Por Armando Fernández Martí
Santiago de Cuba, 1 abr.— En la madrugada del primero de abril de 1895, después de siete días de azarosa navegación, llegaban a Cuba por Playa Duaba, en Baracoa, el General Antonio Maceo, su hermano José, Flor Crombet y una veintena de patriotas más.
Venían el Titán de Bronce y sus hombres a cumplir con el compromiso juramentado 18 años atrás en Mangos de Baraguá: luchar hasta que la Patria fuera definitivamente libre e independiente.
Desde el 24 de febrero de 1895 la bochornosa tregua impuesta por el Pacto del Zanjón había sido rota, con el reinicio de la guerra necesaria, pero las acciones demandaban del empuje del machete y el coraje del Titán, para encender la manigua de un extremo a otro de la isla.
Ese propio día, el primero de abril, a tan solo unas horas del arribo, el general Antonio y su pequeño grupo de patriotas, se enfrentaban a una columna española que les perseguía derrotándole y haciéndole huir despavorida al escuchar el grito de: ¡Aquí está Maceo! ¡Viva Cuba Libre!
A pesar de los esfuerzos de España por impedir el regreso de Antonio Maceo a la isla, la noticia de su llegada se regó como pólvora y llegó hasta su propia península, donde el diario "El Imparcial" anunció la misma.
Para que se tenga una idea de lo que ese hecho representó para los españoles, basta solo señalar que el 3 de abril de 1895 se dirigieron hacia la isla el General Martínez Campos y otros oficiales y tras de ellos 20 mil hombres más, con los que pensaba aplastar la insurrección.
Martínez Campos conocía bien a Maceo y su intransigencia, hecha patente en Baraguá en marzo de 1878 y sabía además, que con el Titán en la isla la guerra adquiriría otro carácter.
Los días que precedieron al desembarco en Duaba no fueron fáciles para el general Antonio y sus hombres. Durante varias jornadas fueron perseguidos con saña por columnas españolas, hasta que el 20 de abril hizo contactos con tropas cubanas en la jurisdicción de Mayarí Arriba, cerca de Santiago de Cuba.
A partir de ese momento, y como lo presentía Martínez Campos, la guerra en Cuba tomó otro cauce y pronto, el machete titán se hizo sentir en toda la comarca para enardecer los corazones de los cubanos y llenar de gloria a la Patria en su camino hacia la independencia.
Plaza de la revolución
Plaza de la revolución
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lunes, 1 de abril de 2019
miércoles, 11 de abril de 2018
Martí y Gómez: desembarco por Playitas de Cajobabo
Por Margarita Piedra Cesar
Santiago de Cuba, 11 abr.— Sin ser un hombre netamente de acción, José Martí echó sobre sus hombros la gigantesca tarea de reorganizar el reinicio de la lucha en la Isla, a la que llamó “La Guerra Necesaria”, para arrancarle al colonialismo español la independencia como única solución para conquistarla.
Pero Martí tenía un gran sentido moral del deber y jamás eludió la responsabilidad de ponerse al frente de la guerra, muy a pesar de lo que le recomendaban otros patriotas y amigos, que su lugar de combate estaba en el extranjero, precisamente por ser él un hombre no habituado a los avatares de una confrontación en la manigua.
En ese sentido, José Martí señalaba: “El hombre de actos solo respeta al hombre de actos. El que ha encarado mil veces la muerte y llegó a conocerle la hermosura, no acata ni puede acatar la autoridad de los que le temen a la muerte”
Honrando esas palabras, es que el 11 de abril de 1895, José Martí junto a Máximo Gómez y otra veintena de patriotas, desembarca por Playitas de Cajobabo, en la región de Guantánamo, para sumarse a la guerra, que ya se había reiniciado en la isla desde el 24 de febrero de ese año con el Grito de Baire.
Al contrario de lo que le había sucedido a la expedición de Flor Crombet y los hermanos Antonio y José Maceo, quienes tuvieron que combatir tras el desembarco días antes por Baracoa, José Martí y Máximo Gómez no afrontaron mayores dificultades para entrar en la Isla sin ser descubiertos y pudieron moverse rápidamente por la región en busca de las huestes mambisas.
Cuentan que por esos días de abril de 1895 José Martí estaba muy contento, como niño con juguete nuevo, porque se encontraba de nuevo en la Patria y se cumplía su gran anhelo de incorporarse a la guerra, para reafirmar lo que había dicho: “La razón si quiere guiar, tiene que entrar en la caballería y morir para que la respeten los que saben morir”
A 123 años del desembarco de José Martí y Máximo Gómez por Playitas de Cajobabo, recordemos ese hecho con la enseñanza que nos dejó: un revolucionario jamás puede eludir el deber de luchar por la Revolución y defenderla hasta sus últimas consecuencias.
Santiago de Cuba, 11 abr.— Sin ser un hombre netamente de acción, José Martí echó sobre sus hombros la gigantesca tarea de reorganizar el reinicio de la lucha en la Isla, a la que llamó “La Guerra Necesaria”, para arrancarle al colonialismo español la independencia como única solución para conquistarla.
