Por Yulia Nela González Bazán
Santiago de Cuba, 18 oct.— Inaugurado el 30 de junio de 1951 el mausoleo a José Martí está conformado por un conjunto arquitectónico de 26 metros de alto y 86 de largo.
En su parte frontal consta de una calle peatonal de mármol que comunica el exterior de la necrópolis con el monumento y que lo atraviesa hasta los límites posteriores del terreno. Está enmarcado por 28 monolitos representando los 28 campamentos donde estuvo Martí cuando participó en la guerra desde su desembarco por Playitas hasta su caída en Dos Ríos. En Cada monolito se puede leer el nombre del campamento y un Pensamiento Martiano.
La parte superior tiene forma hexagonal y en cada arista se ubica una cariátide representando las 6 antiguas provincias de Cuba, mientras en el interior, están los escudos de estos territorios.
Justo en el centro del mausoleo se encuentra la cripta funeraria confeccionada en bronce donde reposan los restos del apóstol, que descansan sobre tierra traída desde todos los países de América. La misma está cubierta con la bandera cubana y acompañada por un ramo de flores.
La escultura de José Martí, está hecha en mármol italiano de Carrara, que por su color blanco simboliza la pureza de los ideales de un Martí que se muestra sentado, meditativo y presto a escribir. Es esta una digna representación del maestro, poeta, escritor, periodista, intelectual y preocupado por la situación de los pueblos de nuestra América.
Está ubicada en el deambulatorio y se encuentra de frente al este por donde nace el Sol en el oriente de la isla. Desde este sitio los visitantes pueden tener mayor visión de la escultura y la parte interior del conjunto arquitectónico.
En lo alto se encuentra el lucernario, el cual posibilita la entrada de luz natural durante el día, y en determinados horarios da paso a los rayos solares para que se reflejen directamente sobre la urna funeraria.
También están presentes aquí los escudos de 20 Repúblicas de América colocados en orden alfabético.
El 19 de mayo de 2002 en saludo al 107 aniversario de su caída en combate en Dos Ríos inicia la Guardia de Honor en homenaje al Héroe Nacional. 5 años después el 30 de julio del 2007 el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros Raúl Castro Ruz inaugura la llama eterna.
Apacible y majestuoso, entre las palmas y los rayos del sol es este un sitio de homenaje perpetuo al hombre sincero de los versos sencillos, al autor intelectual del Moncada, al organizador de la guerra emancipadora de 1895, a un hijo consagrado de América cuyo pensamiento “Con todos y para el bien de todos”, continúa mostrando hoy el camino seguro para la indepencia definitiva de la patria Grande.
Plaza de la revolución
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viernes, 18 de octubre de 2019
domingo, 11 de agosto de 2019
El diálogo perenne de Fidel Castro y Santiago de Cuba
Por Martha Cabrales Arias
Santiago de Cuba, 11 ago.— Concertados sin una convocatoria oficial, pero con la complicidad de los sentimientos, cientos de santiagueros acuden por estos días ante la roca que guarda las cenizas de Fidel Castro en el cementerio patrimonial de Santa Ifigenia.
Ante el advenimiento de los 93 años del líder, el próximo día 13, abundan las flores ante la tumba humilde y crecen entre los lugareños el orgullo y el compromiso por resguardar los sagrados restos desde que fueron inhumados allí aquel domingo 4 de diciembre del 2016.
Fue entonces que los cubanos depositaron tamaña responsabilidad sobre los hombros de los habitantes de esta tierra, la misma ue otro domingo, pero de carnaval y en una mañana de la Santa Ana, asistió al asalto con que el joven abogado y sus compañeros de ideales, intentaron tomar el cuartel Moncada el 26 de Julio de 1953.
Durante décadas se tejió una relación especial entre el líder y la ciudad, la misma que el primer día de 1959 desbordó su corazón urbano para el anuncio, desde los balcones del Ayuntamiento, del triunfo del Ejército Rebelde sobre las huestes del dictador Fulgencio Batista.
Esa confabulación se inició en la casita del Tivolí, aquella desde cuya altura divisó por primera vez el mar y donde pasó privaciones que se incrustaron para siempre en su memoria. Vinieron luego los colegios Lasalle y Dolores, donde comenzó a curtirse una personalidad que cuajó después en las luchas revolucionarias.
Tras la victoria, fueron muchas las ocasiones en que el Comandante en Jefe departió con los hombres y mujeres de la villa y su recuerdo está en cada industria, escuela, centro científico y otras obras económicas y sociales inauguradas por él.
Está en esa Plaza gigantesca que colmaron, bajo la lluvia, en aquella madrugada, miles de personas concertadas bajo su influjo, a quienes les bastó su presencia para mantenerse firmes.
Ahora, tras su desaparición física, una cátedra honorífica en la Universidad de Oriente escudriña en su pensamiento y lo acerca a jóvenes que apenas pudieron conocerlo.
Y ahí está la paradoja: aunque por su declarada voluntad ningún sitio en Cuba lleva su nombre ni hay un solo monumento que consagre su legado, la huella está a cada paso.
En la necrópolis, junto a los cubanos llegados también desde otras provincias, cientos de extranjeros acuden atraídos por el magnetismo de un hombre que caló en el mundo para todos los tiempos.
Por eso, en el vetusto edificio frente al parque Céspedes, donde radicara el gobierno municipal, toma forma un moderno museo que evocará al Primer Frente guerrillero, aquel que bajo el nombre de José Martí, él comandó directamente desde las entrañas mismas de la Sierra Maestra. (Martha Cabrales Arias)
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