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lunes, 24 de diciembre de 2018

El encanto del bolero, un regalo de nuestra ciudad a nuestro acervo cultural

Por Maria Elena López González

Santiago de Cuba, 24 dic.— Cuando se hable de boleros en Cuba, irremediablemente, hay que remitirse a esta ciudad suroriental que es la primigenia con la página de Pepe Sánchez, “Tristezas”, la inicial del género romántico, surgida a finales del siglo XIX.

Actualmente en los aires citadinos se escuchan joyas de este género y muchos sitios que les hacen reverencia: en el patio de la UNEAC, en ARTEX, la casa de la Trova, la casa de las tradiciones en el Tivolí en las calles con los piquetes de músicos que amenizan en esta etapa a las principales arterias de la urbe. La pista Pacho Alonso o el anfiteatro Mariana Grajales.

Hay que volver los ojos agradecidos a Santiago de Cuba, bolerista por excelencia y que le ha dado al orbe artistas de renombres, cultores de páginas de oro, dígase Enrique Bonne, Fernando Álvarez, Pacho Alonso, Santy Garay, La Lupe, y la pléyade de trovadores que cantaron al amor, háblese del mismo Pepe Sánchez, los Matamoros y Sindo Garay, quienes incursionaron por este camino del arte.

Las investigaciones indican para aquella época, dos siglos atrás, la isla de Cuba tenía lazos muy fuertes con España, así como su influencia musical. Aquel bolero español consistía en música con acompañamiento de castañuelas, tamboril y guitarra; era muy atrayente la versión hispana de movimiento danzante y ligero. Y que, también, su nombre podría tener sus orígenes en la expresión Voleo (volar) y que los bailes españoles muestran este voleo. De las cajas de madera, como percusión y  el uso de la guitarra llegó el bolero al Caribe, concretamente a Cuba, donde se le dio ese compás cadencioso y mágico con sus bongós, tumbadoras y guitarras.

Y entre historia e historias, se sabe que un sastre santiaguero, del barrio de los Hoyos, el mulato Pepe Sánchez, por el año 1883, se inspiró en una página inmortal, dándole el sello cubano al primer bolero en el Caribe. Fue el paso inicial del género en Latinoamérica y en el mundo.

Otros incursionan en diversos relatos y declaran que los mexicanos continuaron cultivando el género al igual que en Cuba y que al paso de los años, la tierra azteca lo adoptó.

Se reconoce que aunque no haya tenido la jerarquía del origen, México tiene una gran importancia para el desarrollo de esta música. Tanto, que muchos dicen que el bolero nació en el país de las rancheras.

“Tristezas” nació de la trova santiaguera, las letras del primer bolero, brotaron: “Tristezas me dan tus quejas mujer, profundo dolor que dudes de mí ; no hay prueba de amor que deje entrever, cuanto sufro y padezco por ti. La vida es adversa conmigo, no deja ensanchar mi pasión, un beso me diste un día, lo guardo en mi corazón'”.

En 1919, se extendió el género y apareció el primer ejemplar mexicano con la autoría de Armando Villarreal, ejecutante de violín, bajo el título “Morenita mía”. He aquí un fragmento: "Conocí a una linda morenita y la quise mucho. Por las tardes iba a enamorarla  y cariñoso a verla. Al contemplar sus ojos mi pasión crecía; ¡Hay Morena!! Morenita mía no te olvidaré…!

La radiodifusión por aquel entonces fue decisiva para la esparcimiento en el orbe. El siglo XX brilló con letras que aun hoy se interpretan; en los años 50, Lucho Gatica irrumpió como un himno; al igual que Olga Guillot, Vicentico Valdés, Daniel Santos, el trio Los Panchos, Agustín Lara, Cesar Portillo de la luz, en fin, voces que lo acrecentaron.

Según el musicólogo Helio Orovio, el bolero constituye la primera gran síntesis vocal de la música del país, que al traspasar fronteras registra permanencia universal; constituye la fusión de factores hispanos y afrocubanos, presentes en la línea acompañante de la guitarra y la melodía. Evolucionó con diversas variantes como el bolero-moruno, bolero-mambo y bolero-beguine, que dieron éxito a sus cultores.

