Por Casa Dranguet/Foto Carlos Manuel Ponce Sosa
Santiago de Cuba, 16 feb.— Si hoy existe en Santiago de Cuba un Corredor Patrimonial Las Enramadas, un Paseo Marítimo, una Trocha y una Plaza de Marte, todos reverdecidos, deben parte de su lozanía al Proyecto de Reanimación Urbana Callejón del Carmen, que demostró –hace una década ya– que un área citadina podía convertirse en un sitio más amigable con las personas.
En el Callejón del Carmen por primera vez se soterraron en Santiago de Cuba, en un proyecto de este tipo, las líneas telefónicas y eléctricas, se empleó un pavimento diferente al que habitualmente se usa en las franjas rodadas, y se eliminaron las aceras para que la calle luciera más amplia.
Además, se le dio preponderancia a la actividad comercial, específicamente a la privada, y se crearon una serie de facilidades, como toldos, luminarias y ambientación, que apoyaran el trabajo del sector cuentapropista.
Hasta ese entonces, en Santiago de Cuba no se había acometido una iniciativa de ese tipo, con soluciones que luego se emplearían en proyectos como las intervenciones en el Área Monumental 26 de Julio, los Anillos Fundacionales de la urbe, y los mencionados Corredor Patrimonial Las Enramadas, Plaza de Marte, Trocha y el Paseo Marítimo.
El Proyecto de Reanimación Urbana Callejón del Carmen inició en 2007 y terminó en 2009, vincula el Corredor Patrimonial Las Enramadas y Santo Tomás y por sus aportes mereció tres premios, dos de ellos en el Salón Nacional de Arquitectura y uno por Buenas Prácticas, en 2009.
En la actualidad, aunque requiere ciertos cuidados y mayor exigencia en el cumplimiento de las normas y regulaciones que existen, ha impulsado otras iniciativas y proyectos que abogan por convertir diferentes zonas citadinas en áreas peatonales, una apuesta por el turismo de ciudad y hacer más amigable a Santiago de Cuba.
Plaza de la revolución
Plaza de la revolución
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viernes, 16 de febrero de 2018
domingo, 24 de mayo de 2015
Emilio Bacardí, precursor de la cultura santiaguera
Santiago de Cuba, 24 may.— Por estos tiempos en que Santiago de Cuba se prepara para festejar el Aniversario 500 de la Villa de Santiago Apóstol, es bueno tener presente a aquellos hombres y mujeres que con sus esfuerzos, en cualquier sentido, contribuyeron a engrandecer la ciudad.
Tal es el caso de Emilio Bacardí Moreau,
cuyas huellas han quedado imborrables en Santiago de Cuba, por lo mucho
que le dio e hizo por la ciudad antes y después del período
republicano, como la fundación en 1899 del primer museo de Cuba, que hoy
lleva su nombre, y que constituye un baluarte de la cultura, no solo de
Santiago, sino de toda la isla.
Emilio Bacardí Moreau, había nacido en Santiago de Cuba el 5 de junio de 1844 y entre 1868 y 1898, participó en múltiples actividades conspirativas contra España, por lo que fue llevado a prisión y al destierro por largos años, y solo pudo regresar a la isla tras el fin de la Guerra de Independencia.
Al producirse la derrota de España, Emilio Bacardí asume la alcaldía municipal de Santiago de Cuba, dedicándose con fervor a esa tarea y sobre todo, a mejorar aspectos sociales de la población, entre ellos, la construcción de escuelas y otras obras públicas, como el propio museo que lleva su nombre, la Biblioteca que lleva hoy el nombre de su esposa Elvira Cape, la Escuela de Bellas Artes y la Banda de Música Municipal.
En 1901 Emilio Bacardí fue elegido nuevamente alcalde por la población, ocasión en que oficializó dos bellas tradiciones de la ciudad: La Fiesta de la Bandera los 31 de diciembre a las 12 de la noche y comenzar y finalizar con el Himno Nacional las retretas de la Banda Municipal, en la Plaza de Armas, hoy Parque Céspedes.
Su vida pública fue más allá de su natal Santiago y en 1906 fue electo Senador de la República, posición desde la cual combatió la corrupción administrativa y la prepotencia de los más poderosos, fustigando a aquellos que apelaban a la intervención norteamericana para resolver los problemas de la isla.
Como intelectual, Emilio Bacardí dejó escritas un gran número de obras, entre ellas sus crónicas de Santiago de Cuba, que en 10 tomos muestran la vida cotidiana de la ciudad desde su fundación en 1515 hasta los albores del Siglo XX.
Emilio Bacardí Moreau murió el 28 de agosto de 1922 a la edad de 78 años, después de una fructífera vida a la cual Santiago de Cuba a debe mucho y por lo que habrá que recordarlo siempre como lo que, fue un benefactor de la ciudad.
Emilio Bacardí Moreau, había nacido en Santiago de Cuba el 5 de junio de 1844 y entre 1868 y 1898, participó en múltiples actividades conspirativas contra España, por lo que fue llevado a prisión y al destierro por largos años, y solo pudo regresar a la isla tras el fin de la Guerra de Independencia.
Al producirse la derrota de España, Emilio Bacardí asume la alcaldía municipal de Santiago de Cuba, dedicándose con fervor a esa tarea y sobre todo, a mejorar aspectos sociales de la población, entre ellos, la construcción de escuelas y otras obras públicas, como el propio museo que lleva su nombre, la Biblioteca que lleva hoy el nombre de su esposa Elvira Cape, la Escuela de Bellas Artes y la Banda de Música Municipal.
En 1901 Emilio Bacardí fue elegido nuevamente alcalde por la población, ocasión en que oficializó dos bellas tradiciones de la ciudad: La Fiesta de la Bandera los 31 de diciembre a las 12 de la noche y comenzar y finalizar con el Himno Nacional las retretas de la Banda Municipal, en la Plaza de Armas, hoy Parque Céspedes.
Su vida pública fue más allá de su natal Santiago y en 1906 fue electo Senador de la República, posición desde la cual combatió la corrupción administrativa y la prepotencia de los más poderosos, fustigando a aquellos que apelaban a la intervención norteamericana para resolver los problemas de la isla.
Como intelectual, Emilio Bacardí dejó escritas un gran número de obras, entre ellas sus crónicas de Santiago de Cuba, que en 10 tomos muestran la vida cotidiana de la ciudad desde su fundación en 1515 hasta los albores del Siglo XX.
Emilio Bacardí Moreau murió el 28 de agosto de 1922 a la edad de 78 años, después de una fructífera vida a la cual Santiago de Cuba a debe mucho y por lo que habrá que recordarlo siempre como lo que, fue un benefactor de la ciudad.
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