Por Lourdes Palau/Fotos Tvsantiago y Miguel Noa
Santiago de Cuba, 21 ene.— La peculiar y cotidiana alegría de los santiagueros ha ido languideciendo por estos días en que la preocupación se apodera de todos al incrementarse el vaivén de la tierra que augura la probabilidad de un sismo de gran intensidad.
Santiago de Cuba, 21 ene.— La peculiar y cotidiana alegría de los santiagueros ha ido languideciendo por estos días en que la preocupación se apodera de todos al incrementarse el vaivén de la tierra que augura la probabilidad de un sismo de gran intensidad.
A
pesar de las rápidas medidas de la Defensa Civil y la presencia de las
autoridades y expertos en espacios informativos públicos y del propio
actuar en función de preservar la vida, las sonrisas de siempre parecen
haber salido de paseo, los pasos de hasta los más lentos se han vuelto
agiles en dirección ya sea a la casa, escuela o el trabajo.
La naturaleza parece haber advertido la perseverancia de los moradores de Santiagode Cuba o haber escuchado tantas hermosas melodías, poesías y halagos que desde Cuba u otras partes del mundo le han dedicado a una tierra peculiar por su gente y su propia geografía.
Desde mi ventana contemplo un paisaje casi gris e invernal, no siento la música de la vecina, ni las tertulias de los hogares cercanos después de las comidas, el perro de al lado se muestra inquieto y siento desde lejos el cacareo de una gallina.
Mi amiga Gertrudis incondicional como siempre ofrece detalles de las informaciones oficiales y las que NO, recomienda cuidarse y cuenta lo que hará cuando llegue el momento. Ese momento de castigo natural que no por anunciado deja de sorprendernos tan solo con su posible presencia.
Ha vuelto a temblar perceptible, lo que se suma a un concierto de más de 700 movimientos de la tierra, de esta madre tierra que nos salva y nos mata, donde nacemos, crecemos y quedamos sepultados para siempre.
Esta tierra que desde su corazón late precipitadamente, hoy nos asusta tanto con un posible alumbramiento de contracciones, gritos y un dolor fuerte pero como todo parto finalmente cuando cese ese momento se vuelve abrir la puerta de la vida.
La naturaleza parece haber advertido la perseverancia de los moradores de Santiagode Cuba o haber escuchado tantas hermosas melodías, poesías y halagos que desde Cuba u otras partes del mundo le han dedicado a una tierra peculiar por su gente y su propia geografía.
Desde mi ventana contemplo un paisaje casi gris e invernal, no siento la música de la vecina, ni las tertulias de los hogares cercanos después de las comidas, el perro de al lado se muestra inquieto y siento desde lejos el cacareo de una gallina.
Mi amiga Gertrudis incondicional como siempre ofrece detalles de las informaciones oficiales y las que NO, recomienda cuidarse y cuenta lo que hará cuando llegue el momento. Ese momento de castigo natural que no por anunciado deja de sorprendernos tan solo con su posible presencia.
Ha vuelto a temblar perceptible, lo que se suma a un concierto de más de 700 movimientos de la tierra, de esta madre tierra que nos salva y nos mata, donde nacemos, crecemos y quedamos sepultados para siempre.
Esta tierra que desde su corazón late precipitadamente, hoy nos asusta tanto con un posible alumbramiento de contracciones, gritos y un dolor fuerte pero como todo parto finalmente cuando cese ese momento se vuelve abrir la puerta de la vida.
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