Por Armando Fernández Martí
Santiago de Cuba, 24 jun.— Poco conocido es por los cubanos que un compatriota nuestro, hijo de Bayamo, llegó a ser uno de los Generales que lucharon junto a Simón Bolívar por la independencia de Venezuela y que murió en una fecha como la de hoy 24 de junio, pero de 1821, durante la trascendental batalla de Carabobo, donde recibió un disparo en la cabeza.
Aunque Venezuela ha reclamado para sí la paternidad de este internacionalista cubano, lo cierto es que en la vivienda marcada actualmente con el número 175 de a calle Máximo Gómez en Bayamo, existe una placa que señala: “En esta casa nació el 6 de mayo de 1780 el General Manuel Cedeño, ayudante de campo del Libertador Simón Bolívar”
Según los investigadores bayameses, siendo joven Cedeño mostraba ansias de viajes y de aventuras y ello lo llevó hasta Haití donde ayudó a la instauración de la República en 1804. Posteriormente, se trasladó a la isla de Trinidad donde se unió a Sucre y otros patriotas que integrarían el glorioso ejército de Simón Bolívar.
El General Manuel Cedeño participó entre 1810 y 1820 en las más cruciales batallas lideradas por Bolívar y lo acompañó en 1818 en la Campaña del Cerro, mientras que como jefe de la segunda división del Ejército Libertador de Venezuela, el cubano fue uno de los principales protagonistas de la Batalla de Carabobo, donde el ejército español fue derrotado propiciando así la independencia de la nación sureña.
Sin embargo, en esta gloriosa batalla del 24 de junio de 1821 perdió a vida el bayamés devenido en ayudante de campo de Simón Bolívar, quien al siguiente día de este importante combate anotó en el parte de guerra que "este combatiente murió de modo heroico que merecía terminar la noble carrera de los bravos (…) la República ha perdido en el General Cedeño un grande apoyo en paz o en guerra, ninguno más valiente que él…”
Los restos del General Manuel Cedeño, cubano y bayamés, reposan desde el 16 de diciembre de 1942 en la nave central del panteón nacional de Venezuela, junto a esa pléyade de hombres que alumbraron el nacimiento de una nación o hasta un Continente, encabezado por el Libertador Simón Bolívar.
Independientemente de las contradicciones existentes sobre el origen del General Manuel Cedeño, cubano o venezolano, recordémosle hoy en el aniversario 197 de su caída en combate como lo que fue: un libertador de nuestra América, la de Bolívar y Martí, la de Fidel y Chávez, la de Venezuela y Cuba, dos patrias hermanas.
Plaza de la revolución
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domingo, 24 de junio de 2018
domingo, 17 de junio de 2018
Muere el Generalísimo Máximo Gómez, prócer de nuestra independencia
Por Armando Fernández Martí
Santiago de Cuba, 17 jun.— Fue triste para Cuba la fecha del 17 de junio de 1905, cuando sobre las seis de la tarde el médico de cabecera de Máximo Gómez Báez anunciaba a los presentes en su residencia de la Quinta de los Molinos, en La Habana: “El General ha muerto”
Qué ironía la del destino, pues aquel hombre que había escapado a la muerte en cientos de combates por la independencia de Cuba, fallecía sin embargo, como consecuencia de una pequeña e inofensiva herida que se hizo en la mano derecha la cual le produjo una grave infección que le costó la vida a la edad de 69 años.
Días antes, el Generalísimo había viajado a la ciudad de Santiago de Cuba con su esposa y dos hijas, para visitar a Maxito, otro de sus hijos varones que residía en la capital oriental, ocasión que aprovechó para tomar un descanso y de paso, alejarse de maquinaciones políticas en la que querían involucrarlo con fines electoreros.
En Santiago de Cuba, como en toda Cuba, Máximo Gómez era un ídolo, En las calles todos querían verle y saludarle y de tantos estrechones de mano, al parecer la pequeña herida se resintió e infectó, causándole mucha fiebre, por lo que el médico de cabecera, el Doctor José Pereda, dispuso el regreso del Generalísimo a la capital lo que hizo en un tren especial.
Ya en La Habana, en la Quinta de los Molinos, donde fue instalado, el estado de Gómez empeoró por días. Subió la fiebre, desvarió, los escalofríos se hacían insoportables, persistía la debilidad general y se detectó un acceso hepático a punto de supurar. Se llegó a la conclusión, y el propio General lo sabía de qué la muerte era inevitable y en la mañana del 17 de junio se despidió de su esposa Manana y de sus hijos Máximo, Urbano, Bernardo, Andrés, Clemencia y Margarita. Quince minutos antes de las seis de la tarde llegó al lugar el Presidente de la República, Tomás Estrada Palma, pero ya el enfermo estaba en estado de agonía.
