluntariamente me impuse. Nada se me debe y me retiro contento y satisfecho de haber hecho cuanto he podido en beneficio de mis hermanos. Prometo a los cubanos que, donde quiera que plante mi tienda, siempre podrán contar con un amigo.

sábado, 17 de junio de 2017

Máximo Gómez, se hizo célebre por la disciplina implacable que imprimió a sus tropas

Por Armando Fernández Martí

Santiago de Cuba, 17 jun.— Ciento doce años atrás el 17 de junio de 1905, alrededor de las seis de la tarde, el médico de Máximo Gómez anunciaba: "El general ha fallecido".

Momento supremo aquel para la patria. Triste y doloroso instante para el pueblo cubano, cuando dejó de latir aquel corazón que durante 69 años había anhelado lo mejor para el hombre: la libertad.

Máximo Gómez Báez había nacido el 18 de noviembre de 1936 en Baní, República Dominicana y de joven, cambió sueños e ilusiones por la vida de militar donde conoció el dolor de la guerra, en el enfrentamiento de su país con el Haití vecino, un conflicto que lo decepcionó.

Fue por ello, que en 1865 Gómez llegó a Santiago de Cuba a bordo de una goleta en busca de fortuna, como otros tantos. Se asentó en El Dátil, cerca de Bayamo, y se dedicó a negocios de madera y actividades agrícolas.

En su visita a un ingenio de la zona, conoció de cerca la esclavitud y desde entonces, juró luchar por la libertad de los negros y contra la esclavitud de los blanco.

Es así, que tras el estallido revolucionario del 10 de octubre de 1868, en La Demajagua, Máximo Gómez se incorpora a las tropas de Carlos Manuel de Céspedes, a quien brinda su experiencia militar. Fue él quien enseñó a los cubanos a usar el machete como arma de guerra.

Con esta guerra le nacía a aquel joven dominicano una nueva patria y a esta, un guerrero intachable y un jefe militar necesario. Fue por eso que al reiniciarse en 1895 la nueva contienda por la independencia, Máximo Gómez Báez es nombrado General en Jefe del Ejército Libertador.

Durante las guerras del 68 y el 95 no hubo combates importantes que no estuviesen vinculados al nombre de Máximo Gómez y sobre todo, la hazaña militar que fue la invasión de Oriente a Occidente, llevada a cabo junto a Antonio Maceo.

Máximo Gómez Báez, como el mismo dijera, fue un perdonado sublime de la muerte, porque noventa veces escapó de ella en los más duros y difíciles combates de las dos guerras.

Más aquella tarde del 17 de junio de 1905, la muerte le llegó en su lecho, tal vez pensando hasta el último instante, que mejor hubiese preferido morir en la gloria de la lucha, antes que ver la patria traicionada y con una República que no fuera de todos y para el bien de todos. Por eso, la Patria que él quiso, hoy se la brindamos, junto al recuerdo de su ejemplar vida.

viernes, 5 de mayo de 2017

Encuentro La Mejorana, reunión de los tres grandes de la guerra de 1895


Por Armando Fernández Martí

Santiago de Cuba, 5 may.— La reunión que  el 5 de mayo de 1895, hace 122 años, sostuvieran José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo en el ingenio La Mejorana, cerca de San Luis, en la otrora provincia de Oriente, ha sido considerada como una de las páginas más enigmáticas de nuestra historia y muchos la califican como una jornada donde se mostraron grandes discrepancias entre los tres jefes revolucionarios, que pudo poner en peligro el desarrollo y consolidación de la contienda.

Sin embargo, cierto es que hubo discrepancias entre ellos, pero no tan graves como para no ser resueltas por el bien de la revolución, que tantos esfuerzos y sacrificios había costado ponerla en marcha a partir del 24 de febrero de 1895. La historia demostraría después que la reunión de La Mejorana no fue tan fatal como algunos pensaron.