Pero Martí tenía un gran sentido moral del deber y jamás eludió la responsabilidad de ponerse al frente de la guerra, muy a pesar de lo que le recomendaban otros patriotas y amigos, que su lugar de combate estaba en el extranjero, precisamente por ser él un hombre no habituado a los avatares de una confrontación en la manigua.
En ese sentido, José Martí señalaba: “El hombre de actos solo respeta al hombre de actos. El que ha encarado mil veces la muerte y llegó a conocerle la hermosura, no acata ni puede acatar la autoridad de los que le temen a la muerte”
Honrando esas palabras, es que el 11 de abril de 1895, José Martí junto a Máximo Gómez y otra veintena de patriotas, desembarca por Playitas de Cajobabo, en la región de Guantánamo, para sumarse a la guerra, que ya se había reiniciado en la isla desde el 24 de febrero de ese año con el Grito de Baire.
Al contrario de lo que le había sucedido a la expedición de Flor Crombet y los hermanos Antonio y José Maceo, quienes tuvieron que combatir tras el desembarco días antes por Baracoa, José Martí y Máximo Gómez no afrontaron mayores dificultades para entrar en la Isla sin ser descubiertos y pudieron moverse rápidamente por la región en busca de las huestes mambisas.
Cuentan que por esos días de abril de 1895 José Martí estaba muy contento, como niño con juguete nuevo, porque se encontraba de nuevo en la Patria y se cumplía su gran anhelo de incorporarse a la guerra, para reafirmar lo que había dicho: “La razón si quiere guiar, tiene que entrar en la caballería y morir para que la respeten los que saben morir”
A 123 años del desembarco de José Martí y Máximo Gómez por Playitas de Cajobabo, recordemos ese hecho con la enseñanza que nos dejó: un revolucionario jamás puede eludir el deber de luchar por la Revolución y defenderla hasta sus últimas consecuencias.
lunes, 2 de abril de 2018
Evocan significado del desembarco por Duaba
Duaba, Baracoa, 2 abr.— A 123 años del desembarco de los expedicionarios de la Goleta Honor, gesta encabezada por los mayores generales Antonio Maceo, José Maceo y Flor Crombet, el pueblo de Baracoa rindió este domingo un sentido homenaje a aquellos patriotas.
La jornada de tributo se inició con el depósito de una ofrenda floral ante el busto del coronel mambí Félix Ruenes en el barrio La Playa y el posterior recorrido de varios kilómetros hasta el obelisco de Duaba, Monumento Nacional, que recuerda la llegada de los 23 independentistas para incorporarse a la Guerra Necesaria organizada por José Martí.
Alejandro Hartmann Matos, historiador de la Primera Villa, en acto político-cultural, destacó la importancia de honrar aquella hazaña con una masiva peregrinación, tradición que hoy cumple 115 años y que fue iniciada por el Centro de Veteranos en 1903, para luego convertirse en un suceso de pueblo que acontece ininterrumpidamente desde entonces.
El destacado intelectual rememoró la trascendencia del hecho histórico y los avatares vividos por los expedicionarios desde su partida en Costa Rica hasta el arribo a las costas del nororiente cubano para apoyar la guerra iniciada el 24 de febrero de 1895.
Hartmann Matos refirió también la contribución de aquellos patriotas para que Baracoa se convirtiera en el territorio que es hoy, con un encomiable desarrollo socio económico, destacado en los ámbitos de la educación, la salud pública y la cultura, entre otros.
Convocó a la juventud a defender la Revolución, iniciada en 1868 por Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua y su grito de independencia nacional, hecho que este año celebra su aniversario 150.
Denny Legrá Azahares, miembro del Comité Central del Partido y primer secretario en Guantánamo, presidió la ceremonia, en la que se escenificó el desembarco simbólico de la Goleta Honor, a cargo de 23 destacados jóvenes del municipio y se pasó lista a los revolucionarios que acompañaron a Los Maceo y Crombet en la gesta, entre ellos dos colombianos y un dominicano.
En el obelisco erigido a aquellos héroes, se entregaron carnes del Partido y de la UJC a nuevos miembros de ambas organizaciones, en ceremonia que contó también con la presencia de Nancy Acosta Hernández, Presidenta Provincial del Gobierno en Guantánamo, Tony Matos y Luis Sánchez, máximos dirigentes partidista y del Poder Popular respectivamente en la Ciudad Primada, entre otros dirigentes.
Además se rindió tributo a los expedicionarios en Alto del Pino, donde alrededor del mediodía del primero de abril de 1895 se produjo el primer combate victorioso contra las tropas españolas, el cual ha pasado a la historia con ese nombre.
jueves, 8 de febrero de 2018
Aniversario 60 del desembarco del Directorio Revoluciionario por Nuevitas
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| Obelisco en playa Santa Rita |
Santiago de Cuba, 8 feb.— Hoy se cumplen 60 años de una de las acciones más corajudas de la última gesta libertadora cubana, la expedición del yate Scapade, organizada por el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, la que arribó a Cuba por la bahía de Nuevitas, en Camagüey, el 8 de febrero de 1958.