El cadáver de Máximo Gómez Muerte Máximo Gómez, después de embalsamado, fue trasladado al Salón Rojo del Palacio Presidencial para que se le rindiera el merecido homenaje, con honores de Presidente de la República. El gobierno dispuso duelo nacional los días 18, 19 y 20 de junio.
El martes 20 de junio a las tres de la tarde, partió el cortejo fúnebre del generalísimo Máximo Gómez desde el Palacio Presidencia hasta el Cementerio de Colon, en la capital, trayecto donde el pueblo se agrupó para rendirle el último tributo a un hombre que había dedicado 30 años de su vida para ayudar a los cubanos a hacer patria. No hubo despedida de duelo ante su tumba. No la necesitó porque el Generalísimo se había convertido en un ser inmortal.
Así se le recuerda hoy 113 años después de su desaparición física, señala finalmente en esta crónica el periodista Armando Fernández Martí.
Santiago de Cuba, 17 jun.— Fue triste para Cuba la fecha del 17 de junio de 1905, cuando sobre las seis de la tarde el médico de cabecera de Máximo Gómez Báez anunciaba a los presentes en su residencia de la Quinta de los Molinos, en La Habana: “El General ha muerto”
Qué ironía la del destino, pues aquel hombre que había escapado a la muerte en cientos de combates por la independencia de Cuba, fallecía sin embargo, como consecuencia de una pequeña e inofensiva herida que se hizo en la mano derecha la cual le produjo una grave infección que le costó la vida a la edad de 69 años.
Días antes, el Generalísimo había viajado a la ciudad de Santiago de Cuba con su esposa y dos hijas, para visitar a Maxito, otro de sus hijos varones que residía en la capital oriental, ocasión que aprovechó para tomar un descanso y de paso, alejarse de maquinaciones políticas en la que querían involucrarlo con fines electoreros.
En Santiago de Cuba, como en toda Cuba, Máximo Gómez era un ídolo, En las calles todos querían verle y saludarle y de tantos estrechones de mano, al parecer la pequeña herida se resintió e infectó, causándole mucha fiebre, por lo que el médico de cabecera, el Doctor José Pereda, dispuso el regreso del Generalísimo a la capital lo que hizo en un tren especial.
Ya en La Habana, en la Quinta de los Molinos, donde fue instalado, el estado de Gómez empeoró por días. Subió la fiebre, desvarió, los escalofríos se hacían insoportables, persistía la debilidad general y se detectó un acceso hepático a punto de supurar. Se llegó a la conclusión, y el propio General lo sabía de qué la muerte era inevitable y en la mañana del 17 de junio se despidió de su esposa Manana y de sus hijos Máximo, Urbano, Bernardo, Andrés, Clemencia y Margarita. Quince minutos antes de las seis de la tarde llegó al lugar el Presidente de la República, Tomás Estrada Palma, pero ya el enfermo estaba en estado de agonía.
El cadáver de Máximo Gómez Muerte Máximo Gómez, después de embalsamado, fue trasladado al Salón Rojo del Palacio Presidencial para que se le rindiera el merecido homenaje, con honores de Presidente de la República. El gobierno dispuso duelo nacional los días 18, 19 y 20 de junio.
El martes 20 de junio a las tres de la tarde, partió el cortejo fúnebre del generalísimo Máximo Gómez desde el Palacio Presidencia hasta el Cementerio de Colon, en la capital, trayecto donde el pueblo se agrupó para rendirle el último tributo a un hombre que había dedicado 30 años de su vida para ayudar a los cubanos a hacer patria. No hubo despedida de duelo ante su tumba. No la necesitó porque el Generalísimo se había convertido en un ser inmortal.
Así se le recuerda hoy 113 años después de su desaparición física, señala finalmente en esta crónica el periodista Armando Fernández Martí.
sábado, 18 de febrero de 2012
Recordando a Rolando Pérez Quintosa
Autor :Armando Fernández Martí
Hoy 18 de febrero se están cumpliendo 20 años de la muerte del Sargento de Primera de la Policía Nacional Revolucionaria, Rolando Pérez Quintosa, quien fuera herido mortalmente de varios disparos cuando intentaba impedir que elementos contrarrevolucionarios secuestraron una lancha de la Base Náutica de Tarará, para fugarse del país.
Durante este hecho ocurrido en la madrugada del 9 de enero de 1992, dichos elementos atacaron a traición al custodio del Campamento de Pioneros José Martí, Rafael Guerra y al combatiente guardafrontera Oromán Dueñas, a quienes hirieron con armas blancas, dejándolos atados en la caseta de vigilancia del lugar, llevándose sus armas.
