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miércoles, 1 de marzo de 2017

Los entierros del Padre de la Patria

Por Armando Fernández Martí

Santiago de Cuba, 1 mar.— Cuando en la mañana del primero de marzo de 1874 entraba en el muelle de la capitanía del puerto de Santiago de Cuba, procedente de Aserradero la goleta Santiago, nadie podía imaginar que en su cubierta entre sacos de carbón, gallinas y puercos, los españoles habían colocado el cadáver glorioso de Carlos Manuel de Céspedes, el iniciador de la primera gesta independentista  cubana.

Dos días atrás, el 27 de febrero, el Padre de la Patria había muerto en un enfrentamiento con tropas del Batallón de San Quintín, en San Lorenzo, en el intrincado paraje del sur de la Sierra Maestra, donde el insigne bayamés se refugió tras ser depuesto como Presidente de la República en Armas.

Al ser desembarcado los restos mortales de Céspedes, fueron ubicados bajo una ceiba plantada frente al muelle, y más tarde llevados al Hospital Civil La Caridad, en la barriada del Tivolí, donde fue exhibido encima de una mesa rústica de pino, en la Casa de Intendencia aledaña a la institución hospitalaria.

Esa humillante forma de exhibir el cuerpo exánime el cuerpo del primer cubano en levantarse contra el régimen de España, fue descrita por Emilio Bacardí en sus Crónicas de la Ciudad señalando: “humillante capilla ardiente que le deparó su destino para hacerlo más grande a los ojos  de los conciudadanos.

En horas de la tarde de ese mismo primero de marzo de 1874, en el carretón llamado La Lola el cadáver de Carlos Manuel de Céspedes fue trasladado al cementerio Santa Ifigenia, donde fue sepultado en una fosa común, en el patio G sin penas ni glorias, en presencia de unos pocos, entre ellos el cirujano santiaguero Acosta Mariño, así como el celador, dos sepultureros y el albañil del camposanto, quienes juramentaron cuidar y preservar los restos del Padre de la Patria.

Cinco años después, el 25 de marzo de 1879, de forma secreta, los restos del glorioso patriota fueron exhumados y guardados en un cofre trasladándolos al Patio B, el más antiguo de la necrópolis santiaguera, siendo depositados en una bóveda sin nombre y sin señas, para que no fueran descubiertos.

No fue hasta el 16 de octubre de 1898, ya finalizada la guerra, que la bóveda fue identificada con una lápida de mármol donde donada por emigrados cubanos residentes en Jamaica, por iniciativa de Emilio Bacardí, siendo esta la primera vez en que se expuso públicamente el lugar donde estaba enterrado el Padre de la Patria.

En pleno período republicano el Gobierno Provincial de Oriente, aprobó la construcción de un monumento a Carlos Manuel de Céspedes en el cementerio Santa Ifigenia, donde el 7 de diciembre de 1910 fueron depositados definitivamente sus restos tras ser velado solemnemente en el Palacio Provincial, donde el pueblo le rindió el merecido homenaje al primer cubano que se irguió sobre el poder de España y nos enseñó a luchar por la independencia de la patria.

domingo, 1 de marzo de 2015

Los entierros de Carlos Manuel de Céspedes

Los entierros de Carlos Manuel de CéspedesPor Armando Fernández Martí

Santiago de Cuba, 1 mar.— Cuando en la mañana del primero de marzo de 1874 entraba en el muelle de la capitanía del puerto de Santiago de Cuba, procedente de Aserradero la goleta Santiago, nadie podía imagina que en su cubierta entre sacos de carbón, gallinas y puercos, los españoles habían colocado el cadáver glorioso de Carlos Manuel de Céspedes, el iniciador de la primera gesta independentista  cubana.

Dos días atrás, el 27 de febrero, el Padre de la Patria había muerto en un enfrentamiento con tropas del Batallón de San Quintín, en San Lorenzo, en el intrincado paraje del sur de la Sierra Maestra, donde el insigne bayamés se refugió tras ser depuesto como Presidente de la República en Armas.

Al ser desembarcado los restos mortales de Céspedes, fueron ubicados bajo una ceiba plantada frente al muelle, y más tarde llevados al Hospital Civil La Caridad, en la barriada del Tivolí, donde fue exhibido encima de una mesa rústica de pino, en la Casa de Intendencia aledaña a la institución hospitalaria.

Esa humillante forma de exhibir el cuerpo exánime el cuerpo del primer cubano en levantarse contra el régimen de España, fue descrita por Emilio Bacardí en sus Crónicas de la Ciudad señalando: “humillante capilla ardiente que le deparó su destino para hacerlo más grande a los ojos  de los conciudadanos.

En horas de la tarde de ese mismo primero de marzo de 1874, en el carretón llamado La Lola el cadáver de Carlos Manuel de Céspedes fue trasladado al cementerio Santa Ifigenia, donde fue sepultado en una fosa común, en el patio G sin penas ni glorias, en presencia de unos pocos, entre ellos el cirujano santiaguero Acosta Mariño, así como el celador, dos sepultureros y el albañil del camposanto, quienes juramentaron cuidar y preservar los restos del Padre de la Patria.