¿Qué pasó en esa reunión? Lo que se ha dicho son solo hipótesis, porque de este encuentro entre los tres jefes revolucionarios no quedó documentación alguna, ni nadie pudo ser testigo porque el diálogo se realizó a puertas cerradas, aunque los que merodeaban por el lugar percibieron que el clima era bastante tenso.

Lo que sí se sabe es que el centro de la discusión fue la forma de dirección que debía adoptar la revolución. Maceo era partidario de sobredimensionar el papel del Ejército Libertador, constituir una junta de jefes que también se ocupase de la actividad legislativa, proporcionando al mando militar la libertad operativa necesaria para conducir la guerra a un final exitoso.

Martí por su parte, con el apoyo de Gómez, consideraba no solo necesario ganar la guerra sino crear a la par las bases de la futura República, confiriéndole especial importancia al establecimiento de una estructura republicana, en ese sentido decía: “El ejército libre, el país como país, con toda su dignidad representada”, lo cual indicaba el establecimiento de un gobierno civil.

La conversación sobre este tema parece ser no condujo a ningún acuerdo. Otros asuntos que se supone trataron fue el impulso de la invasión de Oriente a Occidente y el traslado de Martí y Gómez a Camagüey, aunque lamentablemente esto no sucedió porque días después, el 19 de mayo de 1895, Martí caía en Dos Ríos.

Tiempo después el General Antonio reconocería con sencillez y nobleza que entre él y José Martí no existieron resentimientos después de la reunión de La Mejorana y así lo escribe al General Bartolomé Maso: “Si bien es verdad que a la llegada del General Gómez y Martí, era un lujo permitirse la formación de un gobierno, también lo es que lo crea hoy de imperiosa necesidad”.

De esa forma Maceo puso de manifiesto la unidad necesaria entre los revolucionarios, la misma que nos enseñaron Martí y Fidel y que hoy hacen fuerte a nuestro pueblo como se acaba de demostrar el pasado Primero de Mayo.

viernes, 17 de junio de 2016

Muerte de Máximo Gómez, El Generalísimo


Máximo Gómez, El Generalísimo   Por Armando Fernández Martí
                             
Santiago de Cuba, 17 jun.— Fue triste para Cuba la fecha del 17 de junio de 1905, cuando sobre las seis de la tarde el médico de cabecera de Máximo Gómez Báez anunciaba a los presentes en su residencia de la Quinta de los Molinos, en La Habana: “El General ha muerto”.

 Qué ironía la del destino, pues aquel hombre que había escapado a la muerte en cientos de combates por la independencia de Cuba, fallecía sin embargo, como consecuencia de una pequeña e inofensiva herida que se hizo en la mano derecha la cual le produjo una grave infección que le costó la vida a la edad de 69 años.

Días antes, el Generalísimo había viajado a la ciudad de Santiago de Cuba con su esposa y dos hijas, para visitar a Maxito, otro de sus hijos varones que residía en la capital oriental, ocasión que aprovechó para tomar un descanso y de paso, alejarse de maquinaciones políticas en la que querían involucrarlo con fines electorales.

En Santiago de Cuba, como en toda Cuba, Máximo Gómez era un ídolo, En las calles todos querían verle y saludarle y de tantos estrechones de mano, al parecer la pequeña herida se resintió e infectó, causándole mucha fiebre, por lo que el médico de cabecera, el Doctor José Pereda, diagnosticó una piohemia, enfermedad purulenta, y dispuso el regreso del Generalísimo a la capital lo que hizo en un tren especial.

Ya en La Habana, en la Quinta de los Molinos, donde fue instalado, el estado de Gómez empeoró por días. Subió la fiebre, desvarió, los escalofríos se hacían insoportables, persistía la debilidad general y se detectó un acceso hepático a punto de supurar. Se llegó a la conclusión, y el propio General lo sabía de qué la muerte era inevitable y en la mañana del 17 de junio se despidió de su esposa Mañana y de sus hijos Máximo, Urbano, Bernardo, Andrés, Clemencia y Margarita. Quince minutos antes de las seis de la tarde llegó al lugar el Presidente de la República, Tomás Estrada Palma, pero ya el enfermo estaba en estado de agonía.

