Plaza de la revolución

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lunes, 21 de octubre de 2019

El Moncada antes y después de 1953

Por Yulia Nela González Bazán

Santiago de Cuba, 21 oct.— El Cuartel Moncada, fortaleza militar atacada por un grupo de jóvenes liderados por Fidel Castro con la finalidad de armar al pueblo para luchar contra la opresión existente en la época, posee una historia de más de 150 años, coronada por la humana labor de formar a miles de niños cada año desde 1960.

Sus antecedentes se remontan al año 1859, cuando la creciente rebeldía de la zona llevó al entonces Brigadier español Carlos de Vargas Manchuca, a la construcción del Cuartel de Nuevo Presidio, una instalación que con pocos cambios en su estructura posteriormente pasaría a llamarse cuartel de reina mercedes.

Desde tan lejana fecha el historial represivo del cuartel lo identificaría. Durante las guerras de independencia no pocos patriotas sufrieron prisión en este lugar, como es el caso de Guillermón Moncada. Y así continuó hasta un incendio de causas desconocidas que lo dejara totalmente desbastado.

Es así cuando el cuartel, que ya había sido rebautizado como Moncada, comienza una nueva etapa con la asignación de 100 mil pesos para su reconstrucción. Con esta acción Batista pretendía ganarse la simpatía de los militares de esta región del país.

La obra fue acometida por miembros del ejército e incluyó un nuevo proyecto con paredes de concreto, alcantarillado, y otras labores que le darían una imagen renovada. Sin embargo su fama de sitio de férrea represión perduraría, y el 26 de julio de 1953 cuando el Moncada cobra una connotación histórica de gran significación para los cubanos al ser asaltado por un grupo de jóvenes revolucionarios dirigidos por Fidel Castro.

El 28 de enero de 1960 el Moncada se convierte en ciudad escolar 26 de julio y el Comandante en Jefe hace entrega al Ministerio de Educación. Hoy en lugar de terror en este sitio se siembra futuro de la mano de la esperanza.

Mientras en el bloque contiguo a la posta tres se encuentra desde hace 4 décadas el Museo Histórico 26 de julio, testimonio gráfico de la última y definitiva etapa de la gesta libertaria por la definitiva independencia.

miércoles, 24 de julio de 2019

Santiagueros en las acciones del 26 de Julio de 1953

Por Margarita Piedra Cesar

Santiago de Cuba, 24 jul.— Siempre se ha dicho que Renato Guitart Rosell fue el único santiaguero que participó en las acciones del 26 de Julio de 1953 en Santiago de Cuba, lo que no se corresponde con la realidad, pues otros seis revolucionarios nacidos en la indómita ciudad u otras de la actual provincia estuvieron también vinculados a estos hechos.

Renato, cierto es, fue el santiaguero más cercano a la dirección del movimiento de la Generación del Centenario y era como el lugarteniente del joven abogado Fidel Castro en la ciudad de Santiago de Cuba, llegando a conocer en detalles los planes del asalto al Cuartel Moncada, participando incluso en su elaboración junto al líder del movimiento que depositó en el joven de apenas 23 años toda su confianza.

Pero también formaban parte de la Juventud del Centenario los santiagueros Pedro Miret Prieto, Emilio Albentosa Chacón y Léster Rodríguez Pérez, que como cientos de jóvenes de Santiago de Cuba se habían trasladado a la capital del país en busca de mejores oportunidades y allí se vincularon al movimiento revolucionario de Fidel.

Por su parte, en otra ciudad oriental, la de Palma Soriano, existía una cédula de la Juventud del Centenario que estaba integrada por Teodulio Mitchel Barbán y Nito Ortega, siendo el responsable de este grupo Pedro Celestino Aguilera, quien en abril de 1953 se había entrevistado con Fidel después de una visita que este realizara a Santiago de Cuba.

Teodulio se desempeñó como instructor militar de algunos asaltantes, además de ser el chofer que condujo el auto en que Fidel se trasladó hacia Santiago de Cuba, pocas horas antes del asalto al Cuartel Moncada en la madrugada del 26 de julio de 1953.

Los cuatro santiagueros y tres palmeros, integrantes del movimiento de la Juventud del Centenario en el territorio oriental, tomaron parte en las acciones del 26 de Julio de 1953 en el Cuartel Moncada, excepto Pedro Celestino Aguilera, quien tomó parte en el asalto al Cuartel Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo.

De estos hijos de la actual provincia de Santiago de Cuba, dos murieron en el asalto al Cuartel Moncada, Renato Guitart Rosell, caído en la acción de la Posta 3 de la fortaleza y Oscar Alberto Ortega Lora, conocido por Nito, quien fuera asesinado posteriormente.

En este aniversario 66 de las acciones del 26 de julio, Santiago de Cuba recuerda a sus mártires que acudieron a la cita de honor con la patria y José Martí.

viernes, 26 de enero de 2018

1953: José Martí comenzaba a renacer

Por Armando Fernández Martí

Santiago de Cuba, 26 ene.— 1953 era el año en que se cumplía el Centenario del natalicio de José Martí llamado el Apóstol de la Independencia de Cuba, aunque ese sueño del maestro nunca fue cumplido hasta 1959.