Esta expedición, al frente de la cual se encontraba Faure Chomón Mediavilla partió desde Miami, en la costa de La Florida, la noche del 31 de enero de 1958 con un importante cargamento de armas y municiones destinadas a la apertura de un Frente Guerrillero en las montañas del Escambray, y a la continuidad de la lucha armada en la capital del país.
Tres días antes, el 28 de enero, en un acto político celebrado en Miami por el 105 aniversario del natalicio de José Martí, el propio Faure Chomón hablando a nombre del Directorio Revolucionario y el Movimiento 26 de julio, anunció oficialmente la creación del Frente del Escambray, reiterando la promesa del estudiantado universitario de la unidad entre las fuerzas revolucionarias en la lucha contra la dictadura batistiana.
Afrontando numerosas dificultades, tanto climáticas como técnicas, el Scapade, un pequeño yate de recreo, navegó durante más de una semana por el norte de Cuba hasta la noche del 8 de febrero de 1958 en que la nave entró por el canal de la Bahía de Nuevitas, donde tuvieron que hacer un trasbordo de embarcación para posteriormente desembarcar armas y hombres en la playa Santa Rita.
Sin embargo, lo más riesgoso de esta operación fue el traslado hasta la ciudad de Camagüey en una caravana de vehículos a los expedicionarios y su valiosa carga lo cual lograron hacer sin contratiempos debido a la perfecta organización interna de las fuerzas revolucionarias camagüeyanas.
En la ciudad agramontina los expedicionarios del Scapade permanecieron hasta la tarde del 13 de febrero de 1958, cuando la caravana reinició su peligroso recorrido, llegando en horas de la noche a un punto situado entre la ciudad de Sancti Spíritus y el poblado de Banao, la Loma del Obispo, donde ese día quedó oficialmente constituido para la historia el Frente Guerrillero del Escambray.
Hasta ese lugar había llegado una mensajera de la Sierra Maestra, la heroína Clodomira Acosta, para entregarle a los expedicionarios un mensaje del Comandante en Jefe Fidel Castro donde los saludaba y le brindaba su solidaridad.
sábado, 1 de abril de 2017
En el recuerdo, desembarco de Maceo por Duaba
Por Armando Fernández Martí
Santiago de Cuba, 1 abr.— El 9 de mayo de 1878 el General Antonio Maceo Grajales partió desde Santiago de Cuba hacia Jamaica en cumplimiento de una misión asignada por el Consejo de Gobierno en Armas. Antes de salir de la isla, el Titán de Bronce dialogó nuevamente con el General español Arsenio Martínez Campos, el mismo de la Protesta de Baraguá,
Santiago de Cuba, 1 abr.— El 9 de mayo de 1878 el General Antonio Maceo Grajales partió desde Santiago de Cuba hacia Jamaica en cumplimiento de una misión asignada por el Consejo de Gobierno en Armas. Antes de salir de la isla, el Titán de Bronce dialogó nuevamente con el General español Arsenio Martínez Campos, el mismo de la Protesta de Baraguá,
que fue a despedirle cordialmente en San
Luis, y para cerciorarse de que el guerrero cubano no afrontara
dificultades en su traslado hacia la capital oriental.
En ese diálogo, Maceo le dijo a Martínez Campos: “General le doy las gracias por sus delicadas atenciones (…), y le deseo que pueda terminar su obra ahora que yo no le estorbo, pero como no estoy comprometido, haré cuanto pueda por volver y entonces emprenderé de nuevo mi obra”.
Y consecuente con esa decisión, 17 años después, el primero de abril de 1895, el Mayor General Antonio Maceo Grajales arribaba a Cuba en una expedición, que desembarcó por Playa Duaba, en las cercanías de Baracoa para emprender nuevamente su obra redentora de dale la independencia a Cuba, tal y como se lo había expresado al General español Arsenio Martínez Campos.
Junto a Maceo llegaron por Duaba los Generales Flor Crombet, que venía al frente de la expedición, así como José Maceo y una veintena de patriotas más, quienes habían partido el 25 de marzo de 1895 desde puerto Limón, en Costa Rica.
Apenas unas horas después de la llegada a Playa Duaba el General Antonio Maceo y sus hombres, entablaron combate con una columna española que los perseguía y que fue derrotada. Cuentan que los enemigos al escuchar el grito de: “!Aquí está Maceo! ¡Viva Cuba libre!, los soldados huyeron despavoridos.
Para que se tenga una idea de lo que representaba el Titán de Bronce para España, apenas tres días después de su desembarco en la isla, partió desde la península ibérica el principal contrincante de Maceo, el General Arsenio Martínez Campos, con unos 20 000 soldados con los cuales pensaba aplastar la insurrección reiniciada a partir del 24 de febrero de 1895 en Cuba.
No sería hasta el 20 de abril de 1895, que el Mayor General Antonio Maceo Grajales haría contacto con las tropas mambisas que operaban en la región de Guantánamo, a partir de lo cual tomó las riendas militares de la revolución, hasta tanto asumiera su mandato el General en Jefe Máximo Gómez Báez, que ya desde el 11 de abril había desembarcado en Cuba por Playitas de Cajobabo, junto con el Delegado del Partido Revolucionario Cubano, José Martí.
