Por Armando Fernández Martí
Santiago de Cuba, 30 ene.— No hubo situación más difícil para el ejército rebelde cuando aún estaba en su fase inicial y solo 30 combatientes lo integraban, que el ataque aéreo ocurrido el 30 de enero de 1957 sobre el lugar conocido por Loma de Caracas, donde habían establecido su campamento antes de alcanzar sus dos primeras victorias en Río La Plata y Llanos del Infierno los días 17 y 22 de ese mes, respectivamente.
El ataque se produjo en las primeras horas de la mañana por varios aviones caza de la dictadura, que ametrallaron con certeza los sitios más significativos del campamento, entre ellos la cocina y almacén, logrando destruir las instalaciones existentes, aunque sin causar víctimas entre los rebeldes debido a la medida ordenada por Fidel de no pernoctar en ningún bohío o casa.
No obstante, debido a la intensidad del ataque aéreo el grupo se dispersó por toda la zona, acordándose previamente que ante contingencias de este tipo el punto de reencuentro sería el lugar conocido por la Cueva del Humo, algo distante de la zona de Caracas.
De esa forma, el núcleo inicial del ejército rebelde se vio reducido nuevamente a pequeños grupos de combatientes, que solo lograron reagruparse a partir del 2 de febrero cuando recibieron otro refuerzo procedente de Manzanillo, así como medicinas y otras facilidades, sobre todo ropa y alimentos.
Pasado ya algún tiempo se conoció que la exactitud de aquel ataque aéreo sobre el campamento de Loma de Caracas se debió a la traición del guía principal de los rebeldes, Eutimio Guerra, quien incluso iba junto al asesino teniente Casilla Lumpuy en la avioneta de reconocimiento, señalando los puntos clave que debían ser ametrallados y bombardeados con exactitud.
El traidor Eutimio Guerra se mantuvo como guía del ejército rebelde hasta mediados de febrero de 1957 cuando se comprobó que tras ser apresado por el ejército de Batista el asesino Casilla le perdonó la vida ofreciéndole dinero y cargos militares a cambio de asesinar a Fidel y otras delaciones como el ataque aéreo de Loma de Caracas.
Tras ser descubierto el traidor Eutimio Guerra fue juzgado por el ejército rebelde y condenado a muerte, siendo ejecutado el 17 de febrero de 1957 en la Sierra Maestra.
Plaza de la revolución
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miércoles, 30 de enero de 2019
martes, 30 de enero de 2018
Aniversario 61 del combate de Loma de Caracas
Por Armando Fernández Martí
Santiago de Cuba, 30 ene.— En las primeras horas de la mañana del 30 de enero de 1957, hace 61 años, cinco aviones de la dictadura batistiana sometieron a un intenso bombardeo y ametrallamiento al lugar conocido por Loma de Caracas, en la Sierra Maestra, donde el núcleo inicial del Ejército Rebelde tenía instalado su primer campamento, el cual fue destruido totalmente con precisión absoluta.
Afortunadamente, el despiadado bombardeo aéreo no causó víctimas entre los 30 combatientes que integraban el grupo rebelde, ya que el Comandante en Jefe Fidel Castro había ordenado no pernoctar en el campamento al percatarse de que la zona había sido abandonada por los vecinos, huyéndole a las represalias de los soldados del régimen que bajo amenaza de muerte, le habían prohibido cualquier tipo de ayuda a los insurgentes.
Durante el ataque los rebeldes tuvieron que replegarse por los montes aledaños al campamento de Loma de Caracas, aunque previamente fueron orientados por Fidel para que se dirigieran al lugar llamado la Cueva del Humo, que sería punto de reconcentración del grupo caso de producirse alguna acción enemiga que les hiciera abandonar ese sitio de acampada.