Aunque esté muy vinculado desde siempre a bares, barras, victrolas, besos, pasiones, y males de amores, también es un género para disfrutar en grandes escenarios, por lo que en Cuba se creó el Festival internacional Boleros de Oro, cita relevante que reúne a compositores, intérpretes, investigadores y todos los amantes del género.

Organizado por la Asociación de Músicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba con el coauspicio del Ministerio de Cultura, el Instituto Cubano de la Música y el Instituto Cubano de Radio y Televisión; el evento se celebra en La Habana desde hace 31 años; en Santiago de Cuba tuvo su subsede por una larga temporada pero actualmente se festeja otro certamen durante el mes de junio titulado “Boleros en Santiago”.

Por supuesto, en la tierra de trovadores no podía faltar la pasión de los arpegios y el bolero es obra de amor. Las huellas se divisan en cada sitio de la ciudad protagonista de páginas duraderas que entran sin lugar a dudas en la tradición de los boleros de Oro. Nuestro Enrique Bonne, dice de los andares, cuando recalca “dame la mano y caminemos”, o “suenan las campanas de la iglesia…”.

Y en este comentario no podía faltar un artista que nunca se alejó de la ciudad y que su voz se escuchaba por toda el área caribeña; se trata de Santi Garay, quien falleciera en diciembre del 2008, el santiaguero creó su sonora para el disfrute de sus seguidores; privilegio de recuerdos, en el rincón del Bolero de Oro en la sede de la UNEAC; aquí se hurga sobre Santiago de Cuba y sus boleristas que retornan al universo noticioso cada vez que en cualquier parte del mundo se toque al género romántico musical.

sábado, 18 de febrero de 2017

Bolero Tradicional, un acercamiento al tema

Por Yulia Nela González Bazán

Santiago de Cuba, 18 feb.— Ya toca a las puertas de Santiago de Cuba una nueva edición del Festival de la trova Pepe Sánchez, una de los encuentros musicales de mayor arraigo en esta ciudad.

Por ello consideramos pertinente el acercamiento al bolero tradicional, género cantable y bailable de preferencia entre los amantes de la trova en esta tierra.

Al respecto podemos recordar sus inicios, en la segunda mitad del siglo XIX, entre los grupos de "cantadores" de la ciudad de Santiago de Cuba. Entre sus más tempranos cultores se considera a José Pepe Sánchez, por ser el pionero en la conformación de los caracteres formales y de contenido del género, que se manifiestan en boleros como el titulado "Tristezas.

Según estudios la estructura formal “comprendía dos períodos musicales de dieciséis compases, separados por un pasaje instrumental que era ejecutado por la guitarra. Podían estructurarse en modo mayor o menor y en ocasiones alternaban ambas modalidades”.

“En el Bolero Tradicional es total la mezcla de elementos hispanos y africanos, que aparecen tanto en el acompañamiento de la guitarra como en la melodía. El acento sonoro-percutivo del Cinquillo Cubano se impone a las palabras del texto literario, en compás de dos por cuatro. Es de señalar que en sus orígenes, de acuerdo a testimonios de Rosendo Ruiz, padre, el bolero era una forma cantable y bailable con textos que tenía cualquier contenido, a veces alejado del tema amoroso o patriótico que después lo caracterizó.”

“Antes de la fijación estructural hecha por Sánchez, lo que se conocía por bolero (que no era el español, pero tampoco el cubano como se caracterizó después) no tenía una estructura fija. Por lo que podemos inferir, a partir de semejanzas como forma cantable y bailable, de textos jocosos en ocasiones, interpretados igualmente a guitarra, así como en el nombre mismo, que las diferencias entre el bolero español y el cubano no son tan radicales como se expone generalmente.”

“En cuanto a la diferencia en el compás utilizado, existe evidencia de cómo los ritmos ternarios llegados a América se fueron binarizando en un proceso de nacionalización de esas formas musicales, que se mezclaban espontáneamente con otras y en las que influía la manera de ejecutar de los músicos, como se ha demostrado que ocurrió en la cubanización de las contradanzas en viaje de transformación hacia La Habana.”

