Plaza de la revolución

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sábado, 15 de diciembre de 2018

Nereyda más allá del periodismo

Premio Mariano Corona Ferrer por la obra de la vida

Por Lourdes Palau Vázquez

Santiago de Cuba, 15 dic.— Cuando yo era una joven y desde las propias aulas de la Universidad de Oriente admiré a una de las periodistas que por aquel entonces me gustaba leer, y cuando la conocí más quería parecérmele, pues como mujer tenía todos los rasgos de la delicadeza femenina con modales adecuados y un excelente maquillaje, ese que las chicas quieren experimentar en su rostros para verse más bonitas.

Después con el tiempo ya como colegas siempre supo oportunamente opinar, aconsejar, participar en reuniones o en los encuentros a los que ha convocado la Unión de Periodistas en Santiago de Cuba. Con el transcurso de los años ella pasó a la jubilación y yo como reportera también cogí otros rumbos lejos de Santiago pero en ese ir y venir al regresar a la ciudad me la encontré, si con más edad y mayores experiencias. Ahí seguía Nereyda Barceló Fundora, siempre arreglada y desde casa, ya jubilada, colaborando con todos los medios e igual de entusiasta, consejera y con una espiritualidad a toda prueba.

Sus conversaciones son amenas e instructivas siempre dejando un mensaje de aliento que los que en algún momento lo hemos necesitado. No podemos más que admirarla y aunque la vida pasa seguir queriendo ser como ella que este 19 de diciembre cumplirá 80 años y se mantiene en la primera línea de combate como revolucionaria, periodista, madre y abuela.

Pero este diciembre yo quise felicitar a Nereyda Barceló con estas líneas no solo por sus renovadas primaveras sino porque un jurado de la Unión de Periodistas decidió entre un grupo de valiosos compañeros entregarle a ella, el premio Mariano Corona Ferrer por la obra de la vida y el dictamen recoge un resumen de sus más de 50 años  de actividad profesional y revolucionaria, de su condición de combatiente de la clandestinidad, sus premios y libros, de su blog Senda Interior, de su labor en varios medios de prensa, de su proximidad como colaboradora de Vilma Espín porque en una etapa trabajó en la Federación de Mujeres Cubanas.

Sin embargo un párrafo de la Resolución concluye de forma concreta lo que sintetizo con estas palabras: Hoy entregamos el Premio Mariano Corona Ferrer, insigne patriota mambí, a una mujer que lo honra con su vida y obra y todo el amor que comparte con cuantos le conocen, por ello desde este sitio para la octogenaria Nereyda el reconocimiento, permanente admiración las felicitaciones y nuestro aplauso.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Los Hoyos más allá de su conga: herencia y raíz-parte de nuestra nacionalidad

Por María Elena López Jiménez

Santiago de Cuba, 8 dic.— Para hablar de raíces afro-cubanas, se localiza el barrio de Los Hoyos en esta ciudad, donde se escuchan leyendas increíbles, historias de hombres bravíos y nacimientos de grupos y ritmos que caracterizan a la cultura santiaguera. Es una voz autorizada de los ancestros.

Según el periodista ya desaparecido, Ramón Cisneros Jústiz, en su libro “Pequeño managüí de cosas nuestras”, el barrio se remite al inicio del propio pueblo. Se llamó así “en razón de las excavaciones hechas en la zona para extraer tierra y desecar la parte baja de la villa... que estaba cubierta por las aguas del mar en amplios tramos”.

Ubicado al noroeste de la localidad, se acrecentó en una zona inhóspita. No obstante, aumentaron los bohíos habitados por la gente más humilde de la ciudad, fundamentalmente de africanos y franco-haitianos a partir de los finales del siglo XVIII.

Muy pronto se convirtió en asentamiento de negros y mestizos. Eran africanos y sus descendientes, que habían logrado liberarse de la esclavitud utilizando los medios más disímiles, sumando la influencia franco-haitiana cuando, a causa de la revolución de Toussaint Louverture, se produjo el éxodo de habitantes de la hermana isla a Cuba.

De este modo florecieron costumbres diferentes a otros círculos santiagueros. Se escuchaban toques de tambores y cantos en “lengua” como solía decirse y como se dice aún, tanto en congo como en creole. A veces, los toques acreditaban la nostalgia por los ancestros, por la familia dejada al otro lado del mar y por la tierra de la cual habían sido arrebatados. Además, en más de una ocasión, podían escuchárseles frenéticos, airados y desafiantes en señal de rebeldía.

Antiguamente pertenecía al distrito 2, hoy forma parte del centro citadino y tipifica la cuentería popular... Corren por sus calles refranes, dicho y leyendas; por ejemplo, cuando se habla de nuestra nacionalidad, de repente viene el pensamiento “él que no tiene de congo tiene de carabalí”, o “chivo que rompe tambor con su pellejo lo paga”. Tantas y tantas palabras que engrosaron el diccionario callejero o catauro cubano.

