Plaza de la revolución

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jueves, 1 de noviembre de 2018

Prevenir primero, siempre prevenir

Por Aída Quintero Dip

Santiago de Cuba, 1 nov.— Si prevenir tiene tanto valor como acometer, en el contexto familiar ese concepto acentúa su mérito, especialmente  con respecto a la atención y formación de los hijos e hijas porque el hogar desempeña un papel de primerísimo orden en la forja del carácter, actitudes y la responsabilidad de  los descendientes.

En el interés de que puedan asumir en mejores condiciones su misión en la sociedad, los padres y madres tienen la encomienda de moldear como verdaderos orfebres la personalidad desde la cuna, donde se gana o de pierde el difícil oficio de fundar valores en las nuevas generaciones.

Estos tiempos exigen más que nunca elevar la cultura política de la familia, sus convicciones y principios, y propiciar el debate de ideas en el seno del hogar, para poder guiar con efectividad los sentimientos y acciones de sus hijos en el transcurso de la vida.

La escuela, la comunidad y la sociedad en general deben ir de la mano también en un solo haz, junto al núcleo familiar, para asumir la gran responsabilidad de consolidar los valores humanos que defendemos.

Con seguridad la formación que se logre primero en casa será vital para vivir en una nación sin los peligros y sobresaltos de la drogadicción, la prostitución, la violencia y la indisciplina social.

Es una batalla en la que están involucrados todos y en la que hay que ser tan vigilantes como severos, en el interés de que los barrios conserven la tranquilidad y seguridad conquistadas, y crezca ese renacer de la confianza en que podemos lograr un ambiente social sano.

En la misma medida en que se ha demostrado con los hechos la viabilidad de la estrategia de la Revolución para la coyuntura actual, se está urgido de vencer la batalla en el ámbito del comportamiento ciudadano y la preservación de las mejores tradiciones que nos definen como pueblo.

El énfasis debe ser ante quienes adoptan una actitud de indiferencia y apatía en torno a los deberes de convivencia y del comportamiento social y moral.

La experiencia  confirma que no existe mejor legado para los hijos, ni recompensa más gratificante para los padres que la forja de una generación de arraigados sentimientos patrióticos, de solidaridad, honradez, honestidad y respeto al derecho ajeno.

Es preciso saber que la acción antisocial no es únicamente aquella que viola las leyes y normas establecidas por las autoridades competentes y alcanza categoría de delito; está presente, igualmente, en las conductas que ofenden el derecho, la moral, la dignidad y la cultura.

Por eso hay que defender siempre el concepto de prevenir primero, y luego enfrentar con valentía las indisciplinas, conductas antisociales y los problemas,  fundamentalmente en el hogar, donde podemos influir hasta lograr su transformación.

La  grandeza de la familia también está  en la capacidad de crecerse y probarse ante situaciones difíciles que son, igualmente, definitorias porque convocan a  forjar mejores seres humanos, capaces de  protagonizar acciones enaltecedoras que la sociedad seguramente premia.

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