Sin embargo, no sería hasta el primero de febrero que este núcleo inicial del Ejército Rebelde volviera a reunirse nuevamente en el Valle del Ají, pues el viejo campesino Cresencio Pérez los había trasladado hasta el nuevo campamento trayendo por demás un grupo de diez nuevos incorporados procedentes de Manzanillo, así como ropas, medicinas y otras vituallas para repartir entre los guerrilleros.
En uno de sus escritos sobre Pasajes de la Guerra Revolucionaria el Comandante Ernesto Che Guevara señaló que “al día siguiente dos de febrero, al cumplirse dos meses del desembarco del Granma, estaba un grupo homogéneo reunido … y nos sentíamos más fuertes y con mejor ánimo que nunca.
Un tema que fue objeto de análisis entre los combatientes fue la precisión de los bombardeos y ametrallamientos aéreos al campamento en Loma de Caracas, llegándose a la conclusión que el humo que despedía la cocina guió a los aviones hasta allí, por lo que más nunca durante la guerra se hicieron fogones al aire libre.
Pero hay un hecho que en esos momentos los combatientes rebeldes desconocían y es, que el guía principal de la guerrilla Eutimio Guerra, se había pasado al bando enemigo por dinero y grados en el ejército, y fue él quien en uno de los aviones los llevó hasta el lugar exacto donde se encontraba el campamento, por ese y otros hechos traidores Guerra sería juzgado y fusilado por el Ejército Rebelde.
Santiago de Cuba, 30 ene.— En las primeras horas de la mañana del 30 de enero de 1957, hace 61 años, cinco aviones de la dictadura batistiana sometieron a un intenso bombardeo y ametrallamiento al lugar conocido por Loma de Caracas, en la Sierra Maestra, donde el núcleo inicial del Ejército Rebelde tenía instalado su primer campamento, el cual fue destruido totalmente con precisión absoluta.
Afortunadamente, el despiadado bombardeo aéreo no causó víctimas entre los 30 combatientes que integraban el grupo rebelde, ya que el Comandante en Jefe Fidel Castro había ordenado no pernoctar en el campamento al percatarse de que la zona había sido abandonada por los vecinos, huyéndole a las represalias de los soldados del régimen que bajo amenaza de muerte, le habían prohibido cualquier tipo de ayuda a los insurgentes.
Durante el ataque los rebeldes tuvieron que replegarse por los montes aledaños al campamento de Loma de Caracas, aunque previamente fueron orientados por Fidel para que se dirigieran al lugar llamado la Cueva del Humo, que sería punto de reconcentración del grupo caso de producirse alguna acción enemiga que les hiciera abandonar ese sitio de acampada.
Sin embargo, no sería hasta el primero de febrero que este núcleo inicial del Ejército Rebelde volviera a reunirse nuevamente en el Valle del Ají, pues el viejo campesino Cresencio Pérez los había trasladado hasta el nuevo campamento trayendo por demás un grupo de diez nuevos incorporados procedentes de Manzanillo, así como ropas, medicinas y otras vituallas para repartir entre los guerrilleros.
En uno de sus escritos sobre Pasajes de la Guerra Revolucionaria el Comandante Ernesto Che Guevara señaló que “al día siguiente dos de febrero, al cumplirse dos meses del desembarco del Granma, estaba un grupo homogéneo reunido … y nos sentíamos más fuertes y con mejor ánimo que nunca.
Un tema que fue objeto de análisis entre los combatientes fue la precisión de los bombardeos y ametrallamientos aéreos al campamento en Loma de Caracas, llegándose a la conclusión que el humo que despedía la cocina guió a los aviones hasta allí, por lo que más nunca durante la guerra se hicieron fogones al aire libre.
Pero hay un hecho que en esos momentos los combatientes rebeldes desconocían y es, que el guía principal de la guerrilla Eutimio Guerra, se había pasado al bando enemigo por dinero y grados en el ejército, y fue él quien en uno de los aviones los llevó hasta el lugar exacto donde se encontraba el campamento, por ese y otros hechos traidores Guerra sería juzgado y fusilado por el Ejército Rebelde.
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