Entre los boleros tradicionales más conocidos están “La tarde” y “Retorna” de Sindo Garay;  “Y Tú ¿Qué Has Hecho?” de Eusebio Delfín; “Ella y Yo” de Oscar Hernández; “Si Llego a Besarte” de Luís Casas Romero, y “Juramentos” de Miguel Matamoros.

Deviene entonces el Festival de la Trova oportunidad inigualable para acercar a este género a través de las interpretaciones de los nuevos cultores del género en esta ciudad donde estamos seguros no lo dejarán morir jamás.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Patio del bolero, nueva oferta para la recreación nocturna

Por Marlene Montoya Masa

Santiago de Cuba, 25 dic.— El Patio del bolero es la nueva opción recreativa de la Empresa Extrahotelera Palmares, en Santiago de Cuba, para reanimar la vida nocturna de la ciudad, en aras del disfrute de un género musical con muchos seguidores.

Desde hace pocos días el Patio funciona en el restaurante Don Antonio –ubicado en la céntrica Plaza de Dolores– e íntimo espacio interior, con una fuente de agua y plantas que hacen acogedor el lugar.
 
Allí se disfruta de la música grababa y de las descargas de vocalistas con sus invitados, estas últimas a partir de las 10 de la noche.
 
También hay declamaciones de poemas de amor que realizan artistas o el propio público, pinceladas humorísticas y otras iniciativas que propician un intercambio informal entre los asistentes, en un clima familiar.
 
Conocidos solistas del Cabaret Tropicana Santiago alternan en las noches de lunes a domingo, entre ellos Marilis González, Ricardo Sierra, Yaima Pérez, María Julia Carcasés, Janisel Pérez, Leonel Bouza, Marielena Tamayo, Adriana Guitart y muchos otros, con instrumentistas acompañantes.
 
Yoilán Maceo dirige la producción y dirección artística del proyecto denominado De vuelta al bolero, de Palmares y la agencia Turarte.
 
El restaurante Don Antonio cuenta con un salón principal que tiene una excelente vista hacia el populoso espacio público, el bar El Marqués y el patio, ahora dedicado a ensalzar al bolero.
 
Esa unidad debe su nombre a uno de los propietarios de la antigua finca allí enclavada en tiempos de la colonia: Don Antonio Vaillant y Valiente, Marqués de la Candelaria de Yarayabo.

lunes, 22 de agosto de 2016

Santiago de Cuba, la primigenia del bolero como género musical

Por María Elena López Jiménez

Santiago de Cuba, 22 ago.— Cuando se hable de boleros en Cuba, irremediablemente, hay que remitirse a esta ciudad suroriental que es la primigenia en el país con la página de Pepe Sánchez, “Tristezas”, la inicial del género romántico, surgida a finales del siglo XIX.

Y ahora que están los preparativos del Festival y Congreso Mundial del Bolero en la Ciudad de México, previsto para 25 hasta 28 de agosto, hay que volver los ojos agradecidos a la ciudad cubana, bolerista por excelencia, la que ha dado al orbe artistas de renombres cultores de páginas de oro, dígase Enrique Bonne, Fernando Álvarez, Pacho Alonso, Santy Garay, La Lupe, y la pléyade de trovadores que cantaron al amor, háblese del mismo Pepe Sánchez, los Matamoros y Sindo Garay, quienes incursionaron por este camino del arte.

Las investigaciones indican para aquella época, dos siglos atrás, la isla de Cuba tenía lazos muy fuertes con España,  así como su influencia musical. Aquel bolero español consistía en música con acompañamiento de castañuelas, tamboril y guitarra; era muy atrayente la versión hispana de movimiento danzante y ligero. Y que, también, su nombre podría tener sus orígenes en la expresión Voleo (volar) y que los bailes españoles muestran este voleo. De las cajas de madera, como percusión y  el uso de la guitarra llegó el bolero al Caribe, concretamente a Cuba, donde se le dio ese compás cadencioso y mágico con sus bongós, tumbadoras y guitarras.