En ese diálogo, Maceo le dijo a Martínez Campos: “General le doy las gracias por sus delicadas atenciones (…), y le deseo que pueda terminar su obra ahora que yo no le estorbo, pero como no estoy comprometido, haré cuanto pueda por volver y entonces emprenderé de nuevo mi obra”.
Y consecuente con esa decisión, 17 años después, el primero de abril de 1895, el Mayor General Antonio Maceo Grajales arribaba a Cuba en una expedición, que desembarcó por Playa Duaba, en las cercanías de Baracoa para emprender nuevamente su obra redentora de dale la independencia a Cuba, tal y como se lo había expresado al General español Arsenio Martínez Campos.
Junto a Maceo llegaron por Duaba los Generales Flor Crombet, que venía al frente de la expedición, así como José Maceo y una veintena de patriotas más, quienes habían partido el 25 de marzo de 1895 desde puerto Limón, en Costa Rica.
Apenas unas horas después de la llegada a Playa Duaba el General Antonio Maceo y sus hombres, entablaron combate con una columna española que los perseguía y que fue derrotada. Cuentan que los enemigos al escuchar el grito de: “!Aquí está Maceo! ¡Viva Cuba libre!, los soldados huyeron despavoridos.
Para que se tenga una idea de lo que representaba el Titán de Bronce para España, apenas tres días después de su desembarco en la isla, partió desde la península ibérica el principal contrincante de Maceo, el General Arsenio Martínez Campos, con unos 20 000 soldados con los cuales pensaba aplastar la insurrección reiniciada a partir del 24 de febrero de 1895 en Cuba.
No sería hasta el 20 de abril de 1895, que el Mayor General Antonio Maceo Grajales haría contacto con las tropas mambisas que operaban en la región de Guantánamo, a partir de lo cual tomó las riendas militares de la revolución, hasta tanto asumiera su mandato el General en Jefe Máximo Gómez Báez, que ya desde el 11 de abril había desembarcado en Cuba por Playitas de Cajobabo, junto con el Delegado del Partido Revolucionario Cubano, José Martí.
lunes, 11 de abril de 2016
Desembarco de Martí por Playitas de Cajobabo
Santiago de Cuba, 11 abr.— “Yo evoqué la guerra. MI responsabilidad comienza con ella en vez de acabar”, dijo José Martí y para cumplir con ese principio en la noche del 11 de abril de 1895, hace hoy 121 años, desembarcó por Playitas de Cajobabo, en la región de Guantánamo, junto a Máximo Gómez y otros cuatro patriotas.
El último en abandonar el bote de remo
que lo trajo a ese punto de la geografía cubana fue Martí, que después
anotaría ese momento en su diario con una frase que lo dice todo: “Dicha
grande”
Y debió ser así, porque para Martí nada era más importante que incorporarse a la guerra que él había evocado y que estalló en la isla desde el 24 de febrero de 1895.
En no pocas ocasiones, jefes de la talla de Máximo Gómez y Antonio Maceo trataron de disuadir a Martí para alejarlo de los campos de batalla, porque consideraban que él era más valioso en el exilio al frente del Partido Revolucionario Cubano, conductor de esta segunda gesta independentista.
Otros lo habían desacreditado señalando que era muy fácil hacer la guerra lejos del olor a pólvora y la muerte. A unos y otros Martí respondió: “La razón si quiere guiar, tiene que estar en la caballería y morir para que le respeten los que saben morir”
Tras el desembarco por Playitas de Cajobabo el grupo de Máximo Gómez y José Martí, integrado también por los generales Francisco Borrero y Ángel Guerra, así como los oficiales Marco del Rosario y César Salas, no afrontó dificultades a no ser las propias de encontrarse en una zona desconocida e inhóspita.
Por esos días de principios de abril de 1895, las tropas españolas y los voluntarios a su servicio destacados en la región guantanamera se encontraban en la persecución del Mayor General Antonio Maceo y otra veintena de patriotas que habían desembarcado el día primero por Playa de Duaba, de ahí que hubiesen descuidado la vigilancia.
No obstante, encontrarse en una región insurrecta era un peligro. Martí lo sabía pero eso, ni la posibilidad de la muerte le hizo desistir del propósito de participar en la guerra que él había evocado señalando en tal sentido: “Mi último deseo será pegarme al último tronco, al último peleador. Morir callado. Para mí ya es hora”
Y debió ser así, porque para Martí nada era más importante que incorporarse a la guerra que él había evocado y que estalló en la isla desde el 24 de febrero de 1895.
En no pocas ocasiones, jefes de la talla de Máximo Gómez y Antonio Maceo trataron de disuadir a Martí para alejarlo de los campos de batalla, porque consideraban que él era más valioso en el exilio al frente del Partido Revolucionario Cubano, conductor de esta segunda gesta independentista.
