Por Maritza Padilla Valdés
Guane, 11 feb.— Restauradores de la Oficina de Patrimonio en Pinar del Río, se esmeran en recuperar el estado original de la casona donde vivió la patriota Isabel Rubio, luchadora incansable por la independencia de Cuba, próximo al aniversario 120 de su deceso.
Devolver la apariencia de antaño a los altos puntales, las lámparas y capiteles del inmueble, testigos de la huella mambisa en el lugar, conocido entonces por Paso Real de Guane, constituye propósito de los expertos en homenaje a la Capitana de Occidente.
Próximamente ese museo, que atesora objetos personales y domésticos de la familia, reabrirá sus cuatro salas y al decir de sus trabajadores, además de cuidar y conservar el recinto, tendrán el privilegio de continuar la divulgación de la rica historia local desde el poblado que lleva su nombre.
Las tareas de restauración incluyen el conjunto monumentario dedicado a la heroína y la cercana estación de trenes, según refiere el sitio Tele Pinar.
El ocho de julio de 1837 nació la patriota, quien a los seis años sufrió la pérdida de su madre y una década después, cuando era admirada por su arrogante figura y simpatía natural, contrajo matrimonio con Joaquín Gómez.
La muerte de varios hijos y la súbita locura del esposo, marcó para siempre su existencia y templaron el alma de aquella mujer, que a los 58 años tuviera los mismos anhelos de la juventud y redoblado el propósito de lograr la independencia de Cuba del dominio español.
Quedó espacio en su pecho para dedicar a esa causa sus conocimientos farmacéuticos, bienes y propiedades y finalmente, con ese desprendimiento que caracteriza a los héroes, su propia existencia.
Su incansable labor de propaganda y proselitismo la distinguieron como abanderada de esa lucha; como madre y abuela abrigó en su hogar al inicio de 1895 a más de 100 huérfanos y cuando fue preciso partir a la manigua, la acompañaron su hijo y su nieto.
Marchó con cuanto útil pudo cargar para salvar vidas, instaló un hospital de campaña en el occidente de la provincia, y como Capitana de Sanidad del Ejército Libertador cumplió luego la orden de moverlo hacia el centro de ese territorio.
El 12 de febrero de 1898 fue descubierto el campamento mambí y al salir a la puerta del bohío, devenido hospital, para conminar al enemigo a no disparar, porque dentro solo había mujeres, enfermos y niños, una descarga de fusiles la hirió en una pierna.
Como prisionera de guerra la trasladaron a la población más cercana, donde la cura recibida no pudo impedir la infección, y de ahí al hospital San Isidro, de la cabecera provincial, sitio en el que la gangrena y la fiebre acabaron con su vida tres días después.
Los hombres y mujeres que habitan el territorio que lleva su nombre sienten sano orgullo hoy de poder andar y desandar los mismos caminos que años atrás recorrió la insigne patriota en busca de la añorada libertad.
Plaza de la revolución
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domingo, 11 de febrero de 2018
lunes, 15 de febrero de 2016
Isabel Rubio, capitana del Ejército Libertador
Por Armando Fernández Martí
Poco se habla en la historia de la Capitana del Ejército Libertador Isabel Rubio, la mujer pinareña que había abrazado la causa de la independencia y que llegó a ser Delegada del Partido Revolucionario Cubano en su provincia y conoció a José Martí, personalmente, en Estados Unidos.
Poco se habla en la historia de la Capitana del Ejército Libertador Isabel Rubio, la mujer pinareña que había abrazado la causa de la independencia y que llegó a ser Delegada del Partido Revolucionario Cubano en su provincia y conoció a José Martí, personalmente, en Estados Unidos.
Isabel Rubio había nacido el 8 de julio
de 1837, en Paso Real de Guane, Pinar del Río, y tuvo el privilegio ya
con 58 años de edad de recibir en su casa en enero de 1896, al
Lugarteniente General del Ejército Libertador, Antonio Maceo Grajales.
Con relación a ese encuentro ella señaló: "Necesito practicar lo que
propagué", por lo que se incorporó a las filas mambisas con sus dos
nietos y un grupo de esposas de combatientes libertadores.
El General Antonio Maceo, por su parte, le otorgó a Isabel Rubio el grado de Capitana de Sanidad del Ejército Libertador y le ordenó trasladarse al este de la provincia pinareña donde se necesitaban sus auxilios y las condiciones eran más favorables para establecer un hospital de campaña que radicó en varios puntos, hasta establecerse en un intrincado paraje denominado Seborucal.
Acompañaban a Isabel Rubio de 25 a 40 personas, entre camilleros, asistentes y esposas de algunos mambises que garantizaban el funcionamiento del hospital, hasta que a ese intrincado paraje llegó una columna española que los atacó.
Cuentan que la Capitana Isabel Rubio encaró a los españoles diciéndoles: "Somos mujeres niños y heridos", pero una descarga de fusiles la derribó, falleciendo el 15 de febrero de 1898, en el Hospital San Isidro de Pinar el Río donde había sido internada como prisionera de guerra, siendo afectada por una gangrena que le invadió la pierna derecha sin recibir atención médica adecuada.
Así terminó la vida de esta digna representante de la mujer cubana a los 60 años de edad que no vaciló en incorporarse a la manigua redentora al mando del Lugarteniente General, Antonio Maceo Grajales, que confió en su capacidad y voluntad para prestarle un gran servicio a la Revolución que Cuba de se lo agradece en todos los tiempos.
El General Antonio Maceo, por su parte, le otorgó a Isabel Rubio el grado de Capitana de Sanidad del Ejército Libertador y le ordenó trasladarse al este de la provincia pinareña donde se necesitaban sus auxilios y las condiciones eran más favorables para establecer un hospital de campaña que radicó en varios puntos, hasta establecerse en un intrincado paraje denominado Seborucal.
Acompañaban a Isabel Rubio de 25 a 40 personas, entre camilleros, asistentes y esposas de algunos mambises que garantizaban el funcionamiento del hospital, hasta que a ese intrincado paraje llegó una columna española que los atacó.
Cuentan que la Capitana Isabel Rubio encaró a los españoles diciéndoles: "Somos mujeres niños y heridos", pero una descarga de fusiles la derribó, falleciendo el 15 de febrero de 1898, en el Hospital San Isidro de Pinar el Río donde había sido internada como prisionera de guerra, siendo afectada por una gangrena que le invadió la pierna derecha sin recibir atención médica adecuada.
Así terminó la vida de esta digna representante de la mujer cubana a los 60 años de edad que no vaciló en incorporarse a la manigua redentora al mando del Lugarteniente General, Antonio Maceo Grajales, que confió en su capacidad y voluntad para prestarle un gran servicio a la Revolución que Cuba de se lo agradece en todos los tiempos.
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