
Por PL
La
Habana, 28 mar.— El líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, afirmó
que nadie debe hacerse ilusiones de que Cuba renunciará a la gloria y
los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo
de la educación, ciencia y cultura.
En un artículo titulado El hermano Obama
y divulgado hoy aquí, Fidel Castro advierte además que "somos capaces
de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con
el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo.
No necesitamos que el imperio nos regale nada".
Prensa Latina transmite a continuación el texto íntegro del artículo:
El hermano Obama
Los
reyes de España nos trajeron a los conquistadores y dueños, cuyas
huellas quedaron en los hatos circulares de tierra asignados a los
buscadores de oro en las arenas de los ríos, una forma abusiva y
bochornosa de explotación cuyos vestigios se pueden divisar desde el
aire en muchos lugares del país.
El turismo hoy, en gran parte,
consiste en mostrar las delicias de los paisajes y saborear las
exquisiteces alimentarias de nuestros mares, y siempre que se comparta
con el capital privado de las grandes corporaciones extranjeras, cuyas
ganancias si no alcanzan los miles de millones de dólares per cápita no
son dignas de atención alguna.
Ya que me vi obligado a mencionar
el tema, debo añadir, principalmente para los jóvenes, que pocas
personas se percatan de la importancia de tal condición en este momento
singular de la historia humana. No diré que el tiempo se ha perdido,
pero no vacilo en afirmar que no estamos suficientemente informados, ni
ustedes ni nosotros, de los conocimientos y las conciencias que
debiéramos tener para enfrentar las realidades que nos desafían. Lo
primero a tomar en cuenta es que nuestras vidas son una fracción
histórica de segundo, que hay que compartir además con las necesidades
vitales de todo ser humano. Una de las características de este es la
tendencia a la sobrevaloración de su papel, lo cual contrasta por otro
lado con el número extraordinario de personas que encarnan los sueños
más elevados.
Nadie, sin embargo, es bueno o es malo por sí
mismo. Ninguno de nosotros está diseñado para el papel que debe asumir
en la sociedad revolucionaria. En parte, los cubanos tuvimos el
privilegio de contar con el ejemplo de José Martí. Me pregunto incluso
si tenía que caer o no en Dos Ríos, cuando dijo "para mí es hora", y
cargó contra las fuerzas españolas atrincheradas en una sólida línea de
fuego. No quería regresar a Estados Unidos y no había quién lo hiciera
regresar. Alguien arrancó algunas hojas de su diario. ¿Quién cargó con
esa pérfida culpa, que fue sin duda obra de algún intrigante
inescrupuloso? Se conocen diferencias entre los Jefes, pero jamás
indisciplinas. "Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su
suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha", declaró el glorioso
líder negro Antonio Maceo. Se reconoce igualmente en Máximo Gómez, el
jefe militar más disciplinado y discreto de nuestra historia.
Mirándolo
desde otro ángulo, cómo no admirarse de la indignación de Bonifacio
Byrne cuando, desde la distante embarcación que lo traía de regreso a
Cuba, al divisar otra bandera junto a la de la estrella solitaria,
declaró: “Mi bandera es aquella que no ha sido jamás mercenaria…”, para
añadir de inmediato una de las más bellas frases que escuché nunca: “Si
deshecha en menudos pedazos llega a ser mi bandera algún día… ¡nuestros
muertos alzando los brazos la sabrán defender todavía!...”. Tampoco
olvidaré las encendidas palabras de Camilo Cienfuegos aquella noche,
cuando a varias decenas de metros bazucas y ametralladoras de origen
norteamericano, en manos contrarrevolucionarias, apuntaban hacia la
terraza donde estábamos parados. Obama había nacido en agosto de 1961,
como él mismo explicó. Más de medio siglo transcurriría desde aquel
momento.
Veamos sin embargo cómo piensa hoy nuestro ilustre visitante:
"Vine
aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en las
Américas. Vine aquí extendiendo la mano de amistad al pueblo cubano".
De inmediato un diluvio de conceptos, enteramente novedosos para la mayoría de nosotros:
"Ambos
vivimos en un nuevo mundo colonizado por europeos". Prosiguió el
Presidente norteamericano. "Cuba, al igual que Estados Unidos, fue
constituida por esclavos traídos de África; al igual que Estados Unidos,
el pueblo cubano tiene herencias en esclavos y esclavistas".
Las
poblaciones nativas no existen para nada en la mente de Obama. Tampoco
dice que la discriminación racial fue barrida por la Revolución; que el
retiro y el salario de todos los cubanos fueron decretados por esta
antes de que el señor Barack Obama cumpliera 10 años. La odiosa
costumbre burguesa y racista de contratar esbirros para que los
ciudadanos negros fuesen expulsados de centros de recreación fue barrida
por la Revolución Cubana. Esta pasaría a la historia por la batalla que
libró en Angola contra el apartheid, poniendo fin a la presencia de
armas nucleares en un continente de más de mil millones de habitantes.