Cinco años después, el 25 de marzo de 1879, de forma secreta, los restos del glorioso patriota fueron exhumados y guardados en un cofre trasladándolos al Patio B, el más antiguo de la necrópolis santiaguera, siendo depositados en una bóveda sin nombre y sin señas, para que no fueran descubiertos.

No fue hasta el 16 de octubre de 1898, ya finalizada la guerra, que esa bóveda fue identificada con una lápida de mármol donde donada por emigrados cubanos residentes en Jamaica, por iniciativa de Emilio Bacardí, siendo esta la primera vez en que se expuso públicamente el lugar donde estaba enterrado el Padre de la Patria.

En pleno período republicano el Gobierno Provincial de Oriente, aprobó la construcción de un monumento a Carlos Manuel de Céspedes en el cementerio Santa Ifigenia, donde el 7 de diciembre de 1910 fueron depositados definitivamente los restos de Carlos Manuel de Céspedes tras ser velado solemnemente en el Palacio Provincial, donde el pueblo le rindió el merecido homenaje al primer cubano que se irguió sobre el poder de España y nos enseñó a luchar por la independencia de la patria.

jueves, 12 de febrero de 2015

Los entierros de Carlos Manuel de Céspedes


 Los entierros de Carlos Manuel de CéspedesTras un desigual enfrentamiento con tropas españolas, en su retiro de la finca San Lorenzo, cayó en combate un 27 de febrero de 1874 el Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes. Víctima de un azaroso destino, su cuerpo, tuvo que transitar varias vicisitudes hasta llegar al sitial donde 141 años después se le rinde honores.
Por Dayron Chang Arranz

Santiago de Cuba, 12 feb.— Una ceiba sembrada en la antigua Capitanía del puerto santiaguero fue el primer sitio que acogió aquel primero de marzo de 1874 al Padre de la Patria. Atrás quedaba la goleta Santiago, única vía de comunicación con Aserradero, navío en el cual se transportó de madrugada rodeado de gallinas y sacos de carbón el espíritu independentista de la nación.

Las calles de Padre Pico verían pasar al héroe como trofeo del Batallón de San Quintín rumbo al Hospital Civil La Caridad. Desde allí fue trasladado a la Casa de la Intendencia donde en una mesa rústica de pino se expuso al público el cadáver atropellado, aún con las heridas y moretones que le produjo la caída por los farallones de la finca.

En aquel entonces Céspedes no tuvo más cortejo fúnebre que el carretón llamado La Lola con el cual llegó a los recintos más apartados y pobres de la necrópolis santiaguera.

Según cuenta Martha Hernández Cobas, Especialista del Cementerio Santa Ifigenia que ha dedicado toda una vida al estudio de los héroes sepultados en este museo a cielo abierto, cuando llega el carretón ya se habían reservados la fosa uno y dos en la hilera uno del patio G para hacer el entierro de Carlos Manuel de Céspedes. En el sitio aún queda testimonio del hecho con una piedra de granito que señaliza los cuatro años que allí estuvo el cuerpo del prócer.

Transcurrirían cinco años para que la luz de un quinqué alumbrara aquella escena fúnebre, perdida entre innumerables tumbas y sin señalización alguna.

Solo unos pocos comprometidos con las causas de las guerras independentistas entre ellos el sepulturero Lencho, conocían del lugar debido a un juramento de protección que fuera renovado en 1879.

Ese año, en medio de la noche del 25 de marzo se exhumaron por primera vez los restos del criollo bayamés y con extrema cautela fueron trasladados por los pasillos del cementerio, hasta llegar al patio B el más antiguo de la necrópolis.

Tumba de CéspedesEn esa zona se realizó el segundo enterramiento de Céspedes hasta que el siete de diciembre de 1910 es que se trasladan sus restos hasta el mausoleo que hoy ocupa. Explica Marcia Vergues Álvarez, Guía Museológica del Cementerio que en horas de la tarde se realiza una gran peregrinación donde participó todo el pueblo, masones, diversas personalidades e inclusive revelan algunos documentos que también estuvieron familiares del luchador.

Pasarían 36 años de oprobiosa omisión hasta que el Padre encontró su definitiva morada. Una travesía que no por humillante dejó de hacerle inmenso ante los ojos de sus conciudadanos.

El descendiente del patriota, Monseñor Carlos Manuel de Céspedes antes de su fallecimiento, en declaraciones a la prensa santiaguera confirmó que pensaba muchas veces en aquellos sucesos y alegó: “Pienso lo que pudo haber significado otra actitud con él en cuanto a la unión de los cubanos, pero pienso que eso mismo lo engrandeció aún más.”

La Patria eternamente agradecida hoy observa con laureles al Padre que dio carácter cubano a una causa independentista de más de dos siglos. Céspedes observa a su isla desde el mármol que eterniza su recuerdo.