Otros lo habían desacreditado señalando que era muy fácil hacer la guerra lejos del olor a pólvora y la muerte. A unos y otros Martí respondió: “La razón si quiere guiar, tiene que estar en la caballería y morir para que le respeten los que saben morir”
Tras el desembarco por Playitas de Cajobabo el grupo de Máximo Gómez y José Martí, integrado también por los generales Francisco Borrero y Ángel Guerra, así como los oficiales Marco del Rosario y César Salas, no afrontó dificultades a no ser las propias de encontrarse en una zona desconocida e inhóspita.
Por esos días de principios de abril de 1895, las tropas españolas y los voluntarios a su servicio destacados en la región guantanamera se encontraban en la persecución del Mayor General Antonio Maceo y otra veintena de patriotas que habían desembarcado el día primero por Playa de Duaba, de ahí que hubiesen descuidado la vigilancia.
No obstante, encontrarse en una región insurrecta era un peligro. Martí lo sabía pero eso, ni la posibilidad de la muerte le hizo desistir del propósito de participar en la guerra que él había evocado señalando en tal sentido: “Mi último deseo será pegarme al último tronco, al último peleador. Morir callado. Para mí ya es hora”
viernes, 1 de abril de 2016
A 121 años del desembarco de Maceo por Playa Duaba
En la madrugada del primero de abril de 1895, después de siete días de azarosa navegación, llegaban a Cuba por Playa Duaba, en Baracoa, el General Antonio Maceo, su hermano José, Flor Crombet y una veintena de patriotas más.
Venían el Titán de Bronce y sus hombres a
cumplir con el compromiso juramentado 17 años atrás en Mangos de
Baraguá: luchar hasta que la Patria fuera definitivamente libre e
independiente.
Desde el 24 de febrero de 1895 la bochornosa tregua impuesta por el Pacto del Zanjón había sido rota, con el reinicio de la guerra necesaria, pero las acciones demandaban del empuje del machete y el coraje del Titán, para encender la manigua de un extremo a otro de la isla.
Ese propio día, el primero de abril, a tan solo unas horas del arribo, el general Antonio y su pequeño grupo de patriotas, se enfrentaban a una columna española que les perseguía derrotándole y haciéndole huir despavorida al escuchar el grito de: ¡Aquí está Maceo! ¡Viva Cuba Libre!
A pesar de los esfuerzos de España por impedir el regreso de Antonio Maceo a la isla, la noticia de su llegada se regó como pólvora y llegó hasta su propia península, donde el diario "El Imparcial" anunció la misma.
Para que se tenga una idea de lo que ese hecho representó para los españoles, basta solo señalar que el 3 de abril de 1895 se dirigieron hacia la isla el General Martínez Campos y otros oficiales y tras de ellos 20 mil hombres más, con los que pensaba aplastar la insurrección.
Martínez Campos conocía bien a Maceo y su intransigencia, hecha patente en Baraguá en marzo de 1878 y sabía además, que con el Titán en la isla la guerra adquiriría otro carácter.
Los días que precedieron al desembarco en Duaba no fueron fáciles para el general Antonio y sus hombres. Durante varias jornadas fueron perseguidos con saña por columnas españolas, hasta que el 20 de abril hizo contactos con tropas cubanas en la jurisdicción de Mayarí Arriba, cerca de Santiago de Cuba.
A partir de ese momento, y como lo presentía Martínez Campos, la guerra en Cuba tomó otro cauce y pronto, el machete titán se hizo sentir en toda la comarca para enardecer los corazones de los cubanos y llenar de gloria a la Patria en su camino hacia la independencia.
Desde el 24 de febrero de 1895 la bochornosa tregua impuesta por el Pacto del Zanjón había sido rota, con el reinicio de la guerra necesaria, pero las acciones demandaban del empuje del machete y el coraje del Titán, para encender la manigua de un extremo a otro de la isla.
Ese propio día, el primero de abril, a tan solo unas horas del arribo, el general Antonio y su pequeño grupo de patriotas, se enfrentaban a una columna española que les perseguía derrotándole y haciéndole huir despavorida al escuchar el grito de: ¡Aquí está Maceo! ¡Viva Cuba Libre!
A pesar de los esfuerzos de España por impedir el regreso de Antonio Maceo a la isla, la noticia de su llegada se regó como pólvora y llegó hasta su propia península, donde el diario "El Imparcial" anunció la misma.
Para que se tenga una idea de lo que ese hecho representó para los españoles, basta solo señalar que el 3 de abril de 1895 se dirigieron hacia la isla el General Martínez Campos y otros oficiales y tras de ellos 20 mil hombres más, con los que pensaba aplastar la insurrección.
Martínez Campos conocía bien a Maceo y su intransigencia, hecha patente en Baraguá en marzo de 1878 y sabía además, que con el Titán en la isla la guerra adquiriría otro carácter.
Los días que precedieron al desembarco en Duaba no fueron fáciles para el general Antonio y sus hombres. Durante varias jornadas fueron perseguidos con saña por columnas españolas, hasta que el 20 de abril hizo contactos con tropas cubanas en la jurisdicción de Mayarí Arriba, cerca de Santiago de Cuba.