Tras intentar robarse una de las lanchas de esa Base Náutica y no poder hacerlo, los criminales regresaron a la caseta con el propósito de matar a los dos días jóvenes testigos de su vandalismo, los cuales ya eran auxiliados por los combatientes dela Policía Nacional Revolucionaria Yuri Gómez y Rolando Pérez Quintosa, que aunque ripostaron a los delincuentes el primero resultó muerto y el segundo herido de gravedad, ametrallando a mansalva a Guerra y Dueñas, que se encontraban amarrados y malheridos dentro de la caseta.
Trasladado de urgencia al Hospital Luis Díaz Soto, de la Habana del Este, el Sargento Pérez Quintosa, a pesar de su gravedad, identificó a uno de los autores del horrendo crimen y todos, cuatro en total, fueron capturados en las 24 horas siguientes.
Durante 40 días se mantuvo Pérez Quintosa en estado agónico siendo atendido por un equipo médico multidisciplinario que luchó con fervor por rescatar al joven de la muerte, por cuyo estado de salud se preocupaba diariamente el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien acudía personalmente el hospital.
Sin embargo, agotadas todas las posibilidades al alcance del personal médico que atendía al joven combatiente de la PNR, éste dejó de existir el 18 de febrero de 1992 debido a que tenía lesiones incompatibles con la vida y una sepsis generalizada contra las cuales no pudo la ciencia.
En la despedida de duelo del Sargento de Primera de la Policía Nacional Revolucionaria, Rolando Pérez Quintosa, a quien se le concedió post morten el título de Héroe de la República de Cuba, el Comandante en Jefe Fidel Castro denunció que este fue un crimen instigado por la asesina Ley de Ajuste Cubano, que tanto dolor ha causado a nuestro pueblo y que aún se mantiene vigente.
Dos de los autores del crimen de Tarará pagaron con sus vidas el horrendo crimen y otros dos fueron condenados a largas penas de prisión.
Hoy 18 de febrero se están cumpliendo 20 años de la muerte del Sargento de Primera de la Policía Nacional Revolucionaria, Rolando Pérez Quintosa, quien fuera herido mortalmente de varios disparos cuando intentaba impedir que elementos contrarrevolucionarios secuestraron una lancha de la Base Náutica de Tarará, para fugarse del país.
Durante este hecho ocurrido en la madrugada del 9 de enero de 1992, dichos elementos atacaron a traición al custodio del Campamento de Pioneros José Martí, Rafael Guerra y al combatiente guardafrontera Oromán Dueñas, a quienes hirieron con armas blancas, dejándolos atados en la caseta de vigilancia del lugar, llevándose sus armas.
Tras intentar robarse una de las lanchas de esa Base Náutica y no poder hacerlo, los criminales regresaron a la caseta con el propósito de matar a los dos días jóvenes testigos de su vandalismo, los cuales ya eran auxiliados por los combatientes dela Policía Nacional Revolucionaria Yuri Gómez y Rolando Pérez Quintosa, que aunque ripostaron a los delincuentes el primero resultó muerto y el segundo herido de gravedad, ametrallando a mansalva a Guerra y Dueñas, que se encontraban amarrados y malheridos dentro de la caseta.
Trasladado de urgencia al Hospital Luis Díaz Soto, de la Habana del Este, el Sargento Pérez Quintosa, a pesar de su gravedad, identificó a uno de los autores del horrendo crimen y todos, cuatro en total, fueron capturados en las 24 horas siguientes.
Durante 40 días se mantuvo Pérez Quintosa en estado agónico siendo atendido por un equipo médico multidisciplinario que luchó con fervor por rescatar al joven de la muerte, por cuyo estado de salud se preocupaba diariamente el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien acudía personalmente el hospital.
Sin embargo, agotadas todas las posibilidades al alcance del personal médico que atendía al joven combatiente de la PNR, éste dejó de existir el 18 de febrero de 1992 debido a que tenía lesiones incompatibles con la vida y una sepsis generalizada contra las cuales no pudo la ciencia.
En la despedida de duelo del Sargento de Primera de la Policía Nacional Revolucionaria, Rolando Pérez Quintosa, a quien se le concedió post morten el título de Héroe de la República de Cuba, el Comandante en Jefe Fidel Castro denunció que este fue un crimen instigado por la asesina Ley de Ajuste Cubano, que tanto dolor ha causado a nuestro pueblo y que aún se mantiene vigente.
Dos de los autores del crimen de Tarará pagaron con sus vidas el horrendo crimen y otros dos fueron condenados a largas penas de prisión.
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