Origen de cuenteros orales: promovieron mitos de remembranza, combinada con la nueva forma de vida asumida a lo urbano, que implicó maneras diferentes de existir en la familia, la vecindad y de la intimidad, narradas de casa en casa entre alborotos y comentarios. En ocasiones, con extremo sigilo cuando de secretos se trataba.

Desde principios del siglo XIX el barrio de los Hoyos se hizo cada vez más notorio, sus vecinos iban organizándose en agrupaciones  aparentemente de entretenimiento pero en el fondo circulaba el movimiento revolucionario. De estos lares nacieron Guillermón Moncada, Quintín Bandera, la casa de los Maceo, los País García, entre tantos.

Precisamente fue Moncada un miembro activo de la conga, que poco tiempo antes de comenzar la guerra, el futuro mambí en ese entonces, conduciendo la conga por las calles santiagueras, se burlaba de las autoridades españolas al entonar: “Choncholí se va pa el monte. Cógelo que se te va”. El estribillo aún puede escucharse en la tumba francesa “La Caridad”,  patrimonio oral e inmaterial de la Humanidad. Esta agrupación constituye una reliquia. Muy cerca de su sede, en el entronque de las calles San Antonio y Moncada, en otra simbólica casa, se reúnen para ensayar la centenaria Carabalí Izuama,  que con la Carabalí Olugo, de Trocha, hacen galas de los bailes de sus ancestros en cada edición de los carnavales de la urbe oriental.

De lo africano, nacieron variadas agrupaciones: la legendaria conga de Los Hoyos, en 1902, la Carabalí, la Tumba francesa, el cabildo  Cucuyé, músicos de la talla de Mariano Mercerón, los hermanos Riguales, Celeste Mendoza y muchos que viven en el corazón de los orientales. De la rumbera y cantante, reina del guaguancó, se guardó la siguiente memoria y yo con gusto la recuerdo: “Nací el 6 de abril de 1930 en el barrio de Los Hoyos, en Santiago de Cuba. Desde muy pequeña me empezó a atraer la música. No se me olvidará que me sentaba en la puerta de mi casa. En la esquina estaba la carnicería  de Perucho, un negro más buena persona que el carajo. Se formaban tremendas rumbas los sábados y los domingos. Eso era muy grande. Con un cajón de bacalao, dos cucharas, y la clave era otra cuchara con una botella.

En unos calderones grandísimos se hacían chicharrones, ahí mismo en la calle”. 

Y todavía cuando se transita el paseo Martí, desde que asoma a la calle Calvario, ya se siente el ambiente “Hoyotero”, timbiriches y carritos de ventas de prú, frituras, refrescos naturales, entre tantas golosinas frutas, viandas y alimentos, que uno pierde la noción del tiempo; al abocar a la esquina del foco de la conga, se encuentran los yerbateros y vendedores de todo tipo de reliquias y enseres de la religiosidad popular: collares, pulsos, talismanes y hasta objetos artísticos del imaginario colectivo.

Allí va el creyente de nuestros cultos a buscar lo que necesita desde un paquete de hojas, flores, velas hasta el perfume. Parte esencial de madre África. Muy conocidas las casas de Jacobo y Rosa la china, ya difuntos pero que se mencionan como si estuvieran vivos. Y casa-templos de muchos oficiantes, dígase, espiritismo, palo mayombe, santería y vodú, todos recogidos y estudiados por la Casa del Caribe, considerada por ellos mismos, su templo mayor.

Hay que enfatizar en el  Cocoyé, nombre de un cabildo de origen franco-haitiano que se asentó en la segunda mitad del siglo XIX, del que  la conga se siente heredera y emblema de los Hoyos, espacio apreciado por los santiagueros como el lugar donde se ha resguardado con celo una vertiente de las tradiciones de la ciudad tanto en lo cultural como en lo histórico.

Aquí surgió el canto “Abre que ahí viene el cocoyé cuidao que te arrollo”, primero escuchado en lo franco-haitiano, luego salió a las calles en los días de fiestas y corrió entre los pobres integrándose a diferentes comparsas; de sus letras salió el cocoyé, descubierto en 1836 por el músico catalán Juan Casamitjana, que al transcurrir el tiempo y con diferentes arreglos triunfó en los salones elegantes.

La apertura de la Acera de los Grandes en el 2015 consolida el alcance de la cultura popular de la barriada santiaguera. El proyecto “Valores de la Comunidad de Los Hoyos” auspició su inauguración en Callejuela, entre Martí y San Ricardo, en el mismo corazón de la vecindad, con la misión de promover el conocimiento sobre personajes y figuras trascendentales en todas las esferas del territorio. Lo lleva de la mano Armando González Castillo, quien definió su contenido: “una suerte de galería fotográfica, para profundizar en la memoria colectiva; su  acción inicial, estuvo dedicada a homenajear a Cornelio Robert Sagarra, primer esclavo mártir de la Guerra de Independencia, quien viviera aquí”.