A partir de ese momento, y como lo presentía Martínez Campos, la guerra en Cuba tomó otro cauce y pronto, el machete titán se hizo sentir en toda la comarca para enardecer los corazones de los cubanos y llenar de gloria a la Patria en su camino hacia la independencia.
martes, 2 de diciembre de 2014
2 de diciembre: Desembarco de los expedicionarios del Granma
Siete días navegó el Granma para llegar a costas
orientales el 2 de diciembre de MIL 956. Fueron 7 días de hambre, mareos
y de incertidumbres para aquellos 82 hombres que venían en el yate. Por
ello, la llegada y el inicio del desembarco los llenó de júbilo, pero
fueron sólo instantes porque tan pronto comenzaron la marcha entre la
ciénaga y los manglares, se dieron cuenta que éste era un infierno peor
que el que acababan de soportar por aguas del Atlántico y el Caribe.
Descubiertos y asediados ya por la
aviación batistiana, la trayectoria se les hizo más difícil y además del
hambre, la sed empezaba a tener sus efectos psíquicos, pues casi todos
habían perdido sus mochilas y avituallamientos. En fin, era aquel -como
narrara el Che años más tarde–, “un ejército de sombras y fantasmas”
No es posible imaginar ahora, cuáles serían entonces los pensamientos de aquellos hombres; no es posible imaginar cuántos de ellos en esos momentos se sintieron apesadumbrados o les faltó la fe en la causa que habían abrazado. Circunstancias así aflojan los espíritus y restan voluntades.
Sin embargo, la gran mayoría, como se supo después, tuvo confianza absoluta en el camino emprendido y así lo demostraron en días posteriores, cuando el desastre de Alegría de Pío les dio la estocada final y en medio del desigual combate alguien gritó: “!Aquí no se rinde nadie!” . En ese grito estaba implícito el germen de lo que más tarde serían nuestras gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias.
De la estirpe de esos hombres surgió el Ejército Rebelde, un ejército de nuevo tipo forjado en medio de las más difíciles circunstancias y en el fragor del combate por la justicia y por la libertad.
Y ese ejército se hizo grande y tanto, que tan solo 2 años y un mes después derrotaba a todo un ejército profesional y uno de los mejores equipados de América Latina, con la victoria del Primero de Enero de MIL 959. Ya con la victoria, el Ejército Rebelde se convirtió en el ejército de todo el pueblo y con ello, en las gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba.
Y la historia de las FAR es la historia de la propia Revolución, porque de ella nació y a ella le dieron la vida hombres como los del Moncada, el Granma y la Sierra; combatientes como Camilo Cienfuegos el Che Guevara, Raúl y Fidel. Es por eso que desde aquel 2 de diciembre de 1956, el Granma y las FAR andan hoy, 58 años después, juntos en la historia.
No es posible imaginar ahora, cuáles serían entonces los pensamientos de aquellos hombres; no es posible imaginar cuántos de ellos en esos momentos se sintieron apesadumbrados o les faltó la fe en la causa que habían abrazado. Circunstancias así aflojan los espíritus y restan voluntades.
Sin embargo, la gran mayoría, como se supo después, tuvo confianza absoluta en el camino emprendido y así lo demostraron en días posteriores, cuando el desastre de Alegría de Pío les dio la estocada final y en medio del desigual combate alguien gritó: “!Aquí no se rinde nadie!” . En ese grito estaba implícito el germen de lo que más tarde serían nuestras gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias.
De la estirpe de esos hombres surgió el Ejército Rebelde, un ejército de nuevo tipo forjado en medio de las más difíciles circunstancias y en el fragor del combate por la justicia y por la libertad.
Y ese ejército se hizo grande y tanto, que tan solo 2 años y un mes después derrotaba a todo un ejército profesional y uno de los mejores equipados de América Latina, con la victoria del Primero de Enero de MIL 959. Ya con la victoria, el Ejército Rebelde se convirtió en el ejército de todo el pueblo y con ello, en las gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba.
Y la historia de las FAR es la historia de la propia Revolución, porque de ella nació y a ella le dieron la vida hombres como los del Moncada, el Granma y la Sierra; combatientes como Camilo Cienfuegos el Che Guevara, Raúl y Fidel. Es por eso que desde aquel 2 de diciembre de 1956, el Granma y las FAR andan hoy, 58 años después, juntos en la historia.
viernes, 12 de abril de 2013
La Playita de Martí
Autor: Yisell Rodríguez Milán
Rememoran desembarco del Héroe Nacional hace 118 años junto a Máximo Gómez y otros patriotas, por Playita de Cajobabo
Amanece sin sol. Playa revuelta. El oleaje intranquilo anuncia que algo está por suceder. Varios centenares de personas vigilan el mar y esperan... Están entre ellos los especialistas del Museo de Jiguaní, en Granma, que llegaron hasta el poblado de Cajobabo, a más de 80 kilómetros de la ciudad de Guantánamo, para compartir por décimonovena vez con sus colegas del Museo 11 de abril, lo que conocen sobre José Martí.
Se ve también, sentados sobre grandes rocas o entre la arena, a estudiantes de varias escuelas del municipio de Imías y los muchachos de la Unión de Jóvenes Comunistas, que no se pierden ni un reencuentro con el pasado, y a miembros del Instituto de Historia de Cuba y trabajadores de los más diversos sectores, y a la prensa, con sus cámaras enfiladas hacia el mar... esperando.
