Por Armando Fernández Martí
Santiago de Cuba, 14 jul.— Se cumplen hoy 56 años de aquel 14 de julio de 1962 cuando en una playita de la bahía de Guantánamo fue encontrada la pequeña embarcación Las Dos Hermanas con el cadáver del pescador cubano Rodolfo Rosell Salas quien realizaba labores de pesca para la Cooperativa Gustavo Fraga, de Caimanera, a la cual pertenecía.
Dos días antes, el 12 de julio, bien temprano en la mañana Rosell se hizo a la mar como lo hacía habitualmente, no obstante los riesgos que implicaba la pesca en la bahía guantanamera, una parte de la cual era ocupada ilegalmente por Estados Unidos que tenía instaladas en ese lugar una base naval contra la voluntad de los cubanos.
Ese día Rodolfo Rosell no regresó a su hogar donde era esperado por su esposa Eloísa Bertó, quien se encontraba en avanzado estado de gestación y por sus pequeños hijos Rodolfito de 12 años y Marisela de nueve.
La embarcación las Dos Hermanas donde pescaba Rosell había sido interceptada por militares de la Base yanqui y trasladada a la misma, donde el pescador fue torturado y asesinado y posteriormente abandonado su cadáver dentro del propio pesquero, que encalló en una playita de la bahía guantanamera.
No obstante la denuncia del gobierno cubano por este asesinato terrorista cometido contra el humilde pescador Rodolfo Rosell Salas, de 29 años de edad, nunca las autoridades de la base norteamericana dijeron una palabra sobre ese hecho, convirtiéndose así en otro crimen contra nuestro pueblo, que ha quedado impune a pesar del tiempo transcurrido.
No sería este el último pues también en el enclave yanqui fueron asesinados el obrero Rubén López Sabariego y los jóvenes soldados fronterizos Ramón López Peña y Luis Ramírez López, estos últimos muertos cuando cumplían su deber protegiendo el territorio patrio.
56 años después de su muerte el nombre de Rodolfo Rosell Salas figura entre los de las 3 478 personas que han sido víctimas del terrorismo de estado llevado a cabo por el imperialismo yanqui contra Cuba, mártires que como expresara José Martí “Son el altar más sagrado de la Patria”
Plaza de la revolución
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sábado, 14 de julio de 2018
miércoles, 9 de agosto de 2017
Nagasaki, víctima de la bomba atómica a la sombra de Hiroshima
Por Armando Fernández Martí
Santiago de Cuba, 9 ago.— En las postrimerías del Siglo XIX el Héroe Nacional Cubano José Martí, hizo la siguiente reflexión: “¿Para qué, sino para poner paz entre los hombres, han de ser los adelantos de la ciencia?
Santiago de Cuba, 9 ago.— En las postrimerías del Siglo XIX el Héroe Nacional Cubano José Martí, hizo la siguiente reflexión: “¿Para qué, sino para poner paz entre los hombres, han de ser los adelantos de la ciencia?
Pero lamentablemente para el mundo, hay
quienes ponen loa avances científicos al servicio del mal y crean armas
de destrucción masiva, como las bombas atómicas que el 6 y el 9 de
agosto de 1945 Estados Unidos lanzó sobre las ciudades japonesas de
Hiroshima y Nagasaki, sembrando el terror y la muerte entre sus
indefensos habitantes.
La cantidad considerable de energía obtenida a través de la fusión del átomo con el uranio y otros metales, representó una revolución científica, que puesta al servicio del desarrollo humano hubiese ofrecido incalculables beneficios para la humanidad.
Pero Estados Unidos lo que hizo fue utilizar ese descubrimiento en función de sus planes hegemónicos y produjo las bombas atómicas, que no dudó en probarlas en Hiroshima y Nagasaki, para con ello abrir la era del chantaje nuclear y advertirle a mundo que un enfrentamiento con el imperio sería fatal para cualquier pueblo.
El entonces Presidente Harry Truman, el genocida que ordenó lanzar esas bombas dijo en unas declaraciones: “Que si bien la guerra estaba casi terminada, hubiese sido de tontos no emplear la bomba”
En Hiroshima, el 6 de agosto la bomba atómica empleada por Estados Unidos fue la de uranio y la energía liberada por el artefacto causó de inmediato unas 70 mil muertes, cifra que tres meses después se había elevado a 117 mil.
El 9 de agosto el artefacto nuclear dejado caer sobre Nagasaki fue de plutonio, más potente que el primero y provocó la muerte inmediata de 40 mil personas, cifra que después se elevó a 75 mil y cinco años más tarde hasta 140 mil fallecidos.
En su conjunto, ambas bombas provocaron la muerte inmediata de cerca de 300 MIL personas y de las más de 245 mil que sobrevivieron a esos ataques y que hoy tienen más de 75 años de edad, en su mayoría sufren diferentes secuelas como leucemia, y distintos tipos de cáncer.
Lejos de arrepentirse del lanzamiento de esas bombas y de tan horrendos crímenes, Estados Unidos ha aumentado su arsenal nuclear y hoy posee más de 70 mil de ellas y 6 mil proyectiles tácticos repartidos en varias regiones del mundo, armas que serían más que suficientes para hacer estallar nuestro planeta en pocos minutos.
Ojalá algún día el raciocinio prime sobre el mal y los avances de la ciencia sean como lo dijo José Martí, “para poner paz entre los hombres”
La cantidad considerable de energía obtenida a través de la fusión del átomo con el uranio y otros metales, representó una revolución científica, que puesta al servicio del desarrollo humano hubiese ofrecido incalculables beneficios para la humanidad.
Pero Estados Unidos lo que hizo fue utilizar ese descubrimiento en función de sus planes hegemónicos y produjo las bombas atómicas, que no dudó en probarlas en Hiroshima y Nagasaki, para con ello abrir la era del chantaje nuclear y advertirle a mundo que un enfrentamiento con el imperio sería fatal para cualquier pueblo.
El entonces Presidente Harry Truman, el genocida que ordenó lanzar esas bombas dijo en unas declaraciones: “Que si bien la guerra estaba casi terminada, hubiese sido de tontos no emplear la bomba”
En Hiroshima, el 6 de agosto la bomba atómica empleada por Estados Unidos fue la de uranio y la energía liberada por el artefacto causó de inmediato unas 70 mil muertes, cifra que tres meses después se había elevado a 117 mil.
El 9 de agosto el artefacto nuclear dejado caer sobre Nagasaki fue de plutonio, más potente que el primero y provocó la muerte inmediata de 40 mil personas, cifra que después se elevó a 75 mil y cinco años más tarde hasta 140 mil fallecidos.
En su conjunto, ambas bombas provocaron la muerte inmediata de cerca de 300 MIL personas y de las más de 245 mil que sobrevivieron a esos ataques y que hoy tienen más de 75 años de edad, en su mayoría sufren diferentes secuelas como leucemia, y distintos tipos de cáncer.
Lejos de arrepentirse del lanzamiento de esas bombas y de tan horrendos crímenes, Estados Unidos ha aumentado su arsenal nuclear y hoy posee más de 70 mil de ellas y 6 mil proyectiles tácticos repartidos en varias regiones del mundo, armas que serían más que suficientes para hacer estallar nuestro planeta en pocos minutos.
Ojalá algún día el raciocinio prime sobre el mal y los avances de la ciencia sean como lo dijo José Martí, “para poner paz entre los hombres”
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