Plaza de la revolución

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miércoles, 28 de noviembre de 2018

La alborada del 30 de noviembre de 1956

Por Claudia González Catalán

Santiago de Cuba, 28 nov.— El reloj de la Alameda ya no sigue al tiempo. Quedó varado en una hora incierta cuando sus mecanismos se atascaron en día momento remoto e intrascendente. Sin embargo, para los santiagueros, siempre marcará las 7 de la mañana.

Era esa la hora exacta cuando una marea verdeolivo atacó la antigua sede de la Policía Marítima, el único objetivo exitoso del Levantamiento Armado del 30 de noviembre de 1956. Pero este sitio era solo una parte del circuíto que sincronizaba puntos estratégicos de la vieja ciudad: el Cuartel Moncada, la Prisión de Boniato y la Armería, no eran los únicos.

La pintoresca barriada del Tivolí se asoma a Santiago de Cuba desde las alturas. La casona que fuera sede de la Jefatura de la Policía Nacional, corona la Loma del Intendente. Sus balcones afrancesados son hoy un apacible sitio para observar la urbe. Entre techos quejumbrosos y cúpulas majestuosas, se solaza una historia de coraje.

Hace 62 años también era viernes cuando debía arribar, por Playa Las Coloradas, el Yate Granma y a bordo la promesa del triunfo. El Comando en Santiago debía despejar el camino.

En apenas tres horas se dispararon cientos de municiones y se lanzaron 40 botellas incendiarias para distraer a los efectivos batistianos. No eran muchos los recursos con que contaban los clandestinos al mando de Frank País. La mayoría de ellos era resultado de la inventiva propia y del sacrificio.

En el Museo de la Lucha Clandestina hay mucho más que lo que se pudo recuperar de aquella mañana aciaga. Los niños de la zona conviven con esta historia y lo que ella representa, como un hecho cotidiano. Escuchan en la escuela sobre el arrojo de Pepito, Tony y Otto y luego palpan aquí sus pertenencias.

Un año tras otro, reeditan la alborada del 30 de noviembre, sin disparos, ni fusiles. Recuerdan a los caídos y sus hazañas; aquel manojo de jóvenes ni olvidados ni muertos que tomaron por asalto la ciudad dormida y le ataron un brazalete rojinegro.

Cada 30 de noviembre se vindica el triunfo posible, prolongado en el tiempo por la grandeza de un pueblo que resguarda la memoria heróica de sus mejores hijos.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Santiagueros inspirados ante la alborada del Primero de Enero

Por Aida Quintero Dip

Santiago de Cuba, 18 dic.— La historia que ha sabido forjar Santiago de Cuba es la mayor inspiración para sus hijos e hijas, que viven intensamente diciembre en espera de la alborada del Primero de Enero, para celebrar el aniversario de la gran epopeya de 1959.

Como herederos de un espíritu indomable se retan cada día  y le rinden culto al trabajo para seguir haciendo y venciendo en esta tierra rebelde y brava, donde no existe una piedra que no haya sido pedestal de un héroe.
 
Ya la historia escribió su nombre en el corazón de la Isla, con  épicas tras épicas en el ayer y hoy con el sudor de la frente de sus hombres y mujeres, dispuestos a dar la sangre cuando haga falta, de cantarle una oda al trabajo en todas las jornadas y quererla siempre.
  
Ese es el sentir del maestro y Héroe del Trabajo de la República de Cuba, Rolando Beltrán, que ha hecho honor, junto a su colectivo, al nombre de su escuela, el seminternado Abel Santamaría, de El Caney, de referencia nacional y modelo de la educación cubana.
 
Sunilda Montes de Oca, dirigente de la Federación de Mujeres Cubanas en la provincia, destaca la fidelidad a toda prueba que  distingue a los santiagueros, con el orgullo de estar en la primera trinchera del combate, preservando un puesto en la vanguardia y enalteciendo la obra construida, tras el legado de Fidel.
 
Para el periodista y combatiente Orlando Guevara es necesario engrandecer hoy la Patria sin olvidar la historia de ayer, cuando los patriotas se alzaron en la manigua, los rebeldes desafiaron la tiranía, y el rojinegro de los brazaletes asaltó las calles en el sigilo de la madrugada, para acabar con quien oprimía la nación.
 
La economista Yelena Hernández piensa que hay que enseñar a cuidar los símbolos; Santiago tiene los suyos en su  Moncada, su 30 de Noviembre, su Primero de Enero, su Maceo, su Frank, su Heredia, su trova, sus ventanas abiertas a las guitarras y sus casas, refugio seguro de jóvenes revolucionarios perseguidos, precisa.
 
En la geografía santiaguera hay hombres y mujeres que se entregan, que laten al compás de la Revolución, lo mismo en la Ciudad Héroe, que en Segundo Frente o Guamá; en el surco, la escuela, el hospital o la fábrica; fieles, aguerridos, con  capacidad de amar, luchar y vencer.
  
Mucho esfuerzo ha requerido 2017,  cuando se ha actuado como lo hacen los verdaderos revolucionarios,  tomando los resultados en el trabajo no de pretexto para la autocomplacencia, sino como prueba de que es posible lograr mucho más y avanzar.
 
En lo mucho que queda por hacer ninguna proeza tendrá que esperar por el empeño y consagración de los nacidos en esta indómita tierra, para que esta vigorosa Revolución en la madurez de sus 59 años mantenga el espíritu del primer día.