No era ese el objetivo de nuestra solidaridad, sino ayudar a los pueblos
de Angola, Mozambique, Guinea Bissau y otros del dominio colonial
fascista de Portugal.
En 1961, apenas un año y tres meses después
del Triunfo de la Revolución, una fuerza mercenaria con cañones e
infantería blindada, equipada con aviones, fue entrenada y acompañada
por buques de guerra y portaviones de Estados Unidos, atacando por
sorpresa a nuestro país. Nada podrá justificar aquel alevoso ataque que
costó a nuestro país cientos de bajas entre muertos y heridos. De la
brigada de asalto proyanki, en ninguna parte consta que se hubiese
podido evacuar un solo mercenario. Aviones yankis de combate fueron
presentados ante Naciones Unidas como equipos cubanos sublevados.
Es
de sobra conocida la experiencia militar y el poderío de ese país. En
África creyeron igualmente que la Cuba revolucionaria sería puesta
fácilmente fuera de combate. El ataque por el Sur de Angola por parte de
las brigadas motorizadas de Sudáfrica racista los lleva hasta las
proximidades de Luanda, la capital de este país. Ahí se inicia una lucha
que se prolongó no menos de 15 años. No hablaría siquiera de esto, a
menos que tuviera el deber elemental de responder al discurso de Obama
en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.
No intentaré
tampoco dar detalles, solo enfatizar que allí se escribió una página
honrosa de la lucha por la liberación del ser humano. De cierta forma yo
deseaba que la conducta de Obama fuese correcta. Su origen humilde y su
inteligencia natural eran evidentes. Mandela estaba preso de por vida y
se había convertido en un gigante de la lucha por la dignidad humana.
Un día llegó a mis manos una copia del libro en que se narra parte de la
vida de Mandela y Âíoh, sorpresa!: estaba prologado por Barack Obama.
Lo ojeé rápidamente. Era increíble el tamaño de la minúscula letra de
Mandela precisando datos. Vale la pena haber conocido hombres como
aquel.
Sobre el episodio de Sudáfrica debo señalar otra
experiencia. Yo estaba realmente interesado en conocer más detalles
sobre la forma en que los sudafricanos habían adquirido las armas
nucleares. Solo tenía la información muy precisa de que no pasaban de 10
o 12 bombas. Una fuente segura sería el profesor e investigador Piero
Gleijeses, quien había redactado el texto de "Misiones en conflicto: La
Habana, Washington y África 1959-1976"; un trabajo excelente. Yo sabía
que él era la fuente más segura de lo ocurrido y así se lo comuniqué; me
respondió que él no había hablado más del asunto, porque en el texto
había respondido a las preguntas del compañero Jorge Risquet, quien
había sido embajador o colaborador cubano en Angola, muy amigo suyo.
Localicé a Risquet; ya en otras importantes ocupaciones estaba
terminando un curso del que le faltaban varias semanas. Esa tarea
coincidió con un viaje bastante reciente de Piero a nuestro país; le
había advertido a este que Risquet tenía ya algunos años y su salud no
era óptima. A los pocos días ocurrió lo que yo temía. Risquet empeoró y
falleció. Cuando Piero llegó no había nada que hacer excepto promesas,
pero ya yo había logrado información sobre lo que se relacionaba con esa
arma y la ayuda que Sudáfrica racista había recibido de Reagan e
Israel.
No sé que tendrá que decir ahora Obama sobre esta
historia. Ignoro qué sabía o no, aunque es muy dudoso que no supiera
absolutamente nada. Mi modesta sugerencia es que reflexione y no trate
ahora de elaborar teorías sobre la política cubana.
Hay una cuestión importante:
Obama
pronunció un discurso en el que utiliza las palabras más almibaradas
para expresar: "Es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado,
miremos el futuro, mirémoslo juntos, un futuro de esperanza. Y no va a
ser fácil, va a haber retos, y a esos vamos a darle tiempo; pero mi
estadía aquí me da más esperanzas de lo que podemos hacer juntos como
amigos, como familia, como vecinos, juntos".
Se supone que cada
uno de nosotros corría el riesgo de un infarto al escuchar estas
palabras del Presidente de Estados Unidos. Tras un bloqueo despiadado
que ha durado ya casi 60 años, ¿y los que han muerto en los ataques
mercenarios a barcos y puertos cubanos, un avión de línea repleto de
pasajeros hecho estallar en pleno vuelo, invasiones mercenarias,
múltiples actos de violencia y de fuerza?
Nadie se haga la
ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la
gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el
desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura.
Advierto
además que somos capaces de producir los alimentos y las riquezas
materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro
pueblo. No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros
esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la
paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este
planeta.