Se reiteran en esta muestra, hombres y mujeres ilustres de la historia cubana: Mariana Grajales, la Madre de la Patria; José y Antonio Maceo Grajales, Quintín Bandera, Guillermón Moncada, Frank País, Vilma Espín, Pepito Tey, quienes integran también la memoria Patria.

Vale hablar de los Hoyos, al decir de Fernando Ortiz, allí se mezcla todo, como un gran ajiaco, un paradigma vivo de nuestra idiosincrasia y  nacionalidad.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Más allá de un monumento

Por Lourdes Palau Vázquez

Santiago de Cuba, 4 nov.— La imagen exhibe un brazo fuerte con un machete en alto, se puede ver desde la carreta central, una bandera cubana acompaña el monumento que simboliza uno de los hechos trascendentes de la historia Patria, la primera carga al machete protagonizada por los mambises y dirigida por el general Máximo Gómez Báez.

El acontecimiento tuvo lugar el 4 de noviembre de 1868 en la zona de Pino de Baire, perteneciente al municipio santiaguero de Contramaestre, cuando Gómez impidió con sus soldados que los españoles tomaran la ciudad de Bayamo dando muestras de ser un excelente y valiente estratega militar.

La brisa parece traer de vuelta allí en Pino de Baire el repicar de los machetes, los gritos de Viva Cuba Libre, el paso despavorido en retirada  de los españoles tomados por sorpresa, las órdenes precisas del líder mambí: “Nadie se levante, haga fuego y me siga, hasta que yo en persona salte al camino y grite: ¡Al machete!”.

El brazo rudo que levanta con fuerza el  machete representando a todos los que allí lucharon cerca de donde ondea la bandera, cual silenciosa pieza, lleva en sus venas invisibles la sangre de aquellos patriotas que respondieron a la voz de mando con sus propias vidas haciendo retroceder al enemigo, mayor en número y en armas.

Pero con el decursar de los años el panorama cambió, las revoluciones fueron despejando la tupida maleza mambisa del 68 y las voces de “Al machete” con nuevas cargas de escuelas, hospitales, tiendas, consultorios, viviendas o empleos, se diseminaron por toda Cuba. El ejemplo de Gómez como internacionalista y estratega se multiplicó entre los cubanos y muchos brazos se levantan con machetes en alto cada día para garantizar la libertad que hoy disfrutamos.

Allí en Pino de Baire la gente trabaja y consolida con su esfuerzo la  sociedad, sin olvidar a aquellos que desde la manigua redentora fueron trazando el camino con hazañas; como aquella carga al machete de hace 150 años que lleno de gloria la historia de la nación. 

viernes, 20 de octubre de 2017

Perfecto Romero más allá del clic de una cámara

Texto y Foto Lourdes Palau Vázquez

Santiago de Cuba, 20 oct.— La galería taller Arte Santiago, ubicada en la calle Aguilera entre Barnada y San Agustín, en la ciudad de Santiago de Cuba fue el lugar escogido para la presentación de un documental y un libro bajo el titulo Perfecto Romero: Fotógrafo de la Revolución.

Las obras traídas hasta la Ciudad Héroe por sus realizadores, el matrimonio mexicano radicado en Los Angeles que forman Raymundo Reynoso y Paula Ramírez abordan la vida de Perfecto, un octogenario fotógrafo cubano, premio nacional de periodismo José Martí, quien devino corresponsal de guerra en la Sierra Maestra por órdenes del Comandante Ernesto Guevara.

En coordinación con la Unión de Periodistas (UPEC), Raymundo y Paula desde que concluyeron su trabajo en 2016 lo han presentado en varios medios de prensa de la capital del país y las provincias de Villa Clara y Santiago de Cuba, mientras en el exterior fue exhibido en México y los Estados Unidos.

El video y el texto resumen el quehacer de un hombre de origen humilde  que formo parte del movimiento 26 de Julio, fue uno de los primeros corresponsales de guerra en la etapa insurreccional a partir de 1958, el primer fotógrafo de verde olivo, de las Fuerzas Armadas y testigo excepcional de momentos trascendentes de las luchas revolucionarias.

Se presentan imágenes emblemáticas captadas por el lente de Perfecto Romero de los principales dirigentes de la gesta revolucionaria como es el caso de los Comandantes Camilo, el Che, Almeida y Fidel, así como sucesos que constituyen testimonios que han quedado para la posteridad.

Asimismo se devela a través del documental Perfecto Romero: Fotógrafo de la Revolución y el libro del mismo nombre que el artista facilitó fotos del Che y Camilo para la creación del conjunto escultórico en bronce y el mural en relieve del memorial del Che en la plaza de la Revolución en Villa Clara y del Héroe de Yaguajay para la estatua que se encuentra en el museo nacional de ese poblado en la provincia de Santi Spiritus.

Luego del triunfo revolucionario el maestro del género fotográfico continuó plasmando la edificación de la nueva sociedad, sus líderes y la participación activa del pueblo de Cuba en cada proyecto.