Por María Elena López Jiménez
Santiago
de Cuba, 26 jul.— Tiempo de pasión y mil razones para amar. Así han
definido a la alborada del 26 de julio de 1953, poetas y cantores de
Cuba y del mundo entero. Una remembranza necesaria en cada aniversario
para indicar la hidalguía del grupo de jóvenes que apostaron por la
libertad de su Patria en el centenario del natalicio de nuestro héroe de
todos los tiempos, José Martí.
La convocatoria a la lucha se hizo
patente en el oriente cubano, los asaltos a los cuarteles Guillermón
Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo. La
acción hizo el llamado y Cuba respondió.Hoy, a 63 años de la epopeya
hago referencia a disimiles inspiraciones que hizo nacer.
La
primigenia fue la del asaltante al Moncada, de versos firmes y
militantes, Raúl Gómez García, bautizado como el poeta del Centenario;
un periodista lo detalló así: “Ahora, sin embargo, en este julio de
definiciones, se desataba en él por primera vez el conflicto entre el
poeta y el periodista culpable —aunque no confeso— que también era.
Acaba de recibir de Fidel Castro la tarea más importante de su vida
revolucionaria: redactar el Manifiesto a la Nación, aquella proclama
que, en nombre de la Generación del Centenario, sería dada a conocer al
pueblo de Cuba, cuando por fin tuviera lugar la primera gran acción del
movimiento”.
Y además surgió el poema como himno, como un
testamento a la Patria: Ya estamos en Combate / Por defender la idea de
todos los que han muerto/ Para arrojar a los malos del histórico Templo /
Por el heroico gesto de Maceo / Por la dulce memoria de Martí…
Y en ese amanecer de Santa Ana, Raúl Gómez García dejó su preciada vida que renace en cada alborada de la Patria.
La
Marcha por el 26 de julio de Agustín Dìaz Cartaya, asaltante al Moncada
se inscribe en la pléyade de héroes que le cantaron a la alborada del
26 de julio, pero esta marcha se convirtió en el himno guerrillero que
nos habla de la definición libertaria de un pueblo… “Marchando vamos
hacia un ideal, sabiendo que hemos de triunfar…”.
Y así quedó
grabado para la historia, muy bien narrado por una crónica en su
devenir: “Años posteriores, al ser musicalizado por Carlos Faxas y otros
compañeros en la emisora Radio Cadena Habana, en febrero de 1957, el
Himno del 26 de Julio tuvo otra modificación, testimonió su creador. La
palabra Oriente (de la estrofa mencionada) fue sustituida por la de Cuba
para evitar regionalizarlo, señaló el también padre de la Marcha de
América Latina.
De acuerdo con destacados revolucionarios, este
himno estuvo presente en las cárceles, acciones clandestinas, combates e
infinitos episodios de heroísmo. Quizás el más recordado es aquel
cuando en una visita de Batista al Presidio Modelo de Isla de Pinos (hoy
Isla de la Juventud), los llamados moncadistas lo entonaron con fuerza
para que al tirano le fuera imposible no escucharlo.
Desde el
nacimiento de la emisora Radio Rebelde, creada por el legendario
guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara el 24 de febrero de
1958 en la Sierra Maestra, el himno estuvo entre sus trasmisiones.
Traducido a varios idiomas, entre ellos, ruso, inglés, francés, chino y
alemán, se convirtió también después del triunfo revolucionario en canto
de multitudes a nivel nacional e internacional”.
Y en las
páginas poéticas resalta aquella nacida víspera del VII Festival Mundial
de la juventud y los Estudiantes, celebrado en Viena en 1959. Jesús
Orta Ortiz integraba la delegación cubana al cónclave y en un acto lo lo
hizo público en un acto a los delegados: “Era la mañana de la Santa
Ana, mañana de julio pintada de rosa. Nadie presentía que saldría el Sol
por la silenciosa granja de Tizol. Santiago el Apóstol, marchito,
dormía como derribado por la algarabía de conga y charanga, locura y
alcohol… Era la mañana de la Santa Ana...”
El destacado y
desaparecido decimista cubano, 50 años más tarde del hermoso momento,
declaró: "Ahora me resulta más gigantesco, más cercano, porque enaltecer
héroes —dijo Martí— hace héroes. El poema brotó tal y como lo sentí,
pero ahora a 50 años de la gesta heroica dirigida por el Comandante en
Jefe, encuentra una atmósfera propicia para su vigencia".
No
podía faltar la voz de la maravillosa matancera, con la lira al ristre,
cuando expresó que "aquellos de la Generación del Centenario eran
profetas que, salidos de las entrañas de nuestra tierra, vestían de
ilusión al pueblo. Y vino, solícito el verso necesario. Sonó el viril
alegato entre bayonetas fieras. ¡Con qué vuelo de banderas apoyaban su
arrebato! Desde el perfil al zapato criollo como el yarey…(Ya lo
escuchaba la Sierra, aún escuchándolo está) Y hubo otro ¡no! en Baraguá
cuando patético y puro dijo con fe en el futuro: ¡La historia me
absolverá!
Y los jóvenes de otro tiempo de pasión, que
integraron la nueva trova, el movimiento artístico que brotó luego del
triunfo del 1959, también unieron sus fuerzas para cantarle a la mañana
del 26 de julio. Ellos resumen tantas y tantas voces en su infinidad
para que perdure la generación que arriesgó lo mejor de sí en la
epopeya.
“Existen” de Silvio Rodríguez, se alza como un fusil:
“Menos mal que existen los que no tienen nada que perder, ni siquiera la
muerte… Menos mal que existen los que no dejan de buscarse a sí ni
siquiera en la muerte.”
El trovador no pudo callar ante la vida
de Abel Santamaría y expresó con la Canción del Elegido sus más tiernos
sentimientos: Siempre que se hace una historia se habla de un viejo, de
un niño o de sí, pero mi historia es difícil; no voy a hablarles de un
hombre común... Haré la historia de un ser de otro mundo, de un animal
de galaxia. Es una historia que tiene que ver con el curso de la Vía
Láctea. Es una historia enterrada. Es sobre un ser de la nada. Nació de
una tormenta en el sol de una noche, el penúltimo mes…”
Pablo
Milanés quiso entrañablemente a Haydee Santamaría y del testimonio de
ella, una de las dos mujeres protagonistas del Asalto, poetizó, “Del
último amanecer sin alba quiero hablar, no sé tendré palabras para
decir. Se dejaron de dar besos, dejó de mirarse un árbol, se iba
buscando en el tiempo ...”
El autor de María del Carmen, el
desaparecido cantor de la Trova, aseveró como una cantata, “Hay un
almanaque de 26”: ¿Cuestión de haber nacido a tiempo? Puede ser.
¿Cuestión de mostrarse similares? Siempre hay tiempo; hay un almanaque
lleno de días 26. Amanece.