De pronto las miradas se centran en un pequeño bote que, con lentitud, se acerca a la orilla. Viene cargado de jóvenes. Son seis. Tres banderas ondean junto a ellos: una del Movimiento 26 de Julio, otra de la UJC, y la de la Estrella solitaria, que está en manos de un hombre con traje negro y mirada firme. La frente ancha y el espeso bigote revelan que, como parte de la reedición de lo ocurrido allí el 11 de abril de 1895, se trata del Apóstol Nacional de Cuba.
Asombro multiplicado: Es la primera vez desde 1995 que la reedición del desembarco es protagonizada por una generación que no pasa de los 30 años, y entre ellos una mujer.
También es nuevo que quien encarna a Martí —en este caso el actor Roberto Albellar Hernández, del grupo mayabequense Andar teatro— físicamente se parezca tanto a aquel que llegó por Playita de Cajobabo hace 118 años junto al Generalísimo Máximo Gómez, a los brigadieres Francisco Borrero y Ángel Guerra, el coronel Marcos del Rosario y el capitán César Salas, para incorporarse a la Guerra Necesaria.
Desembarcan. El Martí del siglo XXI deposita la bandera cubana en manos de Luis Antonio Torres Iríbar, miembro del Comité Central del Partido y su primer secretario en Guantánamo, quien a su vez la entrega a un pionero, símbolo de las generaciones por venir que mantendrán libre a la Patria.
Inicia el acto. Se canta el Himno Nacional. Una ofrenda floral a José Martí del pueblo de Imías, depositada justo al lado del Monumento Nacional 11 de abril, ennoblece el paisaje costero.
Con solemnidad, luego, Torres Iríbar y Yocleydis Ramírez Ramírez, primer secretario de la UJC en Guantánamo, entregan el carné a 12 nuevos militantes de la organización política juvenil, y Nancy Acosta Hernández, presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular, reconoce a los ciclistas imienses que recorrieron Cuba exigiendo la liberación de los cinco antiterroristas nuestros presos en Estados Unidos de América.
Llueve fino, como en la noche del 11 de abril de hace 118 años. Termina el homenaje. Unos se van, otros llegan. Ahí quedan la playa y la gente de Cajobabo para contar la historia.
Rememoran desembarco del Héroe Nacional hace 118 años junto a Máximo Gómez y otros patriotas, por Playita de Cajobabo
Amanece sin sol. Playa revuelta. El oleaje intranquilo anuncia que algo está por suceder. Varios centenares de personas vigilan el mar y esperan... Están entre ellos los especialistas del Museo de Jiguaní, en Granma, que llegaron hasta el poblado de Cajobabo, a más de 80 kilómetros de la ciudad de Guantánamo, para compartir por décimonovena vez con sus colegas del Museo 11 de abril, lo que conocen sobre José Martí.
Se ve también, sentados sobre grandes rocas o entre la arena, a estudiantes de varias escuelas del municipio de Imías y los muchachos de la Unión de Jóvenes Comunistas, que no se pierden ni un reencuentro con el pasado, y a miembros del Instituto de Historia de Cuba y trabajadores de los más diversos sectores, y a la prensa, con sus cámaras enfiladas hacia el mar... esperando.
De pronto las miradas se centran en un pequeño bote que, con lentitud, se acerca a la orilla. Viene cargado de jóvenes. Son seis. Tres banderas ondean junto a ellos: una del Movimiento 26 de Julio, otra de la UJC, y la de la Estrella solitaria, que está en manos de un hombre con traje negro y mirada firme. La frente ancha y el espeso bigote revelan que, como parte de la reedición de lo ocurrido allí el 11 de abril de 1895, se trata del Apóstol Nacional de Cuba.
Asombro multiplicado: Es la primera vez desde 1995 que la reedición del desembarco es protagonizada por una generación que no pasa de los 30 años, y entre ellos una mujer.
También es nuevo que quien encarna a Martí —en este caso el actor Roberto Albellar Hernández, del grupo mayabequense Andar teatro— físicamente se parezca tanto a aquel que llegó por Playita de Cajobabo hace 118 años junto al Generalísimo Máximo Gómez, a los brigadieres Francisco Borrero y Ángel Guerra, el coronel Marcos del Rosario y el capitán César Salas, para incorporarse a la Guerra Necesaria.
Desembarcan. El Martí del siglo XXI deposita la bandera cubana en manos de Luis Antonio Torres Iríbar, miembro del Comité Central del Partido y su primer secretario en Guantánamo, quien a su vez la entrega a un pionero, símbolo de las generaciones por venir que mantendrán libre a la Patria.
Inicia el acto. Se canta el Himno Nacional. Una ofrenda floral a José Martí del pueblo de Imías, depositada justo al lado del Monumento Nacional 11 de abril, ennoblece el paisaje costero.
Con solemnidad, luego, Torres Iríbar y Yocleydis Ramírez Ramírez, primer secretario de la UJC en Guantánamo, entregan el carné a 12 nuevos militantes de la organización política juvenil, y Nancy Acosta Hernández, presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular, reconoce a los ciclistas imienses que recorrieron Cuba exigiendo la liberación de los cinco antiterroristas nuestros presos en Estados Unidos de América.
Llueve fino, como en la noche del 11 de abril de hace 118 años. Termina el homenaje. Unos se van, otros llegan. Ahí quedan la playa y la gente de Cajobabo para contar la historia.
domingo, 1 de abril de 2012
A 117 años del Desembarco de Maceo por Duaba
Autor : Armando Fernández Martí
En la madrugada del primero de abril de 1895, después de siete días de azarosa navegación, llegaban a Cuba por Playa Duaba, en Baracoa, el General Antonio Maceo, su hermano José, Flor Crombet y una veintena de patriotas más.
Venían el Titán de Bronce y sus hombres a cumplir con el compromiso juramentado 18 años atrás en Mangos de Baraguá: luchar hasta que la Patria fuera definitivamente libre e independiente.
Desde el 24 de febrero de 1895 la bochornosa tregua impuesta por el Pacto del Zanjón había sido rota, con el reinicio de la guerra necesaria, pero las acciones demandaban del empuje del machete y el coraje del Titán, para encender la manigua de un extremo a otro de la isla.
Ese propio día, el primero de abril, a tan solo unas horas del arribo, el general Antonio y su pequeño grupo de patriotas, se enfrentaban a una columna española que les perseguía derrotándole y haciéndole huir despavorida al escuchar el grito de: ¡Aquí está Maceo! ¡!Viva Cuba Libre!
A pesar de los esfuerzos de España por impedir el regreso de Antonio Maceo a la isla, la noticia de su llegada se regó como pólvora y llegó hasta su propia península, donde el diario "El Imparcial" anunció la misma.
Para que se tenga una idea de lo que ese hecho representó para los españoles, basta solo señalar que el 3 de abril de 1895 se dirigieron hacia la isla el General Martínez Campos y otros oficiales y tras de ellos 20 mil hombres más, con los que pensaba aplastar la insurrección.
Martínez Campos conocía bien a Maceo y su intransigencia, hecha patente en Baraguá en marzo de 1878 y sabía además, que con el Titán en la isla la guerra adquiriría otro carácter.
Los días que precedieron al desembarco en Duaba no fueron fáciles para el general Antonio y sus hombres. Durante varias jornadas fueron perseguidos con saña por columnas españolas, hasta que el 20 de abril hizo contactos con tropas cubanas en la jurisdicción de Mayarí Arriba, cerca de Santiago de Cuba.
A partir de ese momento, y como lo presentía Martínez Campos, la guerra en Cuba tomó otro cauce y pronto, el machete titán se hizo sentir en toda la comarca para enardecer los corazones de los cubanos y llenar de gloria a la Patria en su camino hacia la independencia.
En la madrugada del primero de abril de 1895, después de siete días de azarosa navegación, llegaban a Cuba por Playa Duaba, en Baracoa, el General Antonio Maceo, su hermano José, Flor Crombet y una veintena de patriotas más.
Venían el Titán de Bronce y sus hombres a cumplir con el compromiso juramentado 18 años atrás en Mangos de Baraguá: luchar hasta que la Patria fuera definitivamente libre e independiente.
Desde el 24 de febrero de 1895 la bochornosa tregua impuesta por el Pacto del Zanjón había sido rota, con el reinicio de la guerra necesaria, pero las acciones demandaban del empuje del machete y el coraje del Titán, para encender la manigua de un extremo a otro de la isla.
Ese propio día, el primero de abril, a tan solo unas horas del arribo, el general Antonio y su pequeño grupo de patriotas, se enfrentaban a una columna española que les perseguía derrotándole y haciéndole huir despavorida al escuchar el grito de: ¡Aquí está Maceo! ¡!Viva Cuba Libre!
A pesar de los esfuerzos de España por impedir el regreso de Antonio Maceo a la isla, la noticia de su llegada se regó como pólvora y llegó hasta su propia península, donde el diario "El Imparcial" anunció la misma.
Para que se tenga una idea de lo que ese hecho representó para los españoles, basta solo señalar que el 3 de abril de 1895 se dirigieron hacia la isla el General Martínez Campos y otros oficiales y tras de ellos 20 mil hombres más, con los que pensaba aplastar la insurrección.
Martínez Campos conocía bien a Maceo y su intransigencia, hecha patente en Baraguá en marzo de 1878 y sabía además, que con el Titán en la isla la guerra adquiriría otro carácter.
Los días que precedieron al desembarco en Duaba no fueron fáciles para el general Antonio y sus hombres. Durante varias jornadas fueron perseguidos con saña por columnas españolas, hasta que el 20 de abril hizo contactos con tropas cubanas en la jurisdicción de Mayarí Arriba, cerca de Santiago de Cuba.
A partir de ese momento, y como lo presentía Martínez Campos, la guerra en Cuba tomó otro cauce y pronto, el machete titán se hizo sentir en toda la comarca para enardecer los corazones de los cubanos y llenar de gloria a la Patria en su camino hacia la independencia.
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