Y entre historia e historias, se sabe que un sastre santiaguero, del barrio de los Hoyos, el mulato Pepe Sánchez, por el año 1883, se inspiró en una página inmortal, dándole el sello cubano al primer bolero en el Caribe. Fue el paso inicial del género en Latinoamérica y en el mundo. Otros incursionan en diversos relatos y declaran que los mexicanos continuaron cultivando el género al igual que en Cuba y que al paso de los años, la tierra azteca lo adoptó.

Se reconoce que aunque no haya tenido la jerarquía del origen, México tiene una gran importancia para el desarrollo  de esta música. Tanto, que muchos dicen que el bolero nació en el país de las rancheras.

TristezasHijas de la vieja trova santiaguera, las letras del primer bolero, brotaron: “Tristezas me dan tus quejas mujer, profundo dolor que dudes de mí ; no hay prueba de amor que deje entrever, cuanto sufro y padezco por ti. La vida es adversa conmigo, no deja ensanchar mi pasión, un beso me diste un día, lo guardo en mi corazón'”.

En 1919, apareció el primer bolero mexicano con la autoría de Armando Villarreal, ejecutante de violín, bajo el título “Morenita mía”. He aquí un fragmento: "Conocí a una linda morenita y la quise mucho. Por las tardes iba a enamorarla  y cariñoso a verla. Al contemplar sus ojos mi pasión crecía; ¡Hay Morena!! Morenita mía no te olvidaré…!

La radiodifusión por aquel entonces fue decisiva para la expansión en el orbe. El siglo XX brilló con letras que aun hoy se interpretan; y en los años 50, Lucho Gatica irrumpió como un himno; al igual que Olga Guillot, Vicentico Valdés, Daniel Santos, el trio Los Panchos, Agustín Lara, Cesar Portillo de la luz, en fin, voces que lo acrecentaron… En la década de 1950 alcanzó su apogeo mayor en México.

Según el musicólogo Helio Orovio, el bolero constituye la primera gran síntesis vocal de la música del país, que al traspasar fronteras registra permanencia universal; constituye la fusión de factores hispanos y afrocubanos, presentes en la línea acompañante de la guitarra y la melodía. Evolucionó con diversas variantes como el bolero-moruno, bolero-mambo y bolero-beguine, que dieron éxito a sus cultores.

Aunque esté muy vinculado desde siempre a bares, barras, vitrolas, besos, pasión, amores y males de amores, también es un género para interpretarse en grandes escenarios, por lo que en Cuba se creó el Festival internacional Boleros de Oro, cita relevante que reúne a compositores, intérpretes, investigadores y todos los amantes del género.

Organizado por la Asociación de Músicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba con el coauspicio del Ministerio de Cultura, el Instituto Cubano de la Música y el Instituto Cubano de Radio y Televisión; el evento se celebra en La Habana desde hace 29 años; en Santiago de Cuba tuvo su subsede por una larga temporada pero actualmente se festeja en cada junio “Boleros en Santiago”.

Por supuesto, en la tierra de trovadores no podía faltar la pasión de los arpegios y el bolero es obra de amor. Las huellas se divisan en cada sitio de la ciudad protagonista de páginas imperecederas que entran sin lugar a dudas en la historia de los boleros de Oro. Nuestro Enrique Bonne, dice de los andares, cuando recalca “dame la mano y caminemos. . .”, o “suenan las campanas de la iglesia…”.

Y en este comentario no podía faltar un artista que nunca se alejó de la ciudad y que su voz se escuchaba por toda el área caribeña; se trata de Santi Garay, quien falleciera en diciembre del 2008, el santiaguero creó su sonora para el disfrute de sus seguidores; privilegio de recuerdos, en el rincón del Bolero de Oro en la sede de la UNEAC; aquí se hurga sobre Santiago de Cuba y sus boleristas que retornan al universo noticioso cada vez que en cualquier parte del mundo se toque al género romántico musical.

Y pronto, en el Festival y Congreso Mundial en México, seguro que la ciudad madre del bolero estará presente como parte de un camino, casi leyenda, contribuyendo al noble propósito de inscribir el expediente para postular al Bolero como Patrimonio de la Cultura Inmaterial de la humanidad.