Plaza de la revolución

Plaza de la revolución
Plaza de la revolución
Mostrando entradas con la etiqueta para siempre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta para siempre. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de noviembre de 2018

La historia perpetuó su inocencia para siempre

Por Armando Fernández Martí

Santiago de Cuba, 27 nov.— El fusilamiento de los 8 estudiantes de medicina el 27 de noviembre de 1871, hace hoy 147 años, no fue justicia, sino crimen; no fue política, sino venganza; no fue poder, sino impotencia.

Aquellos muchachos fueron acusados de algo que no hicieron: profanar los sepulcros de furibundos integristas españoles, entre ellos, del periodista Gonzalo de  Castañón.

De ello se les acusó y un primer Consejo de Guerra no pudo demostrar la veracidad de los hechos y las condenas fueron débiles, pero los voluntarios de la capital necesitaban sangre, la pedían, la exigían.

Fue por eso que un segundo Consejo de Guerra, aun sabiendo que eran inocentes, condenó a la pena de muerte por fusilamiento.

Por eso el 27 de noviembre de 1871 fueron ejecutados: Alfonso Álvarez de la Campa, Anacleto Bermúdez, Juan de Marcos Medina, Pascual Rodríguez, Carlos de la Torre, Eladio González, Ángel Laborde y Carlos Verdugo.

La condena por aquel crimen fue unánime, incluso entre los propios españoles, y los estudiantes fusilados pasaron a integrar el martirologio de nuestra incipiente patria.

En patrióticos versos José Martí los llamó: “Cadáveres amados los que un día/ ensueños de patria mía”…

Y más que ensueño, fueron, son y serán ejemplos de los estudiantes cubanos y sobre todo, de aquellos que han abrazado la noble profesión de médicos, de la cual tanto se enorgullece hoy Cuba.

sábado, 19 de mayo de 2018

José Martí, de cara al sol se levantó para siempre

Por Armando Fernández Martí

Santiago de Cuba, 19 may.— No hay hombres inmortales y una bala puede acabar con una vida en un instante, pero lo que no podrán todos los arsenales del mundo es matar las ideas de aquellos que han sembrado en el corazón de sus pueblos el amor a la libertad y la justicia a las que tienen derecho todos los que nacen y viven sobre la tierra.

José Martí es uno de esos hombres inmortales por sus ideas porque a él debemos los cubanos el haber aprendido que el hombre que se conforma con obedecer leyes injustas, no es un hombre honrado y el que tenga patria la honre, y el que no, que la conquiste.

No se conformaba Martí sólo con la prédica, pues no creía justo y honesto mandar a otros a morir por la libertad si nunca se había estado al frente de la caballería y sentir el olor a pólvora penetrar por la nariz. “Yo evoqué la guerra –decía-, y mi responsabilidad comienza con ella (…) Mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador. Morir callado. Para mí ya es hora”

Y esa hora la llegó, el 19 de mayo de 1895 en Dos Ríos. A pesar de habérsele ordenado permanecer en el campamento, él no vaciló marchar también hacia el combate, sin importarle el peligro, ni lo que representaba su muerte para la Revolución.

Horas antes de caer había sentenciado: “Se desaparecer, pero no desaparecerá mi ejemplo”. De cara al sol se levantó entonces para siempre.

Como cada 19 de mayo el pueblo va hasta su tumba para ponerle encima un ramo de flores y jurar ante la bandera que la cubre, que la libertad y la independencia con las que él soñara y que nos enseñó a conquistar, son hoy realidades de la Patria donde él siempre está presente, no en el mármol lúgubre y frío de una estatua, sino en el quehacer diario explosivo y de fuego de su Revolución que como un volcán esparce las cenizas de su ejemplo por todo el mundo.

Honrar honra