Plaza de la revolución

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domingo, 4 de noviembre de 2018

Más allá de un monumento

Por Lourdes Palau Vázquez

Santiago de Cuba, 4 nov.— La imagen exhibe un brazo fuerte con un machete en alto, se puede ver desde la carreta central, una bandera cubana acompaña el monumento que simboliza uno de los hechos trascendentes de la historia Patria, la primera carga al machete protagonizada por los mambises y dirigida por el general Máximo Gómez Báez.

El acontecimiento tuvo lugar el 4 de noviembre de 1868 en la zona de Pino de Baire, perteneciente al municipio santiaguero de Contramaestre, cuando Gómez impidió con sus soldados que los españoles tomaran la ciudad de Bayamo dando muestras de ser un excelente y valiente estratega militar.

La brisa parece traer de vuelta allí en Pino de Baire el repicar de los machetes, los gritos de Viva Cuba Libre, el paso despavorido en retirada  de los españoles tomados por sorpresa, las órdenes precisas del líder mambí: “Nadie se levante, haga fuego y me siga, hasta que yo en persona salte al camino y grite: ¡Al machete!”.

El brazo rudo que levanta con fuerza el  machete representando a todos los que allí lucharon cerca de donde ondea la bandera, cual silenciosa pieza, lleva en sus venas invisibles la sangre de aquellos patriotas que respondieron a la voz de mando con sus propias vidas haciendo retroceder al enemigo, mayor en número y en armas.

Pero con el decursar de los años el panorama cambió, las revoluciones fueron despejando la tupida maleza mambisa del 68 y las voces de “Al machete” con nuevas cargas de escuelas, hospitales, tiendas, consultorios, viviendas o empleos, se diseminaron por toda Cuba. El ejemplo de Gómez como internacionalista y estratega se multiplicó entre los cubanos y muchos brazos se levantan con machetes en alto cada día para garantizar la libertad que hoy disfrutamos.

Allí en Pino de Baire la gente trabaja y consolida con su esfuerzo la  sociedad, sin olvidar a aquellos que desde la manigua redentora fueron trazando el camino con hazañas; como aquella carga al machete de hace 150 años que lleno de gloria la historia de la nación. 

jueves, 26 de octubre de 2017

Pino de Baire: Primera carga al machete

Por Armando Fernández Martí

Santiago de Cuba, 26 oct.— Setecientos soldados españoles al mando del General Quirós pretendían llegar a Bayamo a finales de octubre de 1868, con el objetivo de recuperar la ciudad en poder de Carlos Manuel de Céspedes y las fuerzas de la Revolución iniciada en Yara.

Gómez, ya ascendido a general por el propio Céspedes, con doscientos hombres hostigó a los españoles continuamente, hasta que el cuatro de noviembre, Quirós trató de forzar la marcha por el camino real que conducía a Jiguaní.

Fue entonces que Máximo Gómez con un grupo de cuarenta insurrectos, en el lugar conocido por Pino de Baire, ordenó la Primera Carga al Machete de la Guerra de los Diez Años.

Sorprendidos y horrorizados por las heridas de quince y veinte centímetros que causaban los machetes, los españoles se retiraron en desbandada del lugar del combate, sin apenas disparar sus fusiles.

Fue así como entró para siempre en nuestra historia el dominicano Máximo Gómez. Fue así que se introdujo en nuestras guerras mambisas esa terrible y mortífera arma que fue el machete, que se convertiría a partir de ese 4 de noviembre en el terror de los españoles en las dos guerras y que llegaron a dominar con excelencia hombres de la talla de Los Maceo, Guillermón y tantos otros que fueron alumnos de Gómez.

Después de la memorable carga al machete de Pino de Baire, Máximo Gómez fue el vencedor de mil batallas. En sí mismo él se consideraba: “un soldado defensor, leal y entusiasta de la justa causa de un pueblo noble, valiente y tan cercano, que casi es lo mismo, a la tierra donde  se meció su cuna”

En una acción Gómez confesó a Martí: “siempre estaré dispuesto a ocupar mi puesto de combate para la independencia, sin otra ambición que obligar a los cubanos a que amen a los míos y me recuerden con cariño”

A los 149 años de la gloriosa carga al machete de Pino de Baire, así lo recordamos hoy, “General de Generales”, con amor y cariño por lo mucho que nos dio.