El cadáver de Máximo Gómez, después de embalsamado, fue trasladado al Salón Rojo del Palacio Presidencial para que se le rindiera el merecido homenaje, con honores de Presidente de la República. El gobierno dispuso duelo nacional los días 18, 19 y 20 de junio.

El martes 20 de junio a las tres de la tarde, partió el cortejo fúnebre del generalísimo Máximo Gómez desde el Palacio Presidencia hasta el Cementerio de Colon, en la capital, trayecto donde el pueblo se agrupó para rendirle el último tributo a un hombre que había dedicado 30 años de su vida para ayudar a los cubanos a hacer patria. No hubo despedida de duelo ante su tumba. No la necesitó porque el Generalísimo se había convertido en un ser inmortal. Así se le recuerda hoy 108 años después de su desaparición física.                 

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Nació el 18 de noviembre de 1836, un verdadero líder natural


Nacía el 18 de noviembre de 1836, un verdadero líder naturalPor Armando Fernández Martí

Santiago de Cuba, 18 nov.— Treinta años cabalgó por los montes de Cuba este hombr de buena estatura, delgado, de tez trigueña, de mirada viva y penetrante y respetuoso, que no fumaba, ni profería palabras obscenas ni permitía que los suyos las dijeran.



Treinta años de su vida los dedicó este hombre, que a sí mismo se llamó defensor leal de la independencia, a un pueblo que no lo vio nacer, pero que lo acogió como suyo.

Este hombre encabezó a los cubanos en la memorable carga al machete de Pino en Baire al iniciarse la guerra grande y enseñó a los cubanos a blandir ese instrumento de trabajo como un arma de guerra, mortífera y terrible.

Este hombre, que fue maestro de otros tantos hombres gloriosos, fue héroe de mil batallas y en ellas escapó noventa veces a la muerte, como si se burlara de ella. Fue perdonado sublime como a él le gustaba decir.

Este hombre, que nació el 18 de noviembre de 1836, en Baní, República Dominicana, respondía al nombre de Máximo Gómez Báez, pero los cubanos les llamamos simplemente: El Generalísimo.

No se puede hablar de las luchas independentistas cubanas sin mencionar su nombre, junto al de Céspedes, los Maceo, Guillermón y otros tantos que engrandecieron la Patria, en los primeros diez años de la guerra.

Máximo Gómez estuvo junto a Martí y con él concibió la estrategia de la nueva guerra necesaria, bajo la dirección de un Partido y un mando únicos.

Junto a Maceo el Generalísimo llevó la guerra hasta el centro y el occidente de la isla, en una hazaña militar sin precedente para esos tiempos, lo que mereció incluso, que los propios españoles lo llamaran el mejor general de los dos bandos en la guerra.

Máximo Gómez murió en La Habana el 17 de junio de 1905 a la edad de 69 años, le tocó la triste gloria de ver traicionada la causa a la cual dedicó su inteligencia y su juventud, pero su pueblo noble y leal siguió siendo el mismo y hoy, a 179 años de su natalicio, lo recuerda con cariño y con sus sueños cumplidos, de tener una patria libre y soberana, porque así somos.

Máximo Gómez, sin embargo, solo se consideraba a sí mismo: “un soldado defensor, leal y entusiasta de la justa causa de un pueblo noble, valiente y tan cercano, que casi es lo mismo, a la tierra donde se meció su cuna”

La historia militar del generalísimo así lo confirma, “sin otra ambición --como dijera a Martí--, que obligar a los cubanos a que amen a los míos y me recuerden mañana con cariño”. Y es así con cariño como los cubanos lo recordamos hoy en el 179 aniversario de su natalicio.