Por MINREX
La Habana, 23 feb.—
Medios internacionales de prensa difundieron en las últimas semanas la
intención del Secretario General de la OEA, Luis Almagro Lemes, de
viajar a La Habana a fin de recibir un “premio”inventado por un
grupúsculo ilegal anticubano, que opera en contubernio con la
ultraderechista Fundación para la Democracia Panamericana, creada en los
días de la VII Cumbre de las Américas de Panamá, para canalizar
esfuerzos y recursos contra gobiernos legítimos e independientes en
“Nuestra América”.
El plan, tramado en varios viajes entre
Washington y otras capitales de la región, consistía en montar en La
Habana una abierta y grave provocación contra el gobierno cubano,
generar inestabilidad interna, dañar la imagen internacional del país y,
a la vez, afectar la buena marcha de las relaciones diplomáticas de
Cuba con otros Estados.Tal vez algunos calcularon mal y pensaron que
Cuba sacrificaría las esencias a lasapariencias.
Al espectáculo
serían arrastrados el propio Almagro y algunos otros personajes
derechistas que integran la llamada Iniciativa Democrática para España y
las Américas (IDEA), la cual también ha actuado de forma agresiva en
los últimos años contra la República Bolivariana de Venezuela y otros
países con gobiernos progresistas y de izquierda en América Latina y el
Caribe.
El intento contó con la connivencia y apoyo de otras
organizaciones con abultadas credenciales anticubanas, como el Centro
Democracia y Comunidad y el Centro de Estudios y Gestión para el
Desarrollo de América Latina (CADAL); y el Instituto Interamericano para
la Democracia, del terrorista y agente de la CIA Carlos Alberto
Montaner. Además, desde el año 2015, se conoce el vínculo que existe
entre estos grupos y la Fundación Nacional para la Democracia de Estados
Unidos (NED, por sus siglas en inglés), que recibe fondos del gobierno
de ese país para implementar sus programas subversivos contra Cuba.
Al
conocer de estos planes y haciendo valer las leyes que sustentan la
soberanía de la nación, el gobierno cubano decidió negar el ingreso al
territorio nacional a ciudadanos extranjeros vinculados con los hechos
descritos.
En un intachable acto de transparencia y de apego a
los principios que rigen las relaciones diplomáticas entre los Estados,
las autoridades cubanas se pusieron en contacto con los gobiernos de los
países desde donde viajarían esas personas e informaron, trataron de
disuadir y de prevenirla consumación de esos actos.
Como
establecen las regulaciones de la aviación civil internacional, las
líneas aéreas cancelaron las reservaciones de los pasajeros al conocer
que estos no serían bienvenidos. Unos pocos fueron reembarcados. Hubo
quien buscó manipular los hechos en función de estrechos intereses
políticos dentro de su propio país, de cara a los procesos internos que
en ellos tienen lugar.
No faltaron pronunciamientos de defensores
de falsos perseguidos, socios de pasadas dictaduras y políticos
desempleadosdispuestos a aliarse con vulgares mercenarios, al servicio y
en nómina de intereses extranjeros, que no gozan de reconocimiento
alguno dentro de Cuba, viven de calumnias insostenibles, posan como
víctimas y actúan en contra de los intereses del pueblo cubano y del
sistema político, económico y social que éste eligió libremente y ha
defendido de forma heroica.
En cuanto a Almagro y la OEA, no nos
sorprenden sus declaraciones y actos abiertamente anticubanos. En muy
corto tiempo al frente de esa organización, se ha destacado por generar,
sin mandato alguno de los estados miembros, una ambiciosa agenda de
autopromoción con ataques contra gobiernos progresistas como Venezuela,
Bolivia y Ecuador.
En ese período se han redoblado las
arremetidasimperialistas y oligárquicas contra la integración
latinoamericana y caribeña y contra la institucionalidad democrática en
varios de nuestros países. En una ofensiva neoliberal millones de
latinoamericanos han retornado a la pobreza, cientos de miles han
perdido sus empleos, se han visto forzados a emigrar, o fueron
asesinados o desaparecidos por mafias y traficantes mientras se expanden
en el hemisferio ideas aislacionistas y proteccionistas, el deterioro
ambiental, las deportaciones, la discriminación religiosa y racial, la
inseguridad y la represión brutal.
¿Dónde ha estado la OEA, que
siempre ha guardado cómplice silencio frente a estas realidades? ¿Por
qué calla? Hay que ser un trasnochado para intentar venderle a los
cubanos “los valores y principios del sistema interamericano” frente a
la dura y antidemocrática realidad engendrada por ese mismo sistema. Hay
que tener escasa memoria para no recordar que, en febrero de 1962, Cuba
se alzó solitaria frente a ese “cónclave inmoral”, como lo denominó
Fidel en la Segunda Declaración de La Habana. Cincuenta y cinco años
después y con la compañía de pueblos y gobiernos de todo el mundo, es
menester reiterar, como aseguró el Presidente Raúl Castro, que Cuba
nunca regresará a la OEA.
José Martí alertó que "ni pueblos ni
hombres respetan a quien no se hace respetar (…)hombres y pueblos van
por este mundo hincando el dedo en la carne ajena a ver si es blanda o
si resiste, y hay que poner la carne dura, de modo que eche afuera los
dedos atrevidos”.
En Cuba no olvidamos las lecciones de la historia.