La propia muerte de Martí, el 19 de mayo de 1895, fue el más duro golpe recibido por la Revolución que él había continuado, abortada la de Céspedes, bajo la conducción de un Partido único que tuvo como premisa la unidad de todos los cubanos.

Lo que tanto temiera Martí sucedió después de su muerte: que Estados Unidos con su poderío cayera sobre nuestra isla y se apoderara de ella económica y políticamente, aunque utilizara de pantalla una República mediatizada, sumisa y estrangulada por la Enmienda Platt impuesta a la Constitución.

Sobrevino entonces el desprecio del “Norte Revuelto y Brutal” sobre los cubanos y más que todo, el desprecio hacia la patria “Con todos y para el bien de todos” que había deseado Martí para su pueblo, y donde la Justicia Social y el Humanismo constituyeran la base de la existencia de a República.

Pudiera decirse que en esa República Neocolonial bajo la bota del poderoso vecino, la muerte de José Martí estaba decretada. El ejemplo de su vida, su pensamiento, su obra y acción, eran demasiado peligroso para mantenerlo vivo.

Durante el período pseudo-republicano apenas se hablaba de Martí y solo unas pocas acciones de quienes en verdad le amaban, lograron que sobreviviera a duras penas la figura del maestro, una patria donde se le daba más valor a la intervención norteamericana de 1898, que al legado patriótico de Martí, Céspedes, Agramonte, Maceo y todo el Ejército Libertador que durante más de 30 años luchó por la independencia.

Más que Patria aquello era una vergüenza, a pesar de que siempre hubo hombres que se inspiraron en el ideario martiano para reivindicar los sueños del héroe y lograr la libertad y la independencia a la cual Martí entregó casi su vida entera.

En 1953 “parecía que el apóstol iba a morir en el año de su centenario”. Pero su pueblo humilde y trabajador, su pueblo aguerrido, su pueblo valiente y fuerte, impediría que eso sucediera y en la mañana gloriosa del 26 de Julio, más que un centenar de jóvenes llegaron hasta el pie de su tumba para juramentar ser libres o mártires. José Martí comenzaba a renacer.

jueves, 26 de julio de 2012

26 de Julio de 1953 en el recuerdo

Autor : Armando Fernández Martí

"Ya estamos en combate", la voz vibrante del poeta devino en la voz enérgica de la Patria mandando a aquellos más de 100 hombres al cumplimiento de un deber: libertarla. Después Fidel les habló, expuso el plan, los riesgos y les invitó a la lucha. Ellos le siguieron valientemente sin miedo.

Cuando los autos recorrían los más de 15 kilómetros entre la Granjita Siboney y la ciudad, el silencio de la madrugada permitía escuchar claramente un canto: "no temáis una muerte gloriosa, que morir por la Patria es vivir". Cuántos entonces no pensaron en esa posibilidad. Cuánta incertidumbre en cada rostro, en cada corazón.

Tal vez para muchos la calurosa madrugada del julio santiaguero se tornó fría. Es lógico, la posibilidad de la muerte siempre aterra y eso no es cobardía. No enfrentarla si lo es.

Al entrar en la ciudad, todavía de carnavales, cada grupo tomó su rumbo en busca de los objetivos propuestos. Los primeros disparos hicieron pensar a todos que el factor sorpresa, principal propósito de la acción, había fallado. El éxito esperado así se distanciaba y las manos jóvenes apretaron los gatillos de aquellas armas, que más bien parecían para un juego que para tomar aquella fortaleza encerrados entre poderosos muros, como para no permitir el paso de la historia.

Pero se equivocaron, porque el amor a la libertad propició derroches de valor y los corazones se enardecieron, como cuando aquellos mambises del 68 y el 95 cargaban contra el poderío de la colonia y a golpes de machetes lograban victorias.

Pero esta vez no la hubo, porque la desigualdad del combate en hombres y armas lo impidió. La mañana de la Santa Ana se tornó entonces del color de la sangre y la fortaleza toda se salpicó de ella por los crímenes cometidos contra los asaltantes. Más de 60 murieron de una u otra forma, pero pocos en el fragor del combate verdadero. Algunos lograron dispersarse por la ciudad, que los acogió y otros se fueron a las montañas cercanas a continuar la lucha iniciada.

Ninguno se arrepintió de haber venido hasta donde descansaban los restos del Apóstol, para no dejarlo morir, en el Año del Centenario, aunque muchos sabían que la muerte les rondaba, como espada certera sobre sus cabezas.

Después de aquel 26 de Julio se acabó el silencio en la Patria. Ya nada ni nadie pudo detener el ejemplo de aquellos muertos y de los vivos, para que cada cubano se sintiera en el deber de continuar por el sendero emprendido el camino de la victoria y con ella la libertad.

59 años después de aquella gloriosa jornada contamos los hechos de aquel 26, no como un pasaje a a historia, sino como la historia misma de la Patria, que ya libre y soberana, se sabe indetenible, como los que ese día marcharon al combate entonando el himno de Bayamo: "En cadena vivir es vivir, en afrenta y oprobio sumidos, del clarín escuchad el sonido, a las armas valientes, corred".

¡Gloria a la mañana de la Santa Ana!, ¡Gloria a los Héroes y Mártires del Moncada!, ¡